En: Recibido por email. Llegó truncado en su parte inicial
ución pacífica de los conflictos políticos propios de toda
sociedad democrática para no recaer en etapas superadas en donde se
creyó que el autoritarismo era la solución. Consecuente con ese
pensamiento socio político de su epónimo la Fundación Alberto
Adriani, ante la opinión pública y frente a la actual situación
nacional, que una institución de tanta autoridad como la Conferencia
Episcopal Venezolana, califica la de"un país hundido en sangre",
y que organismos internacionales de derechos humanos han denunciado
como dramática por la grave violación de estos derechos y teniendo
en cuenta que según recientes estudios de opinión más del setenta por
ciento (70%) de la población considera necesario una
reestructuración de los poderes públicos, a través de mecanismos
constitucionales, por razón de principios, estima obligatorio
hacer el siguiente
PRONUNCIAMIENTO:
1º. La salida a crisis profundas de inestabilidad e ingobernabilidad,
evidenciadas por la violación de libertades fundamentales, la
represión de las protestas ciudadanas y de la disidencia, así como la
militarización y la participación de grupos paramilitares en el
control del orden público, obligan a pensar en la revisión de los
esquemas políticos que impiden el pleno desarrollo de la
institucionalidad democrática del país.
2º. Uno de los factores de esas crisis, como se ha demostrado
históricamente, es la concentración del poder del Estado, en
perjuicio del principio de la separación de las ramas del poder
público, que es un elemento fundamental de la democracia, cuya
consecuencia es la pérdida de su independencia, principalmente de la
Administración de justicia, lo que determina el abuso y el exceso
en el ejercicio del poder por la falta de controles políticos y
jurídicos, por parte del poder legislativo y del poder judicial, que
garantice el equilibrio institucional.
3º. Ética y jurídicamente la legitimidad del poder público no viene
dada solo por su origen electoral, sino también, con igual jerarquía,
por la legitimidad de su ejercicio, es decir, por la actuación
correcta constitucional y moralmente de quienes ejercen el poder y por
el respeto de los derechos de la minoría, en un modelo como el Estado
democrático de Derecho uno de cuyos valores superiores es el
pluralismo y no el de una democracia plebiscitaria de mayorías
excluyentes.
4º. La falta de la tutela judicial efectiva de los derechos humanos
y la impunidad de las violaciones de estos derechos, así como la
intimidación mediante procesos judiciales de sectores opositores, sin
el debido proceso y de la aplicación del llamado"derecho del enemigo"
y la falta de control de grupos paramilitares y el desconocimiento
del derecho parlamentario del derecho de palabra y de la
representación proporcional de las minorías y el desconocimiento de la
investidura parlamentaria, son todos factores del agravamiento de la
crisis de institucionalidad y de ingobernabilidad.
5º. La falta de una institucionalidad verdaderamente democrática
acarrea problemas socio económicos, como el agravamiento de la
inflación, la inseguridad de la integridad personal, el desempleo
disfrazado, la carestía, la poca producción, la dependencia de las
importaciones, el desabastecimiento, la mala calidad educativa y de
salud pública, así como de la pérdida de la vida de los ciudadanos,
los cuales son fruto de la ausencia de una planificación concertada
y participativa entre el Estado y los deferentes sectores políticos y
sociales.
6º. Lo más grave de las crisis políticas y de ingobernabilidad es el
costo humano. Cuando estas crisis conducen a la perdida de la libertad
de las personas y del bien más precioso como lo es la vida humana,
sobre todo de la juventud, estas crisis alcanzan grados de
dramatismo de enormes proporciones, que sin exageración pueden
calificarse de verdaderas tragedias, cuando están teñidas de la sangre
de sus ciudadanos.
7º. La crisis de institucionalidad y de gobernabilidad, como ocurre
en Venezuela, no se puede resolver mediante la promoción de la
guerra, el odio, la militarización de país y la persecución contra el
derecho a protestar, sino mediante una voluntad sincera de
reconciliación y del convencimiento de la necesidad de una
concertación, de la cooperación, del dialogo igualitario y sin
condiciones o amenazas y de una solidaridad patriótica, que
conduzca a amnistías políticas y a una participación amplia en la
revisión indispensable del funcionamiento de los poderes públicos y
del sistema económico.
8º. La concertación, son relaciones de cooperación y de compromiso
del perfeccionamiento del sistema político, mediante los cambios
sustanciales y necesarios del ejercicio del poder político, mediante
mecanismos democráticos y constitucionales que los permitan, a corto,
mediano y largo plazo, basados en los valores de la libertad, la
justicia y la paz.
9. La Fundación Alberto Adriani, sin embargo, considera que la
presente crisis de institucionalidad y de gobernabilidad nacionales
no se superarán si no existe un dialogo nacional, abierto, amplio y
público, en sedes neutrales, y sin agendas de discusión o de
interlocutores creíbles y confiables, o bajo diálogos signados de
amenazas e imputaciones y carentes de un espíritu de solidaridad
patriótica.
10º. Sin ese dialogo patriótico no será posible solución alguna a la
dramática situación venezolana que por la pérdida de la vida de
numerosos compatriotas y de la libertad de otro cuantioso grupo de
connacionales, principalmente de nuestros jóvenes; al igual que los
países que pudiendo hacerlo, sin embargo, por falta de un compromiso
patriótico, fueron incapaces de lograr la reconciliación entre sus
ciudadanos, se hundieron en las peores tragedias, como la de
algunos países centroamericanos, que son incomprensibles e
injustificables, en los tiempos modernos, en lo que Alberto Adriani,
en 1920, llamó "paradojas de la vida histórica".
11°. Un país desangrado, de detenidos y de perseguidos en el Siglo
XXI es una aberración histórica y un crimen de lesa patria.
Caracas, 31 de marzo de 2014.
Dr. Román J. Duque Corredor
Presidente
Licenciado Nilson Guerra Zambrano
Director Ejecutivo
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