EDUARDO
SEMTEI ALVARADO
Jakeliz es una mujer feliz, como en la tierra suave vive la lombriz. A
ella le encantan las colas, las filas, las hileras, las líneas, las columnas,
las ristras, las sartas, las cadenas, las ringleras, las hiladas, las series.
Llega al paroxismo de la felicidad y a la plenitud del éxtasis. Ella se
despierta pensando en sus colas. Llama a su chofer, a dos de sus escoltas y a
su jefe Jorge a preguntarle cuál es la cola más larga que hay en ese exacto
momento de la mañana para arreglar sus aperos, coquetearse frente al espejo,
maquillarse rápidamente, emperifollarse a millón y salir como alma que lleva el
diablo para incorporarse a la cola feliz. Allí suele encontrarse con Cantinflas
Villegas, otro que disfruta al máximo las veladas mañaneras en las colas
parlantinas y familiares.
Este personaje siniestro/comicón viste de traje y corbata cuando va de
compras y cuando le toca oportunamente ingresar al mercado, bodega,
supermercado, mayorista, minorista o expendio al aire libre de que se trate,
muestra una sonrisa propia de un cliente de “Dentadura Bellas en Odontólogos
Asociados de Barrio Adentro”. Bueno, por lo menos así sale en sus propagandas
de campaña. Ambos seres son candidatos a diputados.
Jakeliz tiene varios hijos. Lindos, catiritos, bien vestiditos con
trajecitos importaditos de estados uniditos o españita. Lo que más le gusta a
esos niños, un tanto malcriados, es ir con su nona a las colas del
Bicentenario. La nona se lleva un saquito, bien bonito, marca Louis Vuitton, de
esos que usa la First Lady better known as First Soldier.
La nona de Jakeliz no falla comprando pasta regulada, pollos del Brasil,
café de Nicaragua, harina de maíz de Colombia y crema dental de Argentina.
Llena su bolsita de una manera eficiente, diversificada, de nutrientes, una
dieta balanceada. La nona se acuerda mucho de los cuentos de su abuela italiana
recién terminada la Segunda Guerra Mundial, cuando los fascistas llevaron la
peor parte pero el pueblo sufrió penurias, hambre y por supuesto: colas, filas,
hileras, líneas, columnas, ristras, sartas, cadenas, ringleras, hiladas y
series.
La ventaja de la Venezuela de hoy versus la Italia de hace sesenta años
es que nuestras colas son felices y las de ellos eran infelices. Los hijos de
Jakeliz no van al cine, no señor. Los hijos de Cantinflas no van a la playa, no
señor. Los hijos de Jorge no van al exterior, no señor. Todos ellos se reúnen,
hacen parrilla, juegan voleibol, monopolio, carga la burra y dominó en plena
cola. Cómo se ríen, cómo gozan. Crecen sanos y felices, como alimentados con
Nenerina. En las colas conocen gente, intercambian ideas, aprovechan para
estudiar. Su lema es: “Mientras más dure la cola más oportunidad tenemos para
dialogar, estudiar y jugar”. A mí me da más que envidia, me da como calentura
verlos a ellos en sus colas ocupando espacios que le corresponden a la
oposición. Y me da mucha más cólera aún al ver que los reciben en las colas con
aplausos, con vítores, fanfarrias y hurras.
Ay Dios, cuando oigo a las masas irredentas pidiendo más colas, más
filas. Es que no lo puedo entender. No salgo de mi asombro cuando Diosdado sale
de su cola en el Pdval de Catia y exclama que las colas que se hacen frente a
todos y cada uno de los supermercados, bodegas, mayoristas, minoristas,
distribuidores y demás negocios del ramo quedarán pálidas frente a los
supercolas que se formarán en los centros de votación este 6 de diciembre
venidero para sufragar por las candidaturas de Jakeliz, Cantinflas, Diosdado y
otros 164 diputados rojos rojitos.
Hay tantas cosas que
hacer en una cola, veamos, la hermana de Jakeliz con sus dos primas se la pasan
bordando en la cola. Han desarrollado habilidades increíbles para bordar el
punto llano, el raso, el cordoncillo simple, el cordoncillo de hebra, el cordoncillo
doble, la cadeneta simple, la cadeneta anudado, el rococó y el margarita. Les
quedan bellísimos. En el último acto del gobierno el presidente lucía un
sweater en rococó que era una monada. Tenía sus iniciales NMM en relieve
dorado. Si todos los venezolanos en las colas tejieran nos convertiríamos en el
primer exportador de abrigos de punto de todo el planeta tierra. Bueno dejo
esto hasta aquí porque voy entrando al Bicentenario de Plaza Venezuela después
de ocho horas de cola donde aproveché para leer las últimas proclamas de
Diosdado. Saludos a todos.
Vía El Nacional
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