Gustavo Coronel
A
pesar de los numerosos errores que la Fuerza Armada venezolana ha
cometido durante su historia, apoyando dictaduras, adulando presidentes y
barraganas como estrategia de promoción
e involucrándose en tráfico de influencias y otros tipos de corrupción,
nunca antes había caído tan bajo como en estos últimos 15 años. En esta
negra etapa de la vida venezolana los militares se han convertido en
apoyo principal de un horroroso régimen inepto,
corrupto y abusivo. Nunca antes había existido tanta evidencia de
militares incursos en narcotráfico, contrabando y saqueo generalizado
del erario público. Nunca antes había existido tanta injerencia militar
en un gobierno forajido como el que tenemos hoy
en día.
El
espectáculo de generales dando discursos nauseabundos sobre socialismo o
muerte, sobre su lealtad a un déspota (Chávez) y la manera como se ha
utilizado la gente armada para reprimir
las protestas del país no se había visto nunca antes en Venezuela, ni
siquiera en la época de Marcos Pérez Jiménez, cuando la Fuerza Armada se
colocó por diez largos años de espaldas al país.
Lo
más trágico de todo esto es que ni quieren ver lo que ocurre en el país
ni escuchan el clamor del pueblo hastiado de este régimen. Cínicamente
sus “jefes”, quienes derivan el mayor
provecho personal de la tragedia venezolana, se apegan al régimen
argumentando estar defendiendo la constitución.
Mienten
con descaro. La Fuerza Armada venezolana viola abiertamente la
constitución al defender a un régimen que ha destruido la independencia y
autonomía de los poderes públicos, que
ha prostituido el Tribunal Supremo de Justicia, que ha arruinado a
PDVSA y terminado de aniquilar la CVG, que tiene presos políticos y que
tiene al país al borde de la ruina financiera. Saben todo esto pero se
mantienen fieles al régimen forajido y así lo
proclaman a cada instante.
Yo les digo que son cómplices de ese régimen y que por ello se han ganado el rechazo y el desprecio de los venezolanos.
Todavía
encontrarán a quien les adule, a quien diga que la mayoría de los
militares son institucionalistas, que no están de acuerdo con lo que
sucede en el país. Todavía hay quienes
le hacen llamados, confiados en su honestidad profesional. Pamplinas.
Si esto fuera cierto ya el régimen hubiese terminado, porque las
violaciones a la constitución y a las leyes, los abusos de poder, han
sido excesivos y humillantes para el país. Yo digo
que la Fuerza Armada venezolana, con sus cañones, tanques, aviones y
demás chatarra bélica, representan el mayor lastre que acogota hoy a la
Nación, junto al chavismo agonizante.
La
Fuerza Armada es una institución parasitaria. Sus miembros han tomado
las riendas de ministerios, empresas del estado, gobernaciones de
estado, embajadas, de toda clase de funciones
públicas y en todas sus actuaciones se han mostrado rapaces e ineptos.
Han permitido ser sometidos al ridículo, con el programa alimentario.
Los desfiles militares son cursis y rastreros.
No
sé cuál es la solución a esta inmensa tragedia venezolana. Esta es una
institución que solo puede mejorar desde adentro y ese impulso de
adecentamiento, de dignificación, no existe
entre sus miembros. Son una gran masa ignorante, tratando de sobrevivir
en mejores condiciones que el resto de los venezolanos, aprovechándose
de la ventaja que les dan las armas. No poseen ninguna vergüenza
colectiva.
El
mensaje que les envía el Frente Institucional Militar, compuesto por
oficiales retirados, es angustioso. Le piden a sus colegas, por enésima
vez, que reaccionen frente a la ignominia,
frente a la tragedia. Les dicen:
“Todos
los venezolanos, ustedes incluidos, sabemos que Venezuela es hoy una
olla de presión, que de no darle alivio pronto, podría estallar con
consecuencias inimaginables; lo
sucedido el día viernes 2 de septiembre en el barrio Villa Rosa del
Estado Nueva Esparta es una muestra de ello. El régimen se niega a
aceptar la realidad del país… mientras la popularidad de Maduro y su
gobierno descienden a mínimos históricos y el rechazo
popular a su gestión se ubica hoy sobre el 80%. La movilización de más
de un millón de ciudadanos el pasado 1S en la llamada “Toma de Caracas”,
exigiendo una salida pacífica, constitucional y electoral a través del
RR presidencial, es una señal de alerta para
el gobierno. El régimen se radicaliza y le pone obstáculos a la
realización del referendo revocatorio presidencial este año, cercenando
el derecho constitucional establecido en el artículo 72, según el cual
“todos los cargos y magistraturas de elección popular
son revocables”, cerrando de esta manera la posibilidad de una solución
pacífica y electoral de la crisis. Pero esta señal de alerta es también
para el Ministro de la Defensa General en Jefe Vladimir Padrino López y
el Alto Mando Militar, para que reflexionen
sobre el rol que debe jugar la institución en el acompañamiento a los
que plantean una solución constitucional, pacífica y electoral de la
crisis, sin descartar la posibilidad del dialogo y un consenso entre los
factores políticos en juego”.
Y agregan:
‘La
institución militar no puede estar de espaldas a la crisis que enfrenta
el país, es parte indispensable de la solución, la Constitución
Nacional le establece deberes y derechos
inalienables, el mensaje lo ha dado la mayoría del pueblo venezolano
durante la gran movilización del 1S, no atenderlo sería una insensatez
imperdonable que agravaría la crisis y cerraría definitivamente el paso
hacia la solución pacífica y constitucional
con serias consecuencias para la estabilidad y la paz de la República”.
¿Que
más se les puede decir? Ya no quedan más advertencias por hacer, más
llamados, más exigencias. La Fuerza Armada es un quiste endurecido,
manejada por un grupo de militares inmorales,
traidores a su país. De ellos no es posible esperar nada. Si hay alguna
esperanza de redención para la Fuerza Armada venezolana, ella descansa
en la voluntad de aquellos miembros quienes se unan al mundo civil y se
pongan de pie en contra del régimen.
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