Monday, March 6, 2017

Robert Skidelsky: La negación de los economistas

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Robert Skidelsky
Project Syndicate
Febrero 23, 2017
https://www.project-syndicate.org/commentary/bank-of-england-bad-forecasts-by-robertskidelsky-
2017-02/Spanish

A comienzos del mes pasado, Andy Haldane, economista jefe del
Banco de Inglaterra, dijo que el fracaso de los recientes modelos de
previsión de la institución se debía a un "comportamiento irracional".
La incapacidad de detectar esta irracionalidad había llevado a los
responsables de las políticas a pronosticar que la economía británica se
desaceleraría luego del referendo por el Brexit en junio pasado. Por el
contrario, los consumidores británicos se han dedicado a una compra
compulsiva e irresponsable desde la votación para abandonar la Unión
Europea; y, lógicamente, la construcción, la industria y los servicios se
han recuperado.
Haldane no ofrece ninguna explicación para este brote de
comportamiento irracional. Tampoco puede hacerlo: para él, la
irracionalidad simplemente implica un comportamiento inconsistente
con las previsiones surgidas del modelo del Banco de Inglaterra.
Y no se trata solamente de Haldane o del Banco de Inglaterra. Aquello
a lo que se refieren los economistas tradicionales cuando hablan de
comportamiento racional no es lo que usted o yo pensamos. En
lenguaje común, un comportamiento racional es aquel que es
razonable según las circunstancias. Pero en el mundo elitista de los
modelos de previsión neoclásicos, significa que la gente, equipada con
un conocimiento detallado de sí misma, su entorno y el futuro que
enfrenta, actúa óptimamente para alcanzar sus objetivos. Vale decir,
actuar racionalmente es actuar de una manera consistente con los
modelos de comportamiento racional de los economistas. Frente a un
comportamiento contrario, el economista reacciona como el sastre que
culpa al cliente de que el traje recientemente confeccionado no le
quede bien.
Sin embargo, el hecho curioso es que las previsiones basadas en
premisas y suposiciones absolutamente irrealistas pueden ser
perfectamente útiles en muchas situaciones. La razón es que la mayoría
de las personas son animales de costumbre. Dado que sus preferencias
y circunstancias en verdad no cambian de un día para el otro, y porque
sí intentan conseguir la mejor ganga cuando van de compras, su
comportamiento exhibirá un alto grado de regularidad. Eso lo torna
predecible. No hace falta demasiada economía para saber que si el
precio de nuestra marca preferida de pasta dental aumenta, lo más
probable es que cambiemos por una marca más barata.
Los modelos de previsión de los bancos centrales esencialmente
utilizan la misma lógica. Por ejemplo, el Banco de Inglaterra
(correctamente) predijo una caída del tipo de cambio de la libra
esterlina luego de la votación por el Brexit. Esto haría que los precios
subieran -y, por lo tanto, que el gasto de los consumidores se
desacelerara-. Haldane todavía sigue creyendo que esto sucederá; el
error del Banco de Inglaterra fue más una cuestión de "timing" que de
lógica.
Esto equivale a decir que la votación del Brexit no cambió nada
fundamental. La gente seguiría comportándose exactamente como
suponía el modelo, sólo que con un conjunto diferente de precios. Pero
cualquier predicción basada en patrones de comportamiento
recurrentes fallará cuando sucede algo genuinamente nuevo.
Un cambio fuera de rutina hace que el comportamiento se vuelva fuera
de rutina. Pero fuera de rutina no significa irracional. Significa, en la
jerga económica, que los parámetros han cambiado. La certeza de que
mañana será más o menos como hoy se ha desvanecido. Nuestros
modelos de riesgo cuantificable fallan cuando se enfrentan a una
incertidumbre radical.
El Banco de Inglaterra admitió que el Brexit crearía un período de
incertidumbre, que sería malo para los negocios. Pero la nueva
situación que generó el Brexit en verdad fue muy diferente de lo que
esperaban los responsables de las políticas, con sus oídos sintonizados
casi por completo con la City de Londres. En lugar de sentir que van a
estar peor (como "racionalmente" deberían pensar), la mayoría de los
votantes a favor de "Irse" creen que estarán mejor.
Justificado o no, el hecho importante sobre este sentimiento es que
existe. En 1940, inmediatamente después de la caída de Francia a mano
de los alemanes, el economista John Maynard Keynes escribió a un
corresponsal: "A título personal, ahora me siento completamente
confiado por primera vez de que ganaremos la guerra". De la misma
manera, muchos británicos ahora están más confiados en el futuro.
Este, entonces, es el problema -que Haldane vislumbró pero no pudo
admitir- con los modelos de previsión del Banco de Inglaterra. Las
cosas importantes que afectan a las economías se producen fuera de
los propios límites de los modelos económicos. Es por este motivo que
los pronósticos macroeconómicos terminan en las rocas cuando el mar
no está completamente sereno.
El desafío es desarrollar modelos macroeconómicos que puedan
funcionar en condiciones tormentosas: modelos que incorporen
incertidumbre radical y por lo tanto un alto grado de imprevisibilidad
en el comportamiento humano.
La economía de Keynes tenía que ver con la lógica de la elección en un
estado de incertidumbre. Él quería extender la idea de la racionalidad
económica para incluir el comportamiento frente a la incertidumbre
radical, cuando enfrentamos no sólo desconocidos, sino desconocidos
inescrutables. Esto por supuesto tiene implicancias mucho más severas
para la política que un mundo en el cual podemos esperar
razonablemente que el futuro sea más o menos como el pasado.
Hubo unos pocos intentos aislados de enfrentar el desafío. En su libro
de 2011 Más allá de los mercados mecánicos, los economistas Roman
Frydman de la Universidad de Nueva York y Michael Goldberg de la
Universidad de New Hampshire sostenían convincentemente que los
modelos de los economistas deberían intentar "incorporar factores
psicológicos sin suponer que los participantes del mercado se
comportan irracionalmente". Al proponer una estrategia alternativa
para los modelos económicos que ellos llaman "economía del
conocimiento imperfecto", instan a sus colegas a abstenerse de ofrecer
"predicciones agudas" y sostienen que los responsables de las políticas
deberían apoyarse en "rangos de guía", basados en parámetros
históricos, para contrarrestar las oscilaciones "excesivas" de los precios
de los activos.
El matemático ruso Vladimir Masch ha generado un esquema
ingenioso de "optimización restringida al riesgo", que da lugar de
manera explícita a la existencia de una "zona de incertidumbre". La
economía debería ofrecer "estimaciones muy aproximadas" que exijan
"sólo cantidades modestas de modelos y esfuerzo computacional".
Pero esos esfuerzos por incorporar incertidumbre radical en los
modelos económicos, por más valerosos que sean, son víctimas del
sueño imposible de domesticar la ambigüedad con matemática y (en el
caso de Masch) con ciencia informática. Haldane también parece
depositar su fe en conjuntos de datos más amplios.
Keynes, por su parte, no pensaba para nada de esta manera. Quería
una economía que diera libertad total de criterio, enriquecida no sólo
por la matemática y las estadísticas, sino también por la ética, la
filosofía, la política y la historia -temas ausentes en la formación de los
economistas contemporáneos, dejando un esqueleto matemático y
computacional-. Para ofrecer descripciones sensatas del mundo, los
economistas, solía decir, deben estar bien educados.

Robert Skidelsky (Harbin, China. 1939). Hijo de padres
rusos de origen judío. Profesor invitado en la Universidad de
Brighton. Investigador de historia en la universidad de Jesús,
Oxford. De 1961 a 1969, fue sucesivamente estudiante de
investigación, estudiante senior y becario de investigación en
el Nuffield College de Oxford. En 1967, publicó su primer
libro, Politicians and the Slump, basado en su tesis doctoral.
El libro explora las maneras en que los políticos británicos
manejaron la Gran Depresión
Es catedrático emérito de Economía Política en la
Universidad de Warwick.
Su magistral biografía de John Maynard Keynes (1983,
1992, 2000) ha recibido numerosos premios, entre los que
se cuentan el Lionel Gelber Prize for International Relations y
el Council on Foreign Relations Prize for International
Relations.
También es autor, entre otras obras, de El mundo después
del comunismo: la polémica de nuestro tiempo (Ariel, 1996)
y de El regreso de Keynes (Crítica, 2009).
Miembro de la Cámara de los Lores británica, obtuvo el título
vitalicio en 1991 y fue elegido fellow de la Academia
británica en 1994.

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