Carta Magna Inglesa
Whisky Vital
Aqua Vital, agua de vida, es lo que quiere decir el nombre primigenio
del whisky. Las razones primeras que desde un inicio aludieron a su
efecto energético, son las mismas que hoy en día hacen de esta mezcla
de grano y maltas, la bebida favorita para distender los nervios,
recuperar fuerzas y disponer el ánimo hacia todo lo celebratorio. Este
carácter revitalizador lo hace favorito de ejecutivos atenazados por
el estrés y de cócteles urgidos de una relajación ambiental general.
Como si esto fuera poco, múltiples variedades -con distintas
incidencias en sus efectos- se presentan ante el bebedor minucioso:
single malt (100% de whisky sin mezclar, añejado un mínimo de tres
años), vatted malt (compendio de diferentes maltas), blended scotch
(malta mezclada con grano), e inclusive el bourbon, nombre que si bien
alude al condado del mismo nombre en Kentucky, no se refiere a una
denominación de origen sino a un modo de producción que combina malta
y maíz. En todos los casos, el sabor enérgico y claro, y el color
caramelo ambarino del alcohol en cuestión, no encuentra mejor defensa
y contundente prueba de su efecto benéfico que en la historia -real-
del viejo Thomas Parr.
Thomas Parr, campesino e hijo de campesinos, nació en Inglaterra en
1483. Su vida campestre transcurrió sin alteración alguna, siendo la
moderada presencia del whisky en la mesa una costumbre temprana. Las
peculiaridades de Parr empiezan a los 80 años, cuando decide contraer
nupcias por primera vez y tuvo dos hijos. Luego, a los 105 años, sus
inagotables arrestos le hicieron pecar de amor, teniendo otro hijo
fuera de matrimonio. Su primera esposa murió en 1605, pero esto no fue
impedimento para que Parr volviese a comprometerse en casamiento a los
122 años. Pasaron treinta años en relativa calma, el whisky siempre
presente, hasta que en la primavera de 1635, estando de visita en sus
fincas, Thomas Howard, segundo conde de Arundel y Mariscal de
Inglaterra, oyó hablar del viejo Parr. Era un caso único de vigor y
longevidad, por lo cual decidió llevarlo a Londres y presentarlo ante
la corte del rey. En Londres concitó la atención masiva del público.
Fue presentado al rey Carlos I, y lo retrataron Rubens y Van Dyck. Se
acuñaron monedas con su efigie y los bares adoptaron su nombre. Parr
vivía de banquete en banquete, lejos de su austera vida campestre
ajena a todo exceso que no fuera bebible.
De la austera mesa del campo inglés, pasó intempestivamente a la gula
de la corte inglesa. Esto fue demasiado para él. Murió en Londres, en
la propia casa del conde Arundel, el 14 de noviembre de 1635. Tenía
152 años de edad.
William Harvey, médico autor del primer tratado sobre la circulación
de la sangre, realizó la autopsia. Determinó que los órganos del viejo
Parr se encontraban en óptimas condiciones, en gran parte gracias a
los efectos tonificantes de una ingesta moderada y sostenida de malta
escocesa a lo largo de toda una vida.
Por esto es que hay un whisky que se llama 'Old Parr'. Y por lo mismo,
el viejo Thomas Parr está enterrado en el Rincón de los Poetas de la
Abadía de Westminster, al lado nada menos que de Shakeaspeare, Byron y
Milton, entre otros.
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