Gustavo Coronel
La
evidencia se acumula sobre el carácter hamponil del liderazgo de
izquierda latinoamericano que manejó
la política regional durante los primeros 12 años de este siglo. Esta
evidencia demuestra que estos líderes no eran simples autócratas,
limitados a abusar del poder en sus países, sino que formaron una
alianza bien planificada para saquear las riquezas de
la región, con el propósito de mantenerse indefinidamente en el poder.
Esta pandilla de ladrones y traidores a sus naciones estuvo liderada por
Hugo Chávez debido a su uso pródigo del cuantioso ingreso petrolero
venezolano, el cual llegó a ser de naturaleza
aluvional durante varios años, permitiéndole distribuir inmensas sumas
de dinero venezolano a sus secuaces y promoviendo toda clase de
negociados intercontinentales a fin de generar fondos para los
propósitos políticos de la pandilla.
Esta
pandilla de ladrones y parásitos latinoamericanos, hoy esencialmente
inexistente debido a la muerte
o a la salida del poder de la mayoría de sus miembros, estuvo
integrada por Hugo Chávez, Lula da Silva, Néstor y Cristina Kirchner,
Daniel Ortega, Raúl Castro, Dilma Rousseff, José Mujica, José M. Zelaya y
Evo Morales. Rafael Correa obtuvo beneficios de
esa podrida alianza pero nunca se integró definitivamente a la
pandilla. Fernando Lugo recibió beneficios también pero no tuvo tiempo
de disfrutarlos. Con mayor o menor grado de intensidad los
ex-presidentes latinoamericanos arriba nombrados se confabularon
para tratar de atornillarse en el poder mediante el uso y abuso de los
recursos financieros de sus países, ayudándose mutuamente y colaborando
con frecuencia en la comisión de crímenes financieros y políticos, los
cuales comienzan a ser enjuiciados hoy en
día en Brasil, Argentina, Uruguay y, más tímidamente, en Venezuela.
Esta
alianza de hampones -presidentes fue algo sin precedentes en América
Latina. En el pasado la región
había tenido presidentes corruptos y/o dictatoriales: Fidel Castro, Los
Perón, Pinochet, Trujillo, Somoza, Velasco Alvarado, Rojas Pinilla,
Pérez Jiménez, los Duvalier padre e hijo, Bucaram y otros. Con la sola
excepción de Fidel Castro, ninguno había pretendido
ir más allá de sus fronteras para formar una alianza regional de
dictadores. La llegada de su pupilo Hugo Chávez al poder en Venezuela le
dio a Fidel Castro las armas financieras de las cuales había carecido
para promover la formación de una gran alianza de
dictadores o corruptos de izquierda, la cual pudiera mantenerse en el
poder el tiempo suficiente para lograr transformar la región
latinoamericana en un bloque político anti estadounidense, de corte
“socialista”. Este gran diseño duró poco, debido a la enfermedad
de Castro. Sin un ideólogo de estatura la Alianza se convirtió en una
mafia sedienta de poder, unos y de riquezas, otros.
Hoy
en día las autoridades argentinas, brasileñas y uruguayas, así como la
oposición en Venezuela,
han ido revelando la magnitud de la corrupción de estos ex-presidentes,
quienes tenían importantes vasos comunicantes para protegerse
mutuamente y suministrarse recursos a expensas de sus pueblos, con la
finalidad de perpetuarse en el poder.
Las
conexiones de Lula da Silva y José Mujica en torno a contratos
petroleros están siendo investigadas
en Uruguay. Las numerosas conexiones de los Kirchner y su pandilla con
la pandilla de Chávez en Venezuela son ampliamente conocidas en
Argentina, donde la ex-presidenta Cristina Fernández de Kirchner está
siendo sometida a juicio y parte de sus bienes han
sido congelados. La relación de los Kirchner y Chávez se basó en
importaciones venezolanas desde Argentina con groseros sobreprecios y la
compra de bonos argentinos por Chávez para beneficiar a los Kirchner y a
sus amigos banqueros venezolanos.
La
relación entre Chávez y Lula da Silva se basó en los grandes contratos
dados por Chávez a las empresas
constructoras brasileñas, contratos donde Lula percibía una tajada.
Odebrecht recibió 32 contratos de Chávez (y de Maduro) por unos $40.000
millones. Para cristalizar este negociado Chávez y Lula celebraron 55
reuniones durante el período presidencial de Chávez.
Esa gente de Odebrecht está en la cárcel en Brasil pero en Venezuela
nadie ha sido tocado. Ayer mismo (Diciembre 16, 2016) Lula y su esposa
eran acusados de lavado de dinero ante un tribunal de Brasil.
Mujica
y Chávez se relacionaron a través de empresas como Aire Fresco S.A.,
empresa del entorno presidencial
de Mujica, la cual tenía el monopolio de intermediación en todos
losconvenios comerciales entre los dos países y cobraba comisiones por
tal actividad.
Chávez y Ortega se relacionaron a través de la empresa ALBANISA, centro de colosal corrupción, la cual
recibía productos petroleros de Chávez para revenderlos en Nicaragua a grandes ganancias para la familia Ortega.
Chávez
promovió el intento de Zelaya de perpetuarse en el poder en Honduras
mediante la maniobra de
una Constituyente. Zelaya fue expulsado del poder por el Congreso
hondureño y entró a ser un empleado de Chávez, quien le asignó un jugoso
salario, un avión de PDVSA para su transporte y a Aristóbulo Istúriz
como una especie de secretario.
Chávez
financiaba abiertamente a Evo Morales y hasta le dio $30 millones por
televisión en una ocasión,
“para sus gastos”. Morales, muy sonreído, le preguntó a Chávez: “¿son
mensuales, presidente?” Cheques venezolanos eran repartidos a alcaldes y
militares bolivianos por Evo Morales sin ningún rubor.
El
más perverso caso de traspaso de riqueza venezolana a país alguno se
dio con Cuba. Durante la presidencia
de Hugo Chávez se llevó a cabo la transferencia de no menos de $50.000
millones de dinero venezolano a la Cuba castrista. Mientras esta
transferencia masiva de dinero a Cuba se llevaba a cabo Castro tomaba
control del gobierno venezolano a través de su tutoría
a Chávez. Los cubanos se insertaron en todas las ramas del gobierno.
Chávez convirtió a Venezuela en una colonia cubana, una tragedia que ha
continuado con aún mayor intensidad durante la etapa de Nicolás Maduro
en el poder.
La
dimensión de esta alianza continental de ladrones a los más altos
niveles políticos es un hecho
que no ha sido investigado todavía en su horrorosa dimensión. El robo
material involucrado ha sido enorme pero aún peor ha sido la traición de
estos líderes a su deber con sus pueblos. Este es, casi seguramente, el
mayor crimen político jamás cometido en
nuestra región latinoamericana.


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