Enrique Viloria Vera
El alimento de las minorías se
convierte en el hambre de las mayorías.
Eduardo Galeano
Excelente
y ejemplar nuestro socialismo del siglo XXI, en el que no impera la libertad ni
la fraternidad, aunque sí una igualdad sui – generis: “unos son menos iguales
que los otros”, en especial, cuando del hambre se trata.
Hambre
pa´todos es el lema de los
bolivarianos rojo – rojitos por fuera y cada vez más menos por dentro, con
excepción del cogollo revolucionario que está bien alimentado, ahíto, repleto,
atiborrado, bien nutrido, rozagante, más que satisfecho, pipón, saciado; buen
ejemplo de ese hartazgo es la figura del Líder que nada lidera: robusto,
fortachón, rollizo, que ya no cabe en sí de lo mantecoso que está.
El
hambre no es pa’ ellos, de seguro, los destinados a comer del basurero son
otros: el pueblo al que dicen representar y encarnar. Las sobras, los restos de
comida del palacio y de las moradas de los enchufados se erigen en preciado
manjar para el sufrido súbdito bolivariano que no puede comprar, y cuando puede
no encuentra: bofe, corazón, pulmón o tripa para saciar el hambre de la feliz
familia hecha en revolución. Una canilla es un lujo, un pan campesino una
exquisitez, qué decir del diablito, de la mantequilla, del queso telita o del
amarillo que los uruguayos nos cambiaban por petróleo barato y sin
limitaciones. Por su ausencia brillan el pollo brasilero, la leche argentina,
el café nicaragüense, la carne de vacuno o de cerdo, las sardinas y el atún
hace tiempo desaparecieron de la dieta proteica del hombre nuevo, Hecho en
revolución.
Leche
de ningún tipo se encuentra, ni la de camella o de yegua que podríamos importar
desde las dunas y las praderas de nuestros aliados del Medio y del Lejano
oriente. La humana que las madres dan a sus hijos lactantes es tan aguada que
los niños de la Patriasobre viven cada vez más
desnutridos y carentes de defensas contra virus y bacterias.
Hambre
de todo tipo impera en la Venezuela bolivariana: de comida y medicinas, de
servicios públicos de calidad, de futuro y esperanza, la más ominosa es el
hambre de justicia que cortes supremas, tribunales, fiscales, defensores del
pueblo imponen a todo aquel que osa pensar distinto, expresarse, protestar,
rebelarse, en legítimo ejercicio de los derechos que una burlada y violada
constitución bolivariana consagra.
Con
Jorge Mario Bergoglio - el Papa Francisco - podemos afirmar sin tapujos que en la
Venezuela socialista y bolivariana:
Nos acostumbramos a levantarnos cada día como
si no pudiera ser de otra manera, nos acostumbramos a la violencia como algo
infaltable en las noticias, nos acostumbramos al paisaje habitual de pobreza y
de la miseria caminando por las calles de nuestra ciudad.
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