Tuesday, October 11, 2016

El legado de Fidel llegó a USA

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El legado de Fidel llegó a USA

Jurate Rosales
Revista Zeta
Agosto 15, 2016
http://enpaiszeta.com/legado-fidel-llego-usa/

Fidel Castro festeja su 90 cumpleaños cuando está cayendo el
andamiaje que durante más de medio siglo sostuvo la influencia
castrista en América Latina. Es a Fidel a quien debemos la continua
inestabilidad de un continente que lo tenía todo para vivir en una
feliz abundancia, y lanzó por la borda sus ventajas, prefiriendo el
discurso que lleva cada pueblo a la división y de allí, a la miseria. Es
que, así como Venezuela explotaba su petróleo, Fidel explotó un
remanente colonial de complejos y rencores, que en vez de
olvidarlos, fomentó cuidadosamente durante décadas en sus
interminables discursos. La mayor fuerza de Fidel ha sido su
capacidad de crear y cultivar odios, en cada nación y entre
naciones.

La mejor presa fueron los más ignorantes en cada país y los más
dados a culpar a otros de su propia incapacidad. Algunos fueron
particularmente útiles, como el escritor uruguayo Eduardo Galeano,
cuya sarta de datos torcidos, erróneos o simplemente mentirosos,
hipnotizaron varias generaciones de latinoamericanos, fomentando
en ellos el peor de los síndromes de inferioridad. Hoy, de nada ya
importa que el propio Galeano dijera que para escribir “Las venas
abiertas de América Latina” él “no tenía la formación necesaria”,
cuando durante varias generaciones el mal ya estaba hecho y
prosperó. Tan exitosa fue la mentira, que en un alarde de infinita
ignorancia y enredo de complejos, Hugo Chávez se consideró muy
“hábil” al entregar en las manos de uno de los más cultos
presidentes que ha tenido Estados Unidos, como lo es Barack
Obama, aquel amasijo de ridiculeces, como lo era el libro de
Galeano.

La frustrante sensación de depender de otro que en realidad es
igual a uno, pero que la instigación transforma en superior para
odiarlo, ha sido la constante meta de Fidel Castro a lo largo de su
dialéctica. Era una semilla venenosa que él, y más nadie, sembró en
las naciones de América Latina. Sólo falta recordar dos episodios, a
cada uno más necios: el ataque en Venezuela al carro que traía al
vicepresidente Nixon (que no era ningún santo y por eso lo
obligaron más tarde a renunciar) y el diálogo que intentó abrir
Kennedy con los estudiantes venezolanos durante su visita a
Caracas y que lo llevó a observar posteriormente que nunca había
visto tanto complejo de inferioridad en una gente joven.

Con la llegada del pupilo a la presidencia, de nada valió a los
venezolanos el haber creado una PDVSA que durante años fue
catalogada como la segunda petrolera del mundo en efectividad y
primera en seguridad. Menos sirvió el enorme esfuerzo producido
por ingenieros venezolanos para poner a andar el complejo
industrial de Guayana – el Guri, Sidor, Venalum y un largo etc. Sin
importancia fue tildada la Ciudad Universitaria, que la UNESCO
consideró patrimonio de la humanidad, título que la UCV está a
punto de perder por su falta de mantenimiento. El mejor museo de
arte contemporáneo de América Latina molestaba. Lo que en buena
lid colocaba a los venezolanos a la par de los mejores del mundo,
era un obstáculo para fomentar en ellos el complejo de inferioridad,
condición indispensable para convertirlos en títeres de Fidel. Fue
necesario echar mano a un ciego instrumento como lo fue Chávez
en manos de Fidel, para destruir lo valioso de Venezuela y
convencer a los venezolanos que deben odiar a todo lo que
funciona, muy particularmente a la vecina y coherente América del
Norte.

El discurso de inferioridad, odio y venganza no fue inventado por
Fidel, pero han sido los Castro sus más longevos cultores desde un
poder absoluto. Ya anteriormente, Hitler montó su ascenso sobre el
discurso de rencores de los alemanes contra Francia e Inglaterra y
de igual manera Mussolini fomentó los odios en Italia. Chávez fue
un buen alumno de ambos: lo supe cuando me confesó en una larga
entrevista del año 1994, que había sido un lector asiduo de “Mi
Lucha” de Hitler, manual perfecto de odio y venganza. Libro de
rencores que luego lo llevaron a emular el elaborado discurso
fidelista, fomentador de complejos sociales y raciales.

En Argentina con los Kirchner, Brasil con Lula y Dilma, Nicaragua
con Daniel Ortega, Bolivia con Evo, Paraguay con el destituido
Fernando Lugo, Ecuador con Correa y con el depuesto Zelaya en
Honduras, siempre fueron activos los discursos de odio contra la
parte de la población que no participaba del complejo de
inferioridad y trabajaba para progresar. La influencia de Fidel
Castro, cerebro del Foro de Sao Paulo e inspirador de las políticas
que sustituían el fruto del trabajo por el de la corrupción, fue lo que
permitió formar el clan de gobernantes cegados por la “ganancia
fácil”.

Para convencernos que nadie está inmune al discurso retaliativo,
con asombro sigo el trayecto de un ser evidentemente incapaz de
gobernar como lo es Donald Trump y me pregunto cómo es que
incluso en un sistema donde todo – o casi todo – ha sido pensado
para impedir un gobierno personalista, surge este
comprobadamente inescrupuloso vendedor de bienes raíces, con
sus arengas de populismo dictatorial. De manera que hasta en el
sólido sistema democrático del norte, pueden surgir y lograr votos
personajes como Trump, llevado a la candidatura presidencial por
un verbo racista, que nada tendría que envidiar al de Hitler, y un
rencor nacionalista similar al de los partidos de extrema derecha en
Francia (Marine Le Pen), donde también existe la posibilidad de que
ganen unas elecciones.

En su noventa cumpleaños, Fidel Castro sin duda entiende que su
gran plan latinoamericano forjado a través del Foro de Sao Paulo y
su paciente labor de hacerse con Venezuela, está zozobrando, pero
siempre tendrá la satisfacción de notar, que el discurso del odio y
complejos, podría estar arraigando en el país que ha sido su
principal enemigo – los Estados Unidos.

Extraños giros da el mundo, tanto más sorprendentes que ocurren
cuando el plan de Fidel se va a pico y la Casa Blanca alberga a uno
de los más capaces presidentes de su historia. Es cuando de pronto,
increíblemente, lo peor del discurso político ahora no es en Cuba,
sino en Estados Unidos.

Jūratė Regina Statkutė de Rosales, (Kaunas, Lituania.
1929) Periodista e investigadora, Doctora Honorífica por la
Universidad Pedagógica de Vilna. Directora de la Revista
Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al
Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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