Gustavo Coronel
Es
posible comprender a las instituciones y personalidades internacionales
que piden un diálogo sincero y constructivo en Venezuela. El diálogo
es un señal de racionalidad y sensatez cuando existen diferencias entre
las partes. Pero pedir un diálogo en Venezuela cuando se conoce la
realidad del país y como piensa y actúa el gobierno de Venezuela me
parece mucho menos sensato y racional. Ayer, en celebración
del día de la independencia de Venezuela, se llevaron a cabo dos
eventos en la capital, cada uno de ellos organizado por sectores del
gobierno de Venezuela: en la sesión de la Asamblea Nacional, sede del
poder legislativo, el orador de orden Américo Martin
hablaba de lo necesario de un diálogo. En el desfile militar organizado
por el poder ejecutivo el general Alexis Rodríguez, ver: https://www.youtube.com/watch?v=mIH56bUXMl0decía
que la Fuerza Armada “chavista” poseía “tanto una ideología clara como
las armas para enfrentar a los enemigos”, entre los que mencionó a la
“oligarquía”. Los eventos se llevaron a cabo sin la participación del
otro sector. Al desfile militar no fue invitado
el presidente de la Asamblea Nacional. A la sesión de la Asamblea
Nacional debía asistir el presidente de la república pero decidió no
hacerlo. En Venezuela no existe ya un orden constitucional sino
instituciones en pugna.
Esta
es la realidad venezolana de hoy. Un régimen victimario se niega a
dialogar con sus víctimas, a menos que sea en sus términos e imponiendo
mediadores
que están en su nómina de pago. Sus víctimas aceptarían un diálogo con
los victimarios, condicionado a la existencia de mediadores
independientes y de un grado mínimo de democracia y libertad, lo cual
involucraría el cumplimiento de la constitución, particularmente
en lo que se refiere al referendo revocatorio y requeriría la libertad
de los presos políticos.
Lo
que dijo ayer el militar citado arriba debería ser evidencia suficiente
para quienes piden diálogo de que el régimen no desea un diálogo
sincero y constructivo,
ya que están empeñados en una labor de destrucción de “enemigos”
internos y externos. Así lo dice el militar: “ venimos hoy con 10.780
patriotas, revolucionarios, socialistas, antiimperialistas,
bolivarianos, cuando los enemigos de la patria pretenden borrar
su legado, hoy más que nunca, profundamente chavistas, organizados,
equipados, adiestrados con una ideología clara y definida para el
cumplimiento del sagrado deber de la defensa integral de la patria”. “Mi
comandante en jefe”, siguió, dirigiéndose a Maduro,
“2016, año difícil... pero año cargado de grandes retos y grandes
triunfos... hoy no podemos ser menos consecuentes con nuestro pasado
histórico... para erradicar para siempre los vestigios de las cadenas
oprobiosas de insensatos opresores, de insensatos oligarcas,
de insensatos traidores a la patria y con el espíritu de nuestros
aborígenes indígenas y de nuestros libertadores y de mi comandante
supremo y eterno Hugo Rafael Chávez Frías estamos resueltos, el pueblo
de Venezuela, la Venezuela toda, los que poseemos las
armas y los que no... a enfrentar las oprobiosas cadenas de la guerra
económica, de los enemigos internos, de los enemigos externos”.
Mientras tanto, en la Asamblea Nacional el orador de orden Américo Martín decía: “la
flexibilidad política es infinitamente mejor que la intransigencia,
quien dialoga en serio no pretenderá aplastar al otro o engañarse,
engañando al otro. Dialogar en búsqueda de grandes acuerdos puede ser la
salvación de un país…. Naturalmente hay diálogos
serios y diálogos pocos serios, los primeros son necesarios, los
segundos, inaceptables. El Revocatorio es innegociable”, puntualizó.
La diferencia entre las posiciones no puede ser más profunda.
Martín representa un sector de
venezolanos que piensa de buena fe que el diálogo es posible y deseable,
siempre y cuando sea serio y sincero. Hay venezolanos, entre quienes me
incluyo, que piensan que el diálogo serio, sincero y constructivo es
una total imposibilidad en la Venezuela de hoy, entre dos partes que
tienen una diferencia abismal de naturaleza ideológica y ética. Oigo al
militar hablar en presencia del poder ejecutivo
y llego a la conclusión de que con este sector es imposible tener un
diálogo sincero, serio y constructivo. Y esta no es una impresión
pasajera y superficial, sino una convicción basada en la observación de
lo sucedido en Venezuela durante estos últimos 17
años.
El mensaje del militar no pudo
ser más claro: somos el poder en Venezuela y no hay constitución que
valga, no hay leyes que valgan, no hay oposición aceptable. Aquí en
Venezuela
se hará lo que nosotros, el régimen, queramos hacer.
En
estas condiciones a los demócratas venezolanos no les queda sino dar la
batalla en contra de un régimen dictatorial y abusivo. Cada vez que el
Papa o alguien bien intencionado
demanda diálogo desde el exterior, o del seno mismo de la oposición,
ello debilita las fuerzas de la democracia venezolana que están en
batalla por libertad, democracia, supervivencia. Y las fuerzas de la
democracia y de la libertad de todo el mundo harán
bien en apoyarnos desde afuera, como lo ha hecho el Secretario General
de la OEA, Luis Almagro y como lo está haciendo la prensa libre mundial.
Merced a estos esfuerzos el régimen venezolano ha sido desnudado ante
el mundo. Es un régimen destructor que ha
llevado al país a la miseria más profunda. Es necesario desalojarlo del
poder, no sentarse a hablar con ellos, dignificando y validando a una
pandilla donde hay bandidos, ladrones y narcotraficantes a los niveles
más altos de su liderazgo.
¿A
hablar de qué, de la economía en ruinas? ¿De los presos políticos? ¿Del
hambre del pueblo y de la necesidad de acudir al FMI? ¿De la
incompetencia y corrupción del régimen?
¿De una industria petrolera e ruinas que requiere inmediata destitución
de toda su directiva? Cada tema que se lleve a la mesa haría
inevitable un cambio de régimen político, algo que el régimen por
definición no acepta. ¿Y entonces?
El diálogo, concebido como un
proceso de resolver diferencias de manera racional y en base a la ética
no es posible en la Venezuela de hoy.
Papa:
diga lo que hay que decir. Usted es una referencia ética, no un miembro
del cuerpo diplomático tradicional. Escuche lo que le dijo ayer el
militar.
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