Gustavo Coronel
Este
asunto de Escarrá es de familia. Su fallecido hermano afirmó en una
memorable ocasión que el Presidente Chávez era el sol alrededor del cual
todos los venezolanos girábamos. Ya fallecido Chávez, Herman, el
hermano sobreviviente, ha tenido que conformarse con guindarse de
Maduro, de quien dice ayer lo siguiente, ver: http://www.noticierodigital.com/2016/02/nd-7-feb-2016-el-abogado-constitucionalista-hermann-escarra-aseguro-este-domingo-que-no-existe-posibilidad-alguna-de-que-la-oposicion-logre-la-salida-constitucional-del-presidente-nicolas-maduro-e/ :
“Su
renuncia es imposible porque todos los que conocemos a Nicolás sabemos
que tiene un peso enorme en su columna que es el legado del presidente
Chávez, de tal manera que si entendemos el compromiso y la lealtad moral
que lleva, sabemos que esa posibilidad no existe. Además, las
características de Maduro son de reciedumbre cívica, no son solamente la
de la doblez o la del atajo. Todo lo contrario, es una persona con gran
claridad y sinceridad, así que la idea de renuncia puede servir para el
discurso del engaño pero no es una realidad en términos políticos y
mucho menos en términos constitucionales y muchos menos en términos
personales”,
No
solo lo tutea, como diciendo: “estoy de manos agarradas con él”, sino
que habla de su lealtad moral. Hablar de la lealtad moral de Nicolás
Maduro es una jalada de bolas extraordinaria, es como hablar de la
honestidad de Pedro Carreño. Maduro puede ser leal pero la moral no
tiene nada que ver con su lealtad. Si su lealtad tuviese algún viso de
moral, ya hubiera renunciado porque no se es leal a un hombre, se es
leal a una Nación. Más aún, una persona leal a la Nación no hubiera
aceptado la presidencia del país porque Nicolás tiene que estar
consciente de su incapacidad para desempeñar ese cargo. La peor forma de
corrupción es aceptar una tarea para la cual no estamos preparados.
Maduro es un semi-analfabeta, un patán, incapaz de hablar
coherentemente, incapaz de tener una visión nacional ya que su lealtad
siempre fue la del perro faldero a su amo, el fallecido sátrapa. Maduro
ha demostrado una total ineptitud para la presidencia del país. Cuando
se resiste a renunciar está añadiendo un nuevo crimen al que cometió
cuando se prestó para la farsa electoral que lo llevó a la presidencia.
Pero
dicen que la culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote. La
culpa fue de Chávez al imponerlo como sucesor a sus seguidores. La culpa
de mantener a este inepto en la presidencia es de adulantes como
Escarrá, quienes lo apoyan por interés y de los narco generales quienes
no se entregarán a la justicia sino que habrá que irlos a apresar.
En
su gran jalada Escarrá habla de la “reciedumbre cívica” de Maduro, de
su gran “claridad y sinceridad”, elogios que le merecerán alguna
embajada en algún país de destacada gastronomía.
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