Fernando Mires
“Abajo, a la izquierda, el de la manito”
comenzó siendo una instrucción electoral y se fue convirtiendo en un
slogan de la oposición. Frase surgida para contrarrestar un fraude
pre-electoral avalado por el CNE al introducir en el tarjetón una sigla
con candidatos maduristas, casi copia de el de la MUD y puesta a su lado
con el objetivo de confundir al elector.
El de “abajo, a la izquierda, el de la
manito” ganó inapelablemente unas elecciones a las que el gobierno, sin
que nadie lo hubiera pedido, otorgó un carácter plebiscitario. Las
elecciones fueron efectivamente un plebiscito informal. Por lo tanto sus
resultados solo pueden ser interpretados como un NO rotundo al régimen.
Maduro lo quiso así.
Unos dirán con cierta razón que el 6D
fue una rebelión popular institucionalmente organizada. Otros, con la
cabeza más caliente, gritarán revolución, revolución. El gobierno, o lo
que de él quedará, argüirá que ha perdido una batalla pero no la guerra.
Lo que nadie podrá negar es que el 6D marcará un hito decisivo en el
largo proceso que lleva a la derrota final del chavismo.
El de “abajo, a la izquierda, el de la manito” es el símbolo de la unidad representada por la MUD. En Venezuela ha vencido la Unidad.
Esa debería ser la premisa de todo análisis. Cualquier intento por
desconocer el papel histórico que corresponde a la MUD deberá ser
rechazado de inmediato.
No faltarán quienes intentando minimizar
el rol de la Unidad sostendrán la tesis de que el vencedor en Venezuela
no fue la MUD sino el “voto castigo”. Pero el tan mentado “voto
castigo” no puede ser aplicado a las elecciones que tuvieron lugar el
6D.
Todo voto comporta un castigo y un
premio. Se castiga a quien no se vota y se premia a quien se vota. El
“voto castigo” es el voto en blanco o el voto nulo, o simplemente el
no-voto: la abstención. Nada de eso se dio en Venezuela el 6D. La
mayoría indiscutida y aplastante la obtuvo la MUD. Fue un reconocimiento
popular a la unidad políticamente organizada.
Tampoco faltarán quienes sostendrán que
el triunfo obtenido no es de la MUD sino de las movilizaciones populares
que confluyeron electoralmente a votar por la MUD. Es decir, la MUD
habría vencido porque simplemente “estaba ahí”.
Vamos a suponer que esa tesis es
correcta. Si la gente votó por la MUD a falta de otra alternativa hay
que convenir entonces en que fue obra de la MUD el haber catalizado a
toda la unidad política sin dar lugar a otra alternativa. “Estar ahí”
fue su mérito. Hay otros gobiernos autocráticos, menos represivos que el
venezolano, que han logrado mantenerse en el tiempo porque en sus
países no ha surgido nada parecido a la MUD.
Más todavía: la Unidad no debe su
triunfo a nadie más sino a sus electores. A diferencias de Argentina,
donde el triunfo de Macri fue posible como consecuencia de una fractura
al interior del peronismo, es decir, gracias al aparecimiento del
peronismo disidente de Massa, el PSUV se presentó a las elecciones del
6D sin divisiones internas.
La MUD, a diferencia del Cambiemos de
Macri, no ganó las elecciones con votos prestados. Esa es la razón por
la cual se puede afirmar que la Unidad, a pesar de sus errores, a pesar
de sus líneas divisorias, a pesar de deficiencias, y otras taras más, es
una de las fuerzas de oposición más grandes que existe en América
Latina.
La MUD es antes que nada una coalición
electoral. Por lo mismo encierra diferencias. Más allá de un amplio
predominio democrático y social, conviven en su interior posiciones de
la izquierda clásica, centristas, liberales, hasta llegar a una delgada
capa de derecha contagiada con la lógica polarizada del chavismo.
Existen, además, diferencias entre las toldas que siguen sus respectivas
clientelas. Por si fuera poco, la MUD está atravesada por fuertes
liderazgos que atraviesan partidos y programas: El de Leopoldo López,
predominantemente juvenil y urbano. El democrático-popular que encabeza
Henrique Capriles. A ellos se sumarán probablemente los ímpetus
regionalistas del zuliano Manuel Rosales.
En síntesis, la MUD corresponde con la
naturaleza política de Venezuela: pluralista, variopinta, multicultural y
social. Todo lo contrario al chavismo, organizado de acuerdo a una
estructura militar donde no se discute, donde apenas se piensa, donde se
obedece y se acata. La Venezuela uniformada fue la utopía del
presidente muerto y de sus sucesores. Esa utopía ha sido enterrada por
la pluralidad de la MUD.
La MUD surgió como resultado de un largo
proceso. Nacida de grandes derrotas, de “carmonazos”, de fracasados
paros petroleros, en un ambiente pesimista signado por confusiones,
realizó sus primeras gestas electorales el año 2006 alrededor de la
figura de Manuel Rosales, siguiendo la inspiración política de Teodoro
Petkoff. El 2007 logró su primer éxito electoral al oponerse a la nueva
constitución propiciada por Chávez. Ese triunfo demostró que “Sí: se
puede; sí: se puede”
En cierto sentido la candidatura de
Rosales, pese a su derrota, legó al país un organismo electoral
competitivo que, aunque con continuos reveses, supo mantener una línea
ascendente.
En gran medida, el triunfo que estuvo a
punto de alcanzar Capriles en su inolvidable gesta electoral del 2013
fue la continuación del “nuevo comienzo” del 2006, pero a la vez su
confirmación.
El hecho de que Capriles no hubiera
llamado a la inmolación colectiva para defender su victoria (aún no
comprobada) debe ser evaluado desde una perspectiva histórica. Si
Capriles hubiera actuado siguiendo los impulsos de los más radicales,
con toda probabilidad este 6D que con tanta alegría celebran hoy los
venezolanos, nunca habría existido. Los liderazgos se ponen a prueba
solo cuando los líderes están dispuestos a sacrificar su propia
popularidad en aras del camino que consideran correcto.
Imposible no recordar a los artífices de
la MUD. Ya mencionamos a Teodoro. Injusto sería no nombrar a Ramón
Guillermo Aveledo, verdadero ingeniero de la MUD. El hombre que supo
sobreponerse a los arteros ataques (no solo del oficialismo). El
político que entendió la máxima de Max Weber: “Hacer política significa
trabajar sobre duras maderas”. Su ejemplo ha sido seguido por Borges,
Ramos Allup, el joven Guevara y tantos otros que entienden la política
como una profesión donde lo que importa es el día a día y cuyo ejercicio
suele ser a veces gris e ingrato.
No por último hay que mencionar a Jesús
“Chúo” Torrealba, el líder unitario, el que supo mediar entre posiciones
antagónicas, el que nunca renunció al dialogo y al compromiso, pero
también el que imprimió a la Unidad ese sesgo populista-democrático sin
el cual no es posible ganar ninguna elección.
No es el momento para enrostrar faltas a
nadie. Quien se mete en política debe estar preparado para equivocarse.
Por ejemplo, para muchos, las acciones que llevaron a La Salida del
2013 eran inconducentes. Aún quienes estaban de acuerdo con el propósito
de López para imprimir una mayor dinámica a una oposición, resignada
después de la derrota en las municipales, lo criticaron por el hecho de
haber actuado de modo unilateral desconociendo la perspectiva que
ofrecían las elecciones parlamentarias. Lo mismo ocurrió con su
extemporáneo llamado a una Constituyente y, por cierto, por haberse
sumado a una “transición” que no mencionaba a las elecciones que se
avecinaban. No obstante, la calidad de un político no se mide por la
cantidad de errores que comete, sino por su capacidad para corregirlos.
La huelga de hambre que llevó a cabo López desde su prisión, destinada a
apurar una fecha electoral que el gobierno no quería entregar, lo
integró de pleno a la lucha unitaria. Así es la política; los errores se
corrigen no con golpes en el pecho sino actuando sobre la marcha.
Del mismo modo hay que señalar que el
dialogo llevado a cabo por parte de la oposición con Maduro, siguiendo
las indicaciones del Papa, si no fue errado (una política sin dialogo no
es política) debió haber estado condicionado a la liberación de los
presos políticos. El mismo Maduro, sin embargo, resolvió el problema.
Presionado tal vez por corrientes internas encabezadas por Diosdado
Cabello, no dio lugar a la continuación del diálogo. Eso no significa
que en algún momento no deberá hacerlo. Si hasta las FARC se rindieron a
través de un diálogo, nada indica que en Venezuela hay que excluirlo
para siempre. Solo las bestias no dialogan.
Hay hechos que con el pasar del tiempo
tienden a olvidarse. Tarea historiográfica será recordarlos. Uno de esos
fue el de las elecciones que tuvieron lugar en San Diego y San
Cristobal en el 2014. En esos comicios, dos mujeres, representantes de
sus maridos en prisión, Rosa Brandomicio de Scarano y Patricia Gutierrez
de Ceballos, lograron sendos triunfos. (87% y 69%) Ellas demostraron
que la movilización popular y las elecciones democráticas no son
situaciones contrapuestas. Todo lo contrario: Una movilización popular
sin perspectiva electoral está destinada a estrellarse en contra de la
represión. Elecciones sin movilización popular van al fracaso. Hubo
algunos que en ese momento pensamos que todo un país podría llegar a
convertirse en un gigantesco San Diego y San Cristóbal; y así lo
escribimos. Y así sucedió.
Un especial reconocimiento requiere el
rol jugado por tres mujeres: Lilian Tintori de López, otra vez Patricia
Gutiérrez de Ceballo y Mitzy Capriles de Ledezma. Recorriendo el mundo
lograron que diversos gobiernos fijaran su atención en Venezuela. En
gran parte la solidaridad que provino de Europa, principalmente de
España, hay que debérselo al activismo incansable que ellas demostraron.
Con ellas en las portadas de los principales diarios del mundo, terminó
el aislamiento internacional de los demócratas venezolanos.
El triunfo del 6D tiene un gran
significado político. Sólo por acceder como mayoría al Parlamento, la
Unidad ha cambiado la composición orgánica del Estado. Desde ese
momento, Maduro comparte su poder instrumental, basado en el dinero y en
las armas, con el poder del pueblo expresado en la Asamblea Nacional.
Por esa misma razón la AN deberá convertirse en el centro de gravitación
política de la nación. Desde el Parlamento puede llegar a ser
construida una nueva hegemonía nacional. ¿Logrará la Unidad ponerse a la
altura de tareas tan inmensas? No conocemos la respuesta.
De ahora en adelante la unidad no será
solo electoral. Ya llegará el tiempo en que los distintos partidos de la
MUD harán uso de su legítimo derecho a dividirse. Por el momento será
muy importante actuar lo más unitariamente posible. Eso no significa por
cierto eludir las discusiones. Pero después que estas hayan tenido
lugar, será imperioso que todos sus partidos sigan los caminos tomados
por la dirigencia colegiada. No hay otra alternativa. La democracia no
se puede permitir más el lujo de tolerar actividades por cuenta propia y
liderazgos destemplados. Probablemente Chúo tendrá que hacer un rayado
en la cancha. El tema es existencial: se está o no se está.
En todo caso, no hay mejor vía para
forjar la unidad que emprender tareas comunes. En ese sentido, más allá
de cual va a ser la alternativa que deberá ser tomada frente a Maduro y
Cabello, tres de esas tareas son impostergables.
La primera es la liberación inmediata de
todos los presos políticos. En democracia no debe haber presos
políticos, fue el dictamen del ex presidente costarricense Oscar Arias.
Efectivamente, nadie puede ser enviado a prisión por el delito de
disentir y actuar en disidencia.
La segunda deberá ser la liberación de
la Justicia con respecto al Ejecutivo. El proceder de los tribunales
judiciales en Venezuela ya es un escándalo internacional. No hay crimen
más grande en contra de la ciudadanía de un país que negar a una parte
de la población el elemental derecho a ser defendida y juzgada por
tribunales competentes.
La tercera es la re-profesionalización
de las fuerzas armadas. Por un lado las FAN deberán ser devueltas al
lugar al que pertenecen: el de la defensa de la soberanía nacional. Por
otro, será necesario entregar a ellas el monopolio sobre las armas como
ocurre en todos los países civilizados. Ese función no puede ser más
compartida con organismos paralelos como las “milicias revolucionarias” o
los grupos de choque para-militares creados por la fantasía infantil de
Chávez. Tarea profesional de las FAN será desarmarlos y disolverlos. De
la misma manera, los servicios de seguridad nacional, en muchos casos
ocupados por cubanos, tendrán que ser reestructurados. Y los cubanos
enviados a sus casas. Sus familias los esperan con ansiedad.
¿Y las tareas económicas? Son las más
importantes y a la vez las más difíciles. Después del desastre creado
por Maduro y su guerra económica (en el hecho, una guerra declarada a la
economía) no habrá soluciones a corto plazo. Un nuevo “modelo” no se
adquiere como en una zapatería. El país está definitivamente
desmantelado. No obstante, a diferencia de lo que piensan marxistas y
neo-liberales, la política no está siempre determinada por la economía.
En determinadas situaciones sucede exactamente al revés.
La creación de un ambiente político
estable puede hacer posible que muchos inversionistas internos y
externos intenten invertir en Venezuela. En ese sentido los
inversionistas no se diferencian de otros miembros del género humano.
Para realizar nuestros trabajos con cierta eficiencia, requerimos de un
mínimo de orden institucional y reglas transparentes. Sin esas
condiciones nada funciona en esta vida.
El tiempo de la locura irá quedando
atrás. Los jóvenes venezolanos de mañana solo lo recordarán como una
pesadilla que les contaron sus padres y abuelos.
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PS. Felicitaciones a las
encuestadoras. Al lado de las argentinas que no apuntan a una ni por
casualidad, las venezolanas quedaron como reinas.
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