EN: http://konzapata.com/2015/07/deficit-fiscal-de-venezuela-es-seis-veces-mas-grande-que-el-de-grecia/
Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.
La estrategia del Gobierno por ahora camino a las elecciones
parlamentarias está clara: El enfoque es internacional. Comenzó con el asunto del decreto de Obama, después se
peleó con Mariano Rajoy y ahora enarbola las banderas de la soberanía otra vez con el tema del Esequibo. La planta
insolente del extranjero…
A falta de argumentación nacional, resta la internacional. El discurso de la soberanía vende, siempre ha sido atractivo
cuando a lo interno la botija no da demasiadas señales de estar a punto de quedarse vacía. Para el caso venezolano
es exactamente al revés: Rinde pocos dividendos porque la botija está vacía. El venezolano puede digerir el discurso
del Esequibo, pero no puede distraerse lo suficiente como para olvidar que ahí en el bolsillo no hay suficiente para
llenar la despensa.
Las elecciones son en diciembre ¿Alcanzará el discurso nacionalista hasta la fecha? Dependiendo del grado de
intensidad del conflicto y de las medidas que tomen aquí y allá. El oficialismo está quemando con rapidez sus
banderas retóricas mientras en el país las cuentas no están cuadrando. Puede el lector escoger el indicador que más
le agrade: PIB, inflación, escasez, deuda pública, pobreza, balanza de pagos o déficit fiscal. Cualquiera termina en
números rojosrojísimos.
Por alguna razón los japoneses retiraron pólizas de seguro a las exportaciones cuyo destino es Venezuela. Las
noticias del “default sectorizado” llegaron hasta allá cómo no y comenzaron a tomar las previsiones necesarias. La
medida tiene una sola lectura: El que exporte a Venezuela lo hace a riesgo de que no le paguen porque, de hecho, no
están pagando. Todavía las aerolíneas esperan sus tres mil millones de dólares.
El Gobierno sigue lanzando botes salvavidas a tasa de pseudosubasta. Tal y como lo pronosticó KonZapata,
enfocarán el mecanismo en algunos sectores cuyo final esté cerca de no recibir divisas. Por eso comenzaron con el
sector de autopartes y ahora el rumor que corre es el de “subastar” para útiles escolares. Sería la segunda operación
de esta índole en lo que va de año.
Pero si algo resulta insólito todavía la capacidad de asombro no se agota es el discurso del Presidente en los últimos
días al referirse a Grecia y al referéndum en el que la mayoría dijo “no” al pago con los acreedores del país heleno.
De nuevo la bandera internacional: hacer suya una pretendida victoria que no le pertenece porque, al fin y al cabo,
los problemas de Grecia son de Grecia y de nadie más.
El venezolano de a pie no se despierta pensando si las cuentas le cuadran a Alex Tsipras, Primer Ministro de Grecia.
Los venezolanos en realidad se despiertan pensando en que las cuentas de la casa no cuadran para terminar el mes,
y que los aumentos que emanan del Palacio de Miraflores son poco menos que nada.
El festín de endeudamiento ya comienza a pasar factura y por ello se habla de default para 2016, y no precisamente
un default “sectorizado”. La borrachera fiscal de los años de Chávez con la emisión de bonos por parte de Pdvsa son
suficiente razón combinada con la caída en los precios del petróleo para temer una cesación de pagos de la estatal
petrolera. Porque los vencimientos de bonos y pago de intereses en más de un 70% para 2015 corren por cuenta de
Pdvsa y no de la República pero, a fin de cuentas, afuera la percepción es exactamente la misma.
Pero ya que el Presidente habló de Grecia y celebró por todo lo alto la “victoria” de Tsipras en el referéndum. Habría
que recordarle a Nicolás Maduro que el déficit fiscal de Venezuela, según datos de Ecoanalítica, es de 20%. El de
Grecia apenas 3%. Allá hablan de rescate, aquí todavía están pensando en banderas extranjeras cuando, en verdad,
el discurso debería ser cuáles son las medidas que piensan tomar en el alto Gobierno para ver si logran cumplir la
promesa del ministro Osorio de que en dos meses no habrá escasez.
Pareciera que en Miraflores, a pesar de ver las barbas del vecino arder, no ponen las propias en remojo.
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