Friday, September 30, 2016

Paz en Colombia Guerra en Venezuela

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El Calabozo de la Libertad

Por: Gustavo Azócar Alcalá

Como venezolano y latinoamericano, debo saludar el acuerdo de paz firmado esta semana entre el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos y el máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, mejor conocido como Timochenko. Quienes somos amantes de la paz debemos regocijarnos cada vez que dos partes en conflicto encuentran un camino para ponerle fin a una guerra. La alegría es mucho mayor, si la paz se logra en una nación hermana, a la que queremos mucho, como lo es Colombia.
El acuerdo firmado entre Santos y las FARC, tal como lo han reconocido algunos expertos, no es perfecto. Es un documento de 290 páginas con algunas lagunas, con cláusulas muy controversiales, y con una serie de concesiones, que hacen que alguna gente sienta un sabor amargo en la boca. Hay colombianos que habrían querido un tratado mucho más duro contra las FARC, una guerrilla que durante los últimos 50 años sembró el terror y acabó con la vida de centenares de miles de personas inocentes en ese país.
Pero como bien dicen los abogados, siempre es mejor un mal arreglo que un buen pleito. El conflicto armado colombiano se prolongó por más de 50 años. Dejó más de doscientos mil muertos y cinco millones de desplazados. Colombia pagó un precio muy alto gracias a ese enfrentamiento entre las FARC y las Fuerzas Militares. El conflicto no sólo afectó a Colombia. También tuvo sus efectos sobre los países vecinos, entre ellos Venezuela, cuyos habitantes fronterizos también pagaron las consecuencias de una guerra en la que no tuvimos arte ni parte. Durante muchos años, ganaderos y empresarios venezolanos fueron secuestrados por las FARC y el ELN. La guerrilla financió su lucha con dinero venezolano obtenido del pago de rescates.
A eso habría que sumar la cantidad de niños y jóvenes que fueron secuestrados por la guerrilla en Táchira, Zulia, Apure y Barinas, y que fueron trasladados a los campamentos de las FARC para ser convertidos en guerrilleros. Hay una larga lista de jóvenes venezolanos que habitaban en la zona fronteriza, y que fueron declarados como “desaparecidos”, pero que en realidad nunca desaparecieron. Fueron adoctrinados e incorporados a las filas de la guerrilla colombiana. Esas historias muy pronto saldrán a la luz pública.
El acuerdo entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos contempla que los guerrilleros se concentrarán en 23 zonas “veredales” y 8 campamentos —sin armas—, y que las FARC entregarán las armas a la ONU. Las FARC, según el tratado de Paz, se comprometieron a entregar a un organismo internacional de monitoreo y verificación del proceso toda la información sobre las armas que poseen. De acuerdo con el cronograma previsto en el acuerdo, los guerrilleros empezarán a desplazarse con su armamento individual hacia las zonas veredales transitorias de normalización.
De acuerdo con el Tratado de Paz, las llamadas “zonas de concentración” fueron diseñadas para “hacer el tránsito de los guerrilleros a la legalidad” y en esos puntos las FARC adelantarán el proceso de dejación de las armas y se prepararán para el proceso de reintegración a la vida civil. Son dos tipos de zonas veredales: transitorias de normalización (ZVTN) y puntos transitorios de normalización. Tan pronto los guerrilleros estén ubicados en ellas se adelantará el proceso de dejación de las armas.
La diferencia entre los dos tipos de zonas veredales será la cantidad de guerrilleros que albergue, el tamaño de la zona y su ubicación. Los puntos fueron concebidos para la llegada de los frentes que se encuentran en zonas remotas y serán pequeños campamentos. Las zonas estarán ubicadas en 22 municipios de 12 departamentos de Colombia.  El general Javier Flórez, jefe de la subcomisión de Fin del conflicto en La Habana y comandante del Comando Estratégico de Transición, informó que el grupo subversivo tiene actualmente en sus filas 5.765 miembros, que serán los que inicialmente se desplazarán a las zonas veredales de normalización.
De acuerdo con lo establecido en el Tratado de Paz, a partir del séptimo día tras la firma del acuerdo final, las FARC cuentan con 180 días para entregar todas sus armas al componente internacional. El día 7, es decir, el próximo lunes 3 de octubre, comienza el transporte de armas individuales, de milicias, granadas y municiones. A partir del día 10 se iniciará igualmente la destrucción del armamento inestable. Para el día 60, después de la firma, se habrá iniciado el almacenamiento de las armas en contenedores que controla el componente internacional, que se espera completar el día 180.
Ahora bien, la gran pregunta es: ¿Entregarán las FARC todas las armas que están en su poder? Hay dudas de que se vaya a entregar todo el armamento. Hay quienes creen,  que las armas podrían pasar a territorio venezolano. La docente e internacionalista Giovanna de Michele, dijo que cuatro zonas veredales y dos campamentos del grupo paramilitar colindan con la frontera venezolana. “Sería bueno saber si el Estado venezolano ha tomado algún tipo de medida, previendo esta situación”, dijo Michele.
Pero eso no es todo: hay quienes vaticinan la posibilidad de que parte de las FARC decidan instalarse en algunas regiones selváticas de Venezuela aprovechando la debilidad y la complacencia del régimen de Nicolás Maduro. El secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús Torrealba, alertó sobre la posibilidad de que la guerrilla colombiana migre a Venezuela.
“Hacemos un llamado a reflexionar sobre las consecuencias que traerá la firma de este acuerdo. Celebramos que se haya desmantelado un conflicto más, pero, esperamos que no sea trasladado a Venezuela”, dijo Torrealba, quien además mostró su preocupación ante la posibilidad real de que pocos guerrilleros conseguirán reinsertarse plenamente. “No podrán seguir delinquiendo en Colombia por lo que podrían trasladarse hacia Venezuela”, puntualizó.

José Miguel Vivancos, Director de Human Rights Watch, dijo que “hay obvios motivos para celebrar: luego de cuatro años de negociaciones, las partes han llegado a un acuerdo que ofrece una oportunidad clave para la vigencia de los derechos humanos en Colombia. Pero, lamentablemente, el componente de justicia del acuerdo promueve la impunidad y, con ello, pone en riesgo las posibilidades de una paz genuina”.
El temor que existe en algunos sectores de Venezuela, luego de la firma del Tratado de Paz entre Juan Manuel Santos y las FARC está muy bien fundamentado. Para nadie es un secreto la “afinidad ideológica” que existe entre el gobierno de Nicolás Maduro y los integrantes de la cúpula de la principal organización guerrillera colombiana.
Los nexos entre las FARC y el gobierno revolucionario y socialista que detenta el poder en Venezuela son de vieja data. Esas relaciones comenzaron muchos años antes de que Hugo Chávez asumiera la Presidencia de la República en 1999. Hay testigos que dan fe, incluso, de la participación de las FARC en el golpe de estado de noviembre de 1992. Chávez falleció en 2013, pero la relación de amistad y cooperación entre las FARC y la revolución no se ha resquebrajado. Todo lo contrario: se ha incrementado.
Informes de inteligencia dan cuenta de la existencia de campamentos guerrilleros de las FARC y el ELN en Zulia, Táchira, Apure, Barinas, Guárico, Cojedes, Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro. Mucho tiempo antes de que se instalaran en La Habana, para iniciar los diálogos de paz, los principales jefes de las FARC se pavoneaban por algunas regiones venezolanas. En la zona sur del Lago de Maracaibo, entre Machiques, Casigua y Encontrados, todavía hay quienes recuerdan la presencia de Iván Márquez. En la lengüeta de Barinas hay quienes aseguran haber visto muchas veces a Timochenko.
Lo cierto es que mientras los guerrilleros se desmovilizan y desmantelan sus campamentos en Colombia, como consecuencia del Tratado de Paz, su presencia ha venido aumentando en territorio venezolano. Hace pocos días conversé con un ganadero quien me aseguró que todos los meses debe pagar religiosamente la “vacuna” al frente 45 de las FARC en Barinas.
La paz de Colombia es bienvenida. Por supuesto que nos alegra que ese país hermano comience a transitar a partir de ahora los senderos de la paz y la convivencia ciudadana, poniendo fin a 52 años de conflicto armado. Pero mientras nos regocijamos por lo que pasa en Colombia, comenzamos a preocuparnos por lo que ha de pasar en Venezuela en los próximos meses.
He de confesar que no creo que las FARC entreguen a la ONU la totalidad de las armas que están en su poder. Algo me dice que gran parte de ese armamento, sobre todo el más nuevo, el más moderno y sofisticado, ya debe estar a buen resguardo en los campamentos que esa guerrilla tiene en Venezuela. Tampoco creo que las FARC se desmovilice por completo. Hay algunos frentes guerrilleros que ya han declarado abiertamente que no están de acuerdo con el tratado de paz.
Es muy triste decirlo, pero es así: mientras Colombia firma la paz y cifra sus esperanzas en el fin del conflicto, en Venezuela tenemos que prepararnos para la guerra que se nos viene encima. Una parte importante de las FARC no sólo no atenderá el llamado a la paz, sino lo que es peor: se ha mudado de residencia. Ahora están aquí, domiciliados en Venezuela, protegidos por la revolución, dedicados al negocio del narcotráfico, controlando aviones que entran y salen de Apure y de otros estados del país. Mientras gran parte de los colombianos celebra la paz y votará por el SI el próximo domingo, nosotros debemos prepararnos, irremediable y lastimosamente para la guerra.
Lo malo del Tratado de Paz firmado el pasado lunes 26 de septiembre fue que sólo tomó en cuenta a Colombia. Allí no se habló de lo que hacen las FARC en los países vecinos. Raúl Reyes dejó muchos herederos e intereses en Ecuador. Timochenko e Iván Márquez todavía tienen muchos intereses en Venezuela. Hay que estar preparados para lo que viene.

SC. 30 de septiembre de 2016

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