Gustavo Coronel
El
6 de Diciembre pasado mi esposa y yo estábamos viajando y la acompañé a
misa en una iglesia que encontramos al paso, en Knoxville, Tennessee.
El día de elecciones en Venezuela coincidió con el segundo domingo de
adviento. Una de las lecturas de la misa comenzó con el Salmo 126,
llamado Oración por la Restauración, el cual dice:
“Seremos como los que sueñan.
Entonces nuestra boca se llenará de risa,
Y nuestra lengua de alabanza;
Entonces dirán entre las naciones:
Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.
Estaremos alegres.
Estaremos alegres.
Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”.
Pensé
que ese era un salmo muy apropiado para la Venezuela que se preparaba
ese día para votar en contra de una pesadilla. Y le pedí al Dios de los
justos que ese salmo resultase profético. Como en efecto resultó. Un
pueblo que tenía 16 años sembrando lágrimas ese día pudo cosechar
alegrías. Estuvimos alegres. Y en muchas naciones se maravillaron de lo
que Jehová había hecho ese día a través de nuestro pueblo.
Ha
sido un logro inmenso pero, a los siete días de esa gesta, nuestra
alegría se ha atemperado un tanto debido a la reacción de los
perdedores. Por muchos años hemos venido diciendo que una característica
de la élite “revolucionaria” que ha manejado al país en lo que va de
siglo es su falta de grandeza. Una revolución es algo muy serio para ser
manejada por gente pequeña, por gente mezquina. La manera como los
líderes del régimen han reaccionado ante lo sucedido el domingo es clara
señal de esa pequeñez y mezquindad. Maduro ha dicho cosas tan horrendas
como esta: “Como no votaron por mí no haré más casas”. Cabello ha dicho
que “su” Asamblea Nacional, moribunda y sin la legitimidad que le
conferiría el pueblo, procederá a atornillar en el Tribunal Supremo de
Justicia a un grupo de hampones que neutralicen la acción de la nueva
Asamblea elegida por el pueblo. Chaderton se ha quejado del “ventajismo”
de la oposición. Mario Silva pide una investigación del “fraude”
electoral. Un tal Jesús Silva sugiere a Maduro disolver la nueva
Asamblea Nacional. Uno de sus “intelectuales”, Roberto Hernández Montoya
dice: “aún
no nos amenazan de muerte, al menos explícitamente, porque no tienen
ejército. Ejército formal, quiero decir, porque tienen paramilitares que
por tradición pican gente en pedacitos. Hay un carnicero preso
(Leopoldo López), pero me pregunto cuánto personal matarife tienen en
reserva”.
Otro
de sus “intelectuales, Luis Britto García, se queja: “Continuarán
subiendo los precios hasta hacerlos incosteables, acaparando,
desapareciendo bienes, especulando. Oportunas leyes anularán las
prestaciones sociales de los trabajadores, consagrarán los despidos a
capricho del patrón y restablecerán los créditos indexados, con
intereses sobre los intereses. Otras normas liberarán precios,
alquileres, y tasas de interés, aniquilarán progresivamente la
educación gratuita, eliminarán subsidios, dispondrán el fin de las
Misiones y reformularan el Presupuesto para reducir en más de la mitad
el 61% del egreso público que hoy se dedica a inversión social. Leyes
de amnistía devolverán la libertad a terroristas, corruptos, sicarios,
delincuentes bancarios y paramilitares…”. Britto
García le pide a Maduro algo increíble: “terminar con la impunidad de
corruptos, acaparadores, especuladores y contrabandistas de extracción,
sancionándolos en forma ejemplar e implacable”. Le pide al corrupto que
se ponga, él mismo, una chaqueta de fuerza y un par de esposas, algo que
ya Ana Luisa Osorio y Jorge Giordani también piden, aunque años muy
tarde.
La
reacción de los perdedores revela negación irracional y terquedad para
aceptar la derrota. Hacen una enumeración de razones para la derrota que
– asombrosamente – no reconocen como originadas por la acción del
régimen mismo: inseguridad, inflación, escasez, abuso de poder, odios,
arrogancia, ventajismo electoral, desprecio por los derechos humanos.
Todo esto se lo achacan a la oposición. Por todo ello su postura actual
no es una de rectificación sino de una rabia sorda que los lleva a pedir
nada menos que una reafirmación de lo que ellos llaman revolución.
Maduro prepara sus diezmadas huestes para una batalla decisiva en contra
de la “contra-revolución”. De
nada vale que Héctor Navarro, Sancho de circunstancia, le diga al
anti-quijote que es Maduro que no se le ocurra embestir molinos de
viento, sobre todo después de la paliza que recibió a manos del pueblo.
Ahora, dice, Maduro, usaré la fuerza comunal, la unión cívico-militar,
para lo cual pide a los militares que regresen urgentemente a sus
cuarteles, ahora
vienen las acciones de revancha de instituciones que aún le son fieles,
como los actuales poderes judicial y ciudadano. No pasará la derecha,
es su consigna, como si el 6D el voto hubiera sido de una derecha y no –
como fue - de la derecha, izquierda, norte, sur, este y oeste.
Lo
que vendrá ahora es una confrontación entre un grupo que se niega a
desconocer la voluntad del pueblo y un pueblo que ha dado un avasallante
mandato a la nueva Asamblea Nacional para que trate de poner orden en
este caos
que es Venezuela. Esta tarea es difícil y llena de imponderables porque
ya puede verse que el régimen no rectificará su rumbo, azuzado por el
Castrismo y por una minoría doméstica que, al perder el poder, se
convertirá en criminales comunes: los narcotraficantes, los ladrones,
los abusadores y los violadores de los derechos humanos. Esa pandilla,
liderada por Maduro y Cabello, es la que se resiste a reconocer el
mandato del pueblo, porque es la que tiene mucho que perder.
Esta
confrontación demorará la implantación de la democracia y de la
libertad plenas en Venezuela y acentuará aún más la ruina del país. La
Asamblea Nacional deberá hacer su trabajo dentro de la Constitución y
consciente del mandato recibido. Se dice que habrá que establecer
prioridades pero pienso que la gran prioridad debe ser tratar de
corregir todos los entuertos posibles sin concentrarse en uno o dos y
poner los otros en la congeladora. En un país en ruinas hay muchas
prioridades que requieren de atención. Ya
existe una oferta legislativa de la oposición que cubre bastante
terreno. Ojalá pueda recibir la AN la ayuda de muchos ciudadanos (y
ojalá pida ayuda de esos muchos venezolanos). En especial, la oferta
legislativa que he visto tiene poco sobre la industria petrolera,
excepto una interpelación sobre producción petrolera para el presidente
actual de la empresa. Se necesita mucho más que eso, ya.
La
tarea que espera a los venezolanos es ardua y llena de peligros,
incluyendo el riesgo de la violencia. Por lo que parece haber sucedido
el 6D hay un sector de la Fuerza
Armada decidido a que prevalezca la constitución, la ley, la sensatez,
la grandeza por sobre la pequeñez. Los días que vienen pondrán esa
intención a toda prueba.
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