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Bill Emmott
Project Syndicate
Marzo 9, 2017
https://www.project-syndicate.org/commentary/populism-and-short-term-thinking-by-billemmott-
2017-03/Spanish
Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional francés, asegura que la gran
batalla del siglo XXI será entre el patriotismo y el globalismo. El presidente de los EE.
UU., Donald Trump, aparentemente cree que será entre “los medios de prensa
mentirosos” y él mismo, apoyado por “el pueblo” al que dice representar. Ambos se
equivocan.
La batalla que realmente definirá este siglo enfrentará al pensamiento a largo plazo
contra el pensamiento a corto plazo. Los políticos y gobiernos que hagan planes para el
largo plazo derrotaran a los que no puedan (o no quieran) ver más allá del ciclo
electoral inmediato.
Aunque suele citarse a China como ejemplo de presunta capacidad para el pensamiento
a largo plazo, no hace falta recurrir a dictaduras para probar lo que digo. Algunas
democracias occidentales supieron prepararse bien para manejar las poderosas fuerzas
de la globalización, la tecnología y la demografía, y obtuvieron a cambio economías
estables y sistemas políticos mayormente inmunes a los populistas. Otras, en cambio,
no pudieron mirar más allá del corto plazo y ahora sufren las consecuencias.
Para graficar esta distinción y como parte del trabajo de la organización benéfica
educativa que dirijo, la Wake Up Foundation, he creado un nuevo indicador estadístico
compuesto llamado Índice Wake Up 2050. A diferencia de, por ejemplo, el Índice de
Competitividad Global del Foro Económico Mundial, el Wake Up 2050 no se queda en
las estadísticas que hablan del desempeño pasado y presente de los países, sino que
intenta detectar señales de sus problemas futuros y medir la productividad probable de
sus principales activos, especialmente sus ciudadanos.
El índice, basado en 25 indicadores, califica a los 35 países más avanzados de la OCDE
según su nivel de preparación en cinco áreas: demografía, sociedad del conocimiento,
innovación tecnológica, globalización y capacidad de resistir perturbaciones
inesperadas. Los resultados son sorprendentes.
Suiza encabeza la lista, siendo el país occidental mejor preparado para las tendencias y
fuerzas conocidas que darán forma al siglo XXI. El populismo suizo es una brigada
monotemática centrada en la inmigración, sin apoyo suficiente para entrar al gobierno.
El ultraderechista Partido Popular Suizo no consiguió atraer votantes hasta que la
cantidad de habitantes nacidos en el extranjero alcanzó un cuarto de la población suiza
(casi el doble que en Estados Unidos o el Reino Unido).
Los cuatro vecinos de Suiza languidecen mucho más abajo en la lista: Alemania en el
15.º lugar, Austria en el 17.º, Francia en el 20.º e Italia en el 32.º, a pesar de sus
estrechos lazos culturales, históricos y comerciales con Suiza. En Austria y Francia, los
partidos populistas euroescépticos y xenófobos obtuvieron suficiente apoyo para tener
chances reales de alcanzar el poder, lo mismo que en Italia el más izquierdista
Movimiento Cinco Estrellas. También en Alemania la influencia de los populistas está
en ascenso.
Dada la reputación de riqueza, educación, innovación y resiliencia de Suiza, que haya
salido primera en el índice tal vez no sorprenda. Pero los salarios suizos están entre los
más altos del mundo, y el 19% de su PIB procede de la industria manufacturera (contra
12% en Estados Unidos y 10% en el Reino Unido), así que en teoría debería ser muy
vulnerable a la competencia de China y a la destrucción de puestos de trabajo por la
automatización. Sin embargo, el país superó bastante bien estos desafíos.
No puede decirse lo mismo de Italia. Si bien su sector fabril representa una cuota del
PIB menor que en Suiza (15%, para ser precisos), la competencia china la afectó mucho
más. La razón es sencilla: Italia produce menos bienes sofisticados e innovadores.
Esto es reflejo de un grave error que está cometiendo este país (y con él, Francia). Por
gastar demasiado en pensiones públicas para comprar al electorado en el corto plazo,
los gobiernos de ambos países limitaron seriamente su capacidad para invertir en
educación e investigación científica. Ningún país puede competir eficazmente en una
economía global cada vez más cognitiva y tecnológica si su gobierno no dedica recursos
suficientes a cultivar las habilidades y capacidades correctas en su fuerza laboral.
Para triunfar también hace falta un marco regulatorio y una cultura corporativa que
permitan a los ciudadanos usar productivamente el conocimiento que obtengan. En
este sentido, los países con poca participación de las mujeres en la fuerza laboral (como
Italia) o donde los trabajadores más experimentados, de más de 65 años, ya no trabajan
(como Italia y Francia) están en clara desventaja.
Tal vez el mejor ejemplo del valor de la planificación a largo plazo es Japón. A pesar de
ser la economía avanzada con envejecimiento poblacional más rápido, Japón obtiene
buenas calificaciones en los aspectos demográficos del índice Wake Up 2050. Una de
las razones principales es que, en previsión del cambio demográfico que se avecinaba, el
país mantuvo en la fuerza laboral a más del 20% de sus mayores de 65 años, contra
apenas un 2,9% en Francia.
Estados Unidos no obtiene las calificaciones esperadas en innovación y conocimiento.
El mal desempeño de las escuelas secundarias y una baja tasa general de participación en
la fuerza laboral implican una subutilización de las tecnologías avanzadas desarrolladas
por Estados Unidos. Es una de las principales razones de la victoria de Trump y un mal
augurio para la prosperidad futura del país.
Para “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, como Trump prometió, los políticos
deben pensar más allá del ciclo electoral inmediato; y esto mismo es aplicable a todas
las democracias occidentales. Pero muchos críticos empiezan a dudar de que los
políticos occidentales conserven la capacidad de pensar a largo plazo.
Sin embargo, tal vez los críticos se equivoquen. La inmigración, uno de los temas más
contenciosos en los debates políticos de la actualidad, es en esencia una cuestión a largo
plazo. Y si bien los votantes estadounidenses se manifestaron contra la apertura, el
Reino Unido promete mantenerla después del Brexit (excepto para la inmigración
procedente de la UE). En otras partes, la apertura todavía tiene firmes defensores.
En Francia, la apertura es el principal campo de batalla de la próxima elección; Le Pen,
como Trump y los partidarios del Brexit, asegura que fue un desastre. Pero sus dos
rivales principales (el centrista independiente Emmanuel Macron y el republicano de
centroderecha François Fillon) defienden una mayor apertura y liberalización de los
mercados. El resultado de la elección determinará no sólo la trayectoria futura de
Francia, sino de toda Europa. Y al menos en Suiza están un poco más que preocupados.
Traducción: Esteban Flamini
Bill Emmott (Dulverton, 1956). Educado en Latymer Upper
School en Hammersmith. Estudió política, filosofía y
economía en el Magdalen College de Oxford en 1975-78 y
luego se trasladó al Nuffield College para hacer estudios de
postgrado. Ha sido reconocido con grados honorarios en la
Universidad de Warwick y de otras universidades de la Gran
Bretaña y de la North West University de Estados Unidos de
en América. Tiene un doctorado honorario de la Universidad
de Magdalen, Oxford.
Escritor independiente, conferencista y consultor en asuntos
internacionales, con sede en Oxford y Somerset. Fue editor
de The Economist, la revista semanal líder en temas de
actualidad y negocios, desde 1993 hasta 2006. En 1980 se
incorporó a la oficina de The Economist en Bruselas,
escribiendo sobre los asuntos de la CEE y los países del
Benelux. En 1982 se convirtió en el corresponsal de
economía del papel en Londres y al año siguiente se trasladó
a Tokio para cubrir Japón y Corea del Sur. A mediados de
1986 regresó a Londres como editor de finanzas y en enero
de 1989 se convirtió en editor de asuntos comerciales,
responsable de toda la cobertura de la industria de los
negocios, las finanzas y la ciencia.
Fue nombrado Editor en marzo de 1993. Cuando salió en
marzo de 2006, The Economist registraba una circulación de
casi 1.1 millones de personas en todo el mundo, habiendo
más que duplicado en los 13 años anteriores. (A partir de
2016, la circulación mundial había superado los 1,6
millones).
Actualmente es presidente de The Wake Up Foundation, una
organización benéfica dedicada a la educación y la
comunicación sobre el declive de las sociedades
occidentales, que cofundó en 2013 con una cineasta italiana,
Annalisa Piras. En 2016, el gobierno japonés le otorgó la
"Orden del Sol Naciente: Rayos de Oro con Cinta de Cuello"
por servicios a las relaciones entre el Reino Unido y Japón.
Su próximo libro será "El destino de Occidente: la
decadencia y el renacimiento de la idea política más exitosa
del mundo", que será publicado en abril / mayo de 2017 por
Libros de Perfil en el Reino Unido, Asuntos Públicos en los
Estados Unidos y Nikkei Books en Japón.
Ha publicado trece libros, una lista de los cuales se puede
encontrar aquí. El primero que co-escribió con Rupert
Pennant-Rea "The Pocket Economist", parte de The
Economist serie de guías de bolsillo, que fue publicado por
Blackwell en 1983.
Ocho de sus libros se refieren a Japón, con seis de los
publicados sólo en traducción japonesa. En 1989 "The Sun
Also Sets: los límites del poder económico de Japón", fue un
bestseller en japonés, con más de 300.000 copias vendidas.
Además de ser director de The Economist Group desde 1993
hasta 2006, fue director no ejecutivo de Development
Consultants International, una empresa con sede en Dublín,
desde 2006-09. Fue director externo de eAccess, una
compañía japonesa de telecomunicaciones móviles en 2009 -
10 y fue presidente de Peerindex, una start-up de Internet,
a partir de 2010-13.
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