Si la
crisis nacional empieza a recomponerse la alicaída dinámica interna de las
universidades tendrá la oportunidad de rehacerse, aunque para ello hay que
renovar el liderazgo democrático de las casas de estudio superiores y depurar
tantos vicios que hoy se nos han instalado
“La casa que vence a las sombras”
hoy vive dentro de una gigantesca catacumba. Las razones que explican éste caos
son muchas y complejas. No hay duda que la crisis nacional condiciona el aire
vivificante de los universitarios, y que el régimen se ha decantado por una
política contraria a las universidades libres y autónomas. La relación
Universidad-Estado está rota y es conflictiva. La intervención gubernamental
sobre los fueros universitarios es real y grosera allanando sus prerrogativas
de auto-gobierno y cuestionando su razón de ser, a ello hay que agregarle el
amotinamiento de los gremios alentando prácticas caníbales y corsarias de
dudoso espíritu universitario.
Por otro lado, internamente, los
universitarios tampoco hemos sabido sobrevivir a tantas amenazas recurriendo a
nuestros talentos, por el contrario, se nos ha instalado el síndrome de la
desidia y la explotación indebida de la Universidad para otros fines ajenos a
su meta académica. Hoy para muchos la Universidad es una plácida zona de
confort: horarios ridículamente simbólicos que nadie procura una supervisión
mínima sobre ellos invitando al incumplimiento laboral, procesos académicos
precarios y sin continuidad alejados de una planificación seria, crecimiento de
una burocracia parasitaria que termina comiéndose el presupuesto universitario
por el pago de los salarios y otros beneficios sociales. Agréguele a esto una
sempiterna incapacidad para el ahorro y el gasto frugal junto al crecimiento
del delito puertas adentro, pues nos encontramos con una Universidad a media
máquina, y herida.
Este dato por sí sólo dibuja la
crisis universitaria actual: 17 libros fueron los que pudo publicar la
Universidad del Zulia en el año 2014. Y de acuerdo al CONDES, máximo
representante de la investigación, hoy sólo se publican 300 artículos
científicos en comparación con los 1000 de hace 15 años atrás. Las deserciones
escolares de estudiantes junto a las de los docentes mal remunerados tampoco
contribuyen al ejercicio virtuoso y pleno de nuestras atribuciones
académicas.
¿Qué hacer? Las agujas del reloj
de la historia, caprichosas de por sí, no sabemos lo que nos puedan deparar. Si
la crisis nacional empieza a recomponerse la alicaída dinámica interna de las
universidades tendrá la oportunidad de rehacerse, aunque para ello hay que
renovar el liderazgo democrático de las casas de estudio superiores y depurar
tantos vicios que hoy se nos han instalado.
Dos ideas considero esenciales
para acometer de inmediato. La primera es la restitución de la meta académica
por encima de cualquier otra consideración y para ello hay que atacar el
clientelismo interno y destrancar los procesos reivindicando el estricto
cumplimiento de nuestras normas, reglamentos y leyes, nada de subterfugios o la
tan manida “excepción a la norma”. Y segundo, recuperar el clima de comunidad
universitaria hoy fracturado por una especie de guerra civil contra las
jerarquías y los roles estrictamente académicos. Para ambos casos, y los otros
muchos problemas que nos aquejan, es fundamental tratarlos desde una visión
institucional alrededor del dialogo, la negociación y el acuerdo. Sumando a la
inmensa mayoría de los universitarios de bien.
Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ
Vía Tal Cual
Que pasa Margarita
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