Monday, February 8, 2016

Escarrá rompe cursilómetro y jalímetro

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Gustavo Coronel

Este asunto de Escarrá es de familia. Su fallecido hermano afirmó en una memorable ocasión que el Presidente Chávez era el sol alrededor del cual todos los venezolanos girábamos. Ya fallecido Chávez, Herman, el hermano sobreviviente, ha tenido que conformarse con guindarse de Maduro, de quien dice ayer lo siguiente, ver: http://www.noticierodigital.com/2016/02/nd-7-feb-2016-el-abogado-constitucionalista-hermann-escarra-aseguro-este-domingo-que-no-existe-posibilidad-alguna-de-que-la-oposicion-logre-la-salida-constitucional-del-presidente-nicolas-maduro-e/ :
Su renuncia es imposible porque todos los que conocemos a Nicolás sabemos que tiene un peso enorme en su columna que es el legado del presidente Chávez, de tal manera que si entendemos el compromiso y la lealtad moral que lleva, sabemos que esa posibilidad no existe. Además, las características de Maduro son de reciedumbre cívica, no son solamente la de la doblez o la del atajo. Todo lo contrario, es una persona con gran claridad y sinceridad, así que la idea de renuncia puede servir para el discurso del engaño pero no es una realidad en términos políticos y mucho menos en términos constitucionales y muchos menos en términos personales”,
No solo lo tutea, como diciendo: “estoy de manos agarradas con él”, sino que habla de su lealtad moral. Hablar de la lealtad moral de Nicolás Maduro es una jalada de bolas extraordinaria, es como hablar de la honestidad de Pedro Carreño. Maduro puede ser leal pero la moral no tiene nada que ver con su lealtad. Si su lealtad tuviese algún viso de moral, ya hubiera renunciado porque no se es leal a un hombre, se es leal a una Nación. Más aún, una persona leal a la Nación no hubiera aceptado la presidencia del país porque Nicolás tiene que estar consciente de su incapacidad para desempeñar ese cargo. La peor forma de corrupción es aceptar una tarea para la cual no estamos preparados. Maduro es un semi-analfabeta, un patán, incapaz de hablar coherentemente, incapaz de tener una visión nacional ya que su lealtad siempre fue la del perro faldero a su amo, el fallecido sátrapa. Maduro ha demostrado una total ineptitud para la presidencia del país. Cuando se resiste a renunciar está añadiendo un nuevo crimen al que cometió cuando se prestó para la farsa  electoral que lo llevó a la presidencia.
Pero dicen que la culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote. La culpa fue de Chávez al imponerlo como sucesor a sus seguidores. La culpa de mantener a este inepto en la presidencia es de adulantes como Escarrá, quienes lo apoyan por interés y de los narco generales quienes no se entregarán a la justicia sino que habrá que irlos a apresar.

En su gran jalada Escarrá habla de la “reciedumbre cívica” de Maduro, de su gran “claridad y sinceridad”, elogios que le merecerán alguna embajada en algún país de destacada gastronomía. 

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