Monday, March 6, 2017

Nelson Rivera:Ideas: 40 notas sobre la revolución digital (2/4)

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Nelson Rivera

06 DE MARZO DE 2017 12:34 AM
-11. Un primer riesgo que ya asoma de la era digital: más de la mitad de la población no tiene acceso a Internet. Huelga aclararlo: casi en su totalidad pertenecen a los países más pobres. Pero esta es solo una de las limitaciones. La otra es más profunda y costosa de resolver: casi 18% de la población no tiene acceso a la energía eléctrica. Viven en otro tiempo, un tiempo paralelo que no ha sido alcanzado por la electrificación.
-12. El segundo riesgo que se abalanzará sobre nuestras vidas y las de nuestros hijos: la probabilidad en auge, de que la cuarta generación industrial sea factor de un crecimiento de la desigualdad. Se trata de un tema arduo y poblado de vericuetos. De la magnitud de su amenaza se habla a diario en la prensa del mundo. Los países y las sociedades que no se aboquen al mundo digital, que no se proyecten y no contesten a la pregunta de cómo educar, producir y convivir en la sociedad digital, se empobrecerán de forma irremediable. En el resto del mundo, la planificación, promoción e inversiones que se han hecho y se harán, ya están produciendo riqueza y continuarán haciéndolo. En tres palabras: crecerá la brecha.
-13. Ejemplificaré el tercer riesgo con un ejemplo: El Banco de Inglaterra prevé que la automatización, la robotización de los procesos productivos, incluyendo al sector de los servicios, puede acabar con 15 millones de empleos en 20 años, lo que equivale al 50% de los puestos existentes hoy, de aquí al 2025. La robótica encuentra soluciones productivas a cada minuto, que eliminan la necesidad de operadores humanos, a menor costo y sin las implicaciones –las complicaciones- del trabajo con y entre personas. Y no se sabe si el potencial de remplazos tiene un límite. ¿Acaso es posible que al cabo de tres o cuatro décadas, menos del 20% de los adultos puedan gestionar la producción del planeta con el apoyo de un ejército de máquinas?
-14. La robotización de lo productivo cambiará el carácter del trabajo. Para tener una idea, aunque sea una visión somera de lo que está en curso, sugiero a los lectores que visiten la página La Huerta Digital, y se detengan en un video donde una especie de vehículo plataforma avanza lentamente sobre un campo de fresas. En la superficie, una mesa metálica al centro, sillas a ambos lados, sensores y unas correas que colocan las frases en las manos de los operadores: el recolector ya no es un campesino que se dobla bajo el sol a recoger la fruta manualmente. Es un técnico informático que pulsa unos botones para que la recolección sea perfecta, cómodamente sentado sobre la cosechadora.
-15. Están los optimistas que sostienen que, en cualquier momento, se producirá una especie de explosión productiva, y que aparecerán profesiones y puestos de trabajo que todavía no existen. El reputado economista inglés Philip Coggan, columnista de The Economist, sostiene que la economía no se separará de su lógica cíclica: auges y declives. Pero a medida que transcurre el tiempo, aumenta la frecuencia y el volumen de los que advierten del peligro de que la era digital sea una era de desempleo. Hay toda una serie de factores asociados: dificultades en la formación para que los trabajadores de oficios artesanales puedan incorporar las nuevas tecnologías; dificultades derivadas de la discriminación de género; consecuencias del envejecimiento de la población; etcétera. 
-16. Schwab cita un trabajo de la Universidad de Oxford que lista las profesiones más o menos propensas a la robotización. Algunas de las más propensas: vendedores telefónicos, peritos de compañías de seguros, árbitros deportivos, secretarios que toman notas en todo tipo de reuniones, camareros, agentes de la compra-venta de inmuebles, mensajería, etcétera. Las menos propensas: trabajadores sociales, profesionales de la salud mental, médicos, cirujanos, especialistas en recursos humanos, analistas de cómputos, antropólogos, ingenieros navales, altos ejecutivos, etcétera.
17. Sin desconocer que hay entusiastas que confían en que los efectos de la capitalización superarán a los de la destrucción del empleo, visto desde la perspectiva de la política y los movimientos sociales, de las políticas públicas y desde cualquier institución que se reclame sostenible, la preocupación que se repite es la misma: la violencia que desataría la combinación de desempleo más desigualdad podría elevarse a niveles extremos. El reputado analista Laza Kekic asegura que por muy violenta que sea la reacción antiglobalización (que incluye el auge de una economía cada vez más digital), no se impedirá que la tendencia siga adelante. ¿Quiere decir esto que estamos condenados a una violencia todavía más atroz y dispersa por el mundo, a un terrorismo no ideológico ni religioso, sino azuzado por la abismal diferencia que habrá entre ricos y pobres?
-18. Otra brecha que se anuncia: un mercado laboral cada vez más desigual: masas incalculables de empleos mal remunerados, mientras un pequeño grupo de profesionales, los más avenidos y competentes para los fines de la economía digital, serán compensados de forma inusualmente alta. Por el contrario, Zanny Minton Beddoes, editora de economía de The Economist, habla de “la gran equiparación”. Su previsión es que a la larga fase de crecimiento de la desigualdad le seguirá un estrechamiento de las brechas. Ojalá esté en lo cierto.
-19. Hay una notable coincidencia entre los que opinan al respecto: las economías en desarrollo serán afectadas por esta cuarta revolución industrial. No estamos preparados, ni nuestros dirigentes, salvo excepciones, levantan su mirada hacia este horizonte. No vislumbran ni las ventajas potenciales que representa crear y poner en movimiento enclaves digitales, ni se imaginan los problemas que se están incubando por no tenerlos. La cuarta revolución digital planea sobre nuestras vidas, y todavía hay muchos que no se han percatado.
-20. La economía digital pone en ventaja a las empresas tecnológicas: pueden sostener un rápido crecimiento, a costos relativamente bajos, toda vez que pueden apelar al uso de trabajadores independientes, que se consiguen sin pago de prestaciones sociales, obligaciones parafiscales, seguros de salud y paro, y otros. Por lo tanto, la economía digital puede añadir elementos a la precarización del trabajo: otra fuente más de malestar y violencia.

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