Gustavo Coronel
Las
carencias y crímenes acumulados durante casi 17 años se presentan ante
los ojos de la Venezuela que acaba de ganar una importante batalla. ¿Qué
hacer ahora, se pregunta? Y cada quien pide la solución de lo que
piensa es el problema principal. Unos hablan de la economía, otros de la
política, muchos los asuntos sociales, otros del deseo de hacer
justicia. Se asignan prioridades.
Cuando
Chávez ganó la presidencia en 1998 asignó prioridades. Cometió un doble
error: primero, asignar prioridades cuando existían asuntos de igual
prioridad; segundo, elegir la prioridad equivocada. El dijo: le dedicaré toda mi atención a resolver lo político. Luego nos ocuparemos de la economía y de otros asuntos.
Se
equivocó porque no hay tal cosa como el poder desdoblar y separar un
asunto del otro. Lo político es, por necesidad, económico y es social.
Un líder deberá enfrentar de manera integral los asuntos que forman la
vida de la Nación para llevarla al nivel deseado de democracia,
libertad, confianza, entusiasmo, credibilidad, educación, salud y
armonía social que debe caracterizar a una Nación civilizada y
progresista. Una Nación en la cual todos podamos contribuir al éxito
común en la medida de nuestras posibilidades y todos tengamos similares
oportunidades.
Se
equivocó Chávez al pensar que Venezuela era una tienda por
departamentos y que primero podría ir a la sección de trajes, luego al
de zapatos y después al de enseres domésticos. Un país no es un agregado
de sectores, cada cual en su compartimiento estanco. Es un sistema
interconectado, un sistema no solo complicado sino complejo, el cual se
mueve en su totalidad cada vez que introducimos un cambio en uno de sus
componentes. Los caudillos decimonónicos lo intuían así, al decir que
Venezuela era un cuero seco que al pisarlo por un extremo se levantaba
por el otro.
Por
ello, no nos equivoquemos nosotros también. Parecería recomendable
enfrentar esta nueva coyuntura nacional de la manera integral que será
necesaria para tocar los resortes necesarios de todo el sistema, no solo
de algunos componentes del sistema. Lo venezolanos no podemos darnos
el lujo de congelar algunos aspectos de nuestra vida nacional mientras
resolvemos otros. No nos es dado decir: “dejemos esto y aquello para
después mientras resolvemos esto”. Habrá que actuar en paralelo.
Por
esto la cualidad que servirá de sustrato fundamental a la acción
regeneradora de la vida nacional será el liderazgo responsable,
inspirador, firme.
La
nueva Asamblea Nacional puede y debe actuar con todo el vigor permitido
por la constitución para cambiar el rumbo desastroso de un país en
ruinas. Este liderazgo deberá inspirar confianza dentro y fuera del
país, tomar todas las medidas posibles para abrir las puertas a la
inversión privada, liberar presos políticos, suspender las dádivas
gubernamentales lesivas a la Nación, investigar los graves crímenes
financieros y de derechos humanos cometidos por el régimen, proceder a
enderezar el desastre de PDVSA. ¡Todo en paralelo!
Esta
afirmación integral del liderazgo democrático podría conducir muy
temprano a un decisivo enfrentamiento de poderes con los restos del
régimen de Maduro y Cabello, quienes ya han tomado medidas totalmente
inaceptables y anuncian otras igualmente abusivas.
No nos desviemos del camino recto.
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