Thursday, March 9, 2017

Yasmín Nuñez: Venezuela en su laberinto

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Yasmín Nuñez

“Acatar normas injustas es convalidarlas”
Hace aproximadamente 18 años entramos en el más absurdo de los laberintos, empujados por el verbo atorrante de un hombre que pidió a los humildes y a los no tan humildes una confianza ciega y absoluta, con el fin de consolidar un proyecto oscuro y comprado con sobreprecio en la isla de Cuba, el cual hoy amenaza con borrar de nuestra memoria los recuerdos de una Venezuela próspera y llena de oportunidades para propios y foráneos, que una vez tuvimos.
Encontrar el camino correcto que nos saque de este inmenso desastre está resultando costoso, difícil, agotador y frustrante para la mayoría de los venezolanos, que seguimos en pie de lucha en contra de quienes nos han impuesto la pobreza extrema como mecanismo de sumisa esclavitud, para poder perpetuarse en el poder, y así expoliar nuestras riquezas y amasar ingentes fortunas a costa de la ruina completa del país.
En la Venezuela actual todo resulta confuso, pues quienes fueron elegidos, o se auto eligieron como líderes opositores, lucen hoy perdidos, erráticos, sin brújula, sin proyecto de presente y sin atisbo de futuro, los cuales se suponía tendrían estrategias seguras para conducirnos con éxito por el camino de la verdadera democracia.
Que los más desposeídos se hayan dejado arrastrar a lo más profundo e intrincado de este laberinto, plagado de callejones sin salidas es por lo menos entendible, aunque no justificable, pues es muy fácil someter a la gente cuando se utiliza la comida como chantaje. Pero que los dirigentes políticos, incluso a los más veteranos en estas lides, se hayan sometido mansamente a los designios del régimen, acatando normas, sentencias y decisiones arbitrarias, resulta como mínimo cobarde o un descarado acto de complicidad.
Que esta dirigencia opositora se haya dejado quitar las competencias legislativas por un órgano incompetente para asumirlas; se haya sometido a reglas electorales inventadas sobre la marcha con el único propósito de minar cualquier salida electoral; se haya sentado en una mesa de diálogo sin condiciones, a cambio de promesas vanas, aceptando mediadores poco confiables por sus afinidades ideológicas con el régimen; haya asumido a partes iguales responsabilidad en una guerra económica dirigida en exclusiva por el Poder Ejecutivo; haya negado, como el Pedro bíblico, la condición de nuestros valientes presos políticos y entregado en bandeja de plata a los tres diputados legítimamente elegidos por los votantes del estado Amazonas; que estén ocupados en promover prematuramente candidaturas presidenciales en medio de la más escandalosa violación sistemática de los derechos humanos de millones de venezolanos que mueren de hambre o por falta de medicinas para el tratamiento de enfermedades graves; que sigan empecinados en evitar que se impongan sanciones al régimen con el fin de poder "negociar" la celebración de comicios que se pierden incluso ganando; y por último, que hayan aceptado una humillante recolección de firmas para un proceso de "validación" de partidos que nos recuerda al fallido referéndum revocatorio, no solo ha hundido en la más profunda decepción a la mayoría de los venezolanos, sino que además nos ha alejado de la esperanza de salir por la vía pacífica de este desesperante proyecto comunista.
Resulta indignante que teniendo tantos líderes mundiales a nuestro favor exigiendo cambios en Venezuela, pidiendo la aplicación de la Carta Democrática en el seno de la OEA, la oposición luzca sospechosamente distraída ante los planes totalitaristas del régimen.
Llegó la hora de reflexionar sobre cuáles opciones nos quedan para salir de este desastroso laberinto, de plantearnos la conveniencia de dejar a un lado a quienes no solo no ayudan sino que obstaculizan el propósito de alcanzar nuestra libertad. Debemos unirnos para recuperar la confianza en nosotros mismos y, sobre todo, recuperar la fe en que sí es posible encontrar una salida, pues la hay, aunque nos quieran hacer creer lo contrario.
Una vez logrado el objetivo de restablecer el orden constitucional, corresponderá trabajar con todas nuestras fuerzas para levantarnos una vez más, eso sí: tendremos primero que cuestionar la idoneidad de la actual clase política para liderar el próximo paso, que sería la reconstrucción total del país, pues no podemos dejar el brillante porvenir que nos espera en manos de quienes hoy aceptan sumisos las arbitrariedades de un régimen antidemocrático, por carecer del valor para enfrentarlo.

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