Tuesday, October 11, 2016

No es la economía

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Enrique Krauze
El País
Agosto 15, 2016
http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/no-es-la-economia

“No hay argumentos contra un estado de ánimo", decía Bertrand
Russell. Por eso es difícil contradecir a quienes aseguran que nuestra
economía es un desastre, como todo lo demás. Pero el desencanto de
México no es fundamentalmente económico.

Para comprobarlo, conviene releer La economía presidencial, de Gabriel
Zaid. El libro (Debolsillo, 2011) compila ensayos escritos a lo largo de
las dos gestiones que siguieron al exitoso "desarrollo estabilizador": el
ciclo de los "presidentes populistas" (1970-1982) y el ciclo de los
"presidentes programadores" (1982-1998).

A principio de los 70, lo razonable era abrir el modelo político y
económico. En lugar de eso, Echeverría abrió la chequera. Quiso
cooptar a la clase académica rebelde, y lo consiguió. Zaid advirtió en
ese instante el nacimiento de un nuevo avatar del Leviatán mexicano:
no sólo un Estado protector, proveedor (intimidador y, en última
instancia, represor) sino también empleador y empresario, manejado
por universitarios. Anulando la tradicional autonomía de la Secretaría
de Hacienda y el Banco de México, Echeverría cambió de escala al
Sector Público, multiplicó en proporción desorbitada los presupuestos
académicos y sindicales, ordenó la adquisición de cerca de un millar de
empresas privadas y pasó una legislación nacionalista contra la
inversión extranjera. La deuda pública externa creció cinco veces. La
inflación declarada llegó al 18% y la moneda se devaluó 100%.

José López Portillo redobló la apuesta populista gracias al
descubrimiento de Cantarell. "Tenemos que acostumbrarnos a
administrar la abundancia", dijo famosamente. Se disparó el gasto
corriente y se desató una borrachera de inversiones improductivas. El
PIB creció al 6% impulsado por la fiebre del petróleo (que Heberto
Castillo y Zaid denunciaron), pero la súbita caída del precio del barril en
1981 acabó con los sueños de grandeza. Debido al peso absoluto y
relativo de la producción petrolera en la economía (y en la deuda), y al
grado de estatización que se había acumulado en aquellos doce años
de populismo, sobrevino una devaluación brutal (350%), la pérdida
total de las reservas, una inflación del 29% (que el Banco de México,
por órdenes del presidente, imperdonablemente maquilló) y una deuda
impagable de 80 mil millones de dólares. En vez de la abundancia, la
quiebra.

En 1982 se abrió el ciclo de los presidentes "programadores". Iban a
corregir los desastres de los "populistas", pero su desempeño no fue
mejor. Durante el sexenio de Salinas de Gortari se tomaron (sin
consenso nacional) algunas decisiones acertadas como el Tratado de
Libre Comercio que acrecentaría sustancialmente la capacidad de
exportación. Pero las privatizaciones más trascendentes (bancos,
televisión, telecomunicaciones) se hicieron sin transparencia. Hubo
grandes escándalos de corrupción y, para colmo, en el cambio de
poderes de diciembre de 1994 se cometieron errores financieros
costosísimos. El saldo final del período fue desastroso: crecimiento
anual menor al 2%, inflación del 40%, caída anual de 3.5% en los
salarios, deuda externa de 100 mil millones. El sector público siguió
creciendo lo mismo que la pobreza y la desigualdad.

A pesar de todo, México llegó a fin de siglo con esperanzas de que la
democracia traería una mejor gestión económica. Esa mejoría relativa
ha ocurrido. La "economía presidencial" dejó de existir gracias a la
democracia. El presidente, mal que bien, ha compartido el rumbo
macroeconómico con el legislativo. El Banco de México reafirmó su
autonomía (legal desde 1993). Con una diversificación sustancial en sus
fuentes de ingreso y un pujante sector exportador, nuestra economía
(menos estatizada y petrolizada) ha sorteado mejor que sus homólogas
en América Latina las crisis de los últimos años. Se acumularon
importantes reservas. La deuda ha crecido de manera preocupante,
pero aún no a los niveles de los años 70. La devaluación del peso frente
al dólar obedece sobre todo a factores externos. Las reformas en el
sector energético y de telecomunicaciones pusieron fin a monopolios
privados y públicos, y es de esperarse que su efecto comience a
sentirse.

Zaid ha criticado la gestión económica de los gobiernos del siglo XX,
pero es claro que sus errores no tienen ya el carácter estructural de "la
economía presidencial". Urge acelerar el crecimiento, pero el camino
no está en el populismo ni en la tecnocracia programadora. La
auténtica "tercera vía" está descrita y fundamentada en los libros sobre
el tema económico de Gabriel Zaid.

(Publicado previamente en el periódico Reforma)

Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947). Ingeniero
Industrial (UNAM, 1969). Doctor en Historia (Colegio de
México, 1974). En 1977 ingresó a la revista Vuelta como
secretario de redacción y en 1981 se convirtió en el
subdirector, puesto que ocupó hasta diciembre de 1996. En
1991 fundó la Editorial Clío y en 1999 dio a la luz, como
director, a la revista Letras Libres. Es miembro del
Instituto Cervantes y de la cadena Televisa. Ha publicado
numerosos ensayos, biografías y especialmente libros de
historia, en especial de México, con especial interés en su
sociología, política y economía. Ha recibido numerosas
distinciones y premios. El pasado noviembre de 2011
publicó Redentores. Ideas y poder en América Latina
(Debate).

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