Saturday, September 10, 2016

Mártires de la Toma de Caracas y el cacerolazo de Villa Rosa

EN:


Eddy Reyes Torres

En el diccionario de la lengua española leemos la siguiente definición del término “mártir”: “persona que muere o sufre grandes padecimientos en defensa de sus creencias”. Una variante de esta figura es la del “chivo expiatorio”, esto es, persona o grupo de ellas a quienes se quiere hacer culpables de algo de lo que no son, sirviendo así de excusa a los fines del “inculpador”. En este ultimo sentido, el mártir o chivo expiatorio es entonces la víctima propiciatoria de la incomprensión y la falta de libertades.
Como ha sido la regla a lo largo del proceso revolucionario actual, las confrontaciones con el régimen siempre se pagan con el martirio. La historia ocurre una vez más con ocasión de la gran marcha del pasado 1 de septiembre (Toma de Caracas) y el emblemático cacerolazo recibido por Nicolás Maduro en el barrio margariteño de Villa Rosa. En esta oportunidad, la representación del significativo papel bíblico correspondió a dos figuras relevantes: Yon Goicoechea y Braulio Jatar.
Con respecto al primero, el más “justo y ecuánime” miembro del proceso, el mismo que enarbola a diario una réplica del mazo de Trucutú, anunció sin pestañar que el joven dirigente político fue detenido el 29 de agosto cuando se desplazaba en automóvil por el túnel de la urbanización La Trinidad y le encontraron en su poder cordones detonantes. Dos días después, el ministro de Interior y Justicia informó que al detenido se le incautaron distintos componentes de material explosivo, así como material subversivo. El “imparcial” funcionario aprovechó la ocasión para vincular a la organización política en la que milita Goicoechea (Voluntad Popular) con supuestos hechos de desestabilización. Por eso no dejó de sorprender al Gobierno que una actuación tan incuestionable y ajustada a derecho hubiera sido puesta en entredicho por Human Rights Foundation (torcida organización dependiente de los Estados Unidos), mediante la difusión de un comunicado dirigido a las autoridades nacionales, en el que solicitaba información sobre el paradero del detenido y calificaba la acción de secuestro arbitrario.
En verdad, el crimen que el régimen le imputa a Yon Goicoechea es diferente; él y otros dirigentes estudiantiles tuvieron un papel protagónico a raíz de la propuesta que hizo Hugo Chávez –después de ser reelecto presidente en diciembre de 2006–, de reforma de “la mejor Constitución del mundo”. La proposición en cuestión modificaban substancialmente treinta y tres artículos de la Carta Magna aprobada en 1999, pero su propósito fundamental era aumentar el periodo presidencial de seis a siete años, permitiéndose además la reelección indefinida. La campaña que se llevó a cabo por parte de revolucionarios y demócratas fue feroz. Mas la oposición a Chávez y su reforma se vio fortalecida por la aparición del movimiento estudiantil como importante actor político que no tenía vinculación con ninguno de los partidos de la oposición. Votada la propuesta, Chávez y sus partidarios recibieron un balde de agua fría: el “NO” obtuvo la mayoría (51 por ciento de los votos, aunque nunca se publicaron los resultados oficiales). Por primera vez Chávez era vencido por la vía electoral. El resultado le escoció en demasía; no tuvo la entereza de guardar la compostura y terminó por calificar al triunfo opositor como “una victoria de mierda”.
La resonancia nacional e internacional que tuvo la actuación de los estudiantes y en particular las acciones ejecutadas por Yon Goicoechea se vio compensada con la concesión a este último del premio Milton Friedman para el Avance de la Libertad, otorgado por una institución de Estados Unidos, en 2008. El galardón también incluyó la entrega de 500.000 dólares. Tal reconocimiento fue recibido por Chávez y su revolución como una bofetada. Pero la humillación no quedo ahí. En el 2013, el líder estudiantil y abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello fue aceptado por uno de los centros de estudio más relevantes de USA, la Universidad de Columbia, para realizar una maestría. Una vez concluida la especialización, se trasladó a España donde trabajó por corto tiempo pues tomó la decisión de regresar a Venezuela para retomar su lucha política. Eso era algo que el régimen de Maduro no podía tolerar. Y es allí donde se centra la verdadera causa de su martirio.
Con Jatar la situación no es diferente. El pasado sábado, este veterano periodista, hijo de gato que también cazó ratones, fue detenido abruptamente en Nueva Esparta por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), una fuerza de seguridad cuya acción revolucionaria se centra ahora en reprimir al ciudadano demócrata y de bien. Su crimen, según los mandamases oficialistas, fue tener en su poder 20.000 dólares (una menudencia frente a las estrambóticas sumas en efectivo que manejan la mayoría de los jerarcas de la revolución bonita), lo cual implica –según ellos– una acción de legitimación de capitales. La verdad, sin embargo, es diferente. Braulio, quien trabaja en Reporte Confidencial, se encargó de divulgar información detallada del cacerolazo en contra de Nicolás Maduro que se realizó en Villa Rosa, la semana pasada, y que tuvo enorme difusión por las redes y medios noticiosos nacionales y extranjeros por la actuación descocada del Presidente ante una humilde y desvalida mujer que no dejó de golpear su palangana, vieja y vacía, frente al omnipotente y protuberante cuerpo del criollo Rey desnudo.
Para desgracia de este valiente periodista, hay otra razón no menos relevante: él es hermano de Ana Julia Jatar y cuñado de Ricardo Hausmann, profesionales con actuaciones destacadas en Venezuela y el exterior. Hausmann es actualmente director del Centro para el Desarrollo Internacional y profesor de Economía del Desarrollo en la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. Hace unos meses el régimen grabó ilegalmente una conversación entre él y Lorenzo Mendoza, en la que el primero refirió los contactos informales sostenidos con funcionarios del Fondo Monetario Internacional con quienes conversó sobre una eventual ayuda de dicho organismo a Venezuela. Ardió Troya y ambos venezolanos fueron execrados por Maduro y su entorno. Gracias a esa carambola, el proceso logra matar dos pájaros de un solo tiro.
Estas, realmente, son las cosas que alejan al pueblo cada vez más del gobierno y la revolución. Ya es hora de que Maduro y su entorno reconozcan que son unos marrulleros, y que esa es la simple razón por la que ya nadie los quiere.

@EddyReyesT

No comments:

Post a Comment