Adolfo P. Salgueiro
Lo que uno jamás hubiera pensado: que en la gran democracia norteamericana se pudiera presentar el debate y la pugnacidad militante entre el gobierno y la prensa libre. Pues hete aquí que esa “perlita” que nosotros creíamos exclusiva de las sociedades menos democráticas ha aflorado en Estados Unidos con inusitada intensidad, adornado con fuertes epítetos y actitudes que ahondan aún más la ya importante polarización política existente en ese país. Ahora resulta que Trump –con tecnología Chávez/Maduro– arremete contra los medios de comunicación social con lenguaje y actitudes que parecen calcados del Júpiter de Barinas y su devaluado sucesor, ambos patológicamente bocones.
No es que seamos tan ingenuos como para creer que los grandes periódicos y canales de televisión estadounidenses carezcan de intereses particulares. Sin duda los tienen, pero en la mayoría de los casos se desempeñan con estándares de bastante responsabilidad, verificación de hechos, cifras, fuentes y demás parámetros que han permitido que el New York Times, Washington Post, Wall Street Journal, Los Angeles Times y otros hayan alcanzado altos grados de prestigio y credibilidad sin dejar de servir a las causas o intereses que les son propios. Lo mismo se puede decir de los canales de televisión CNN, FOX, ABC y otros que sin ser la Biblia contribuyen a esclarecer la opinión pública cuyo derecho a estar informada es fundamental para el funcionamiento normal de la democracia. Para quienes no piensan así podemos contraponer el ejemplo de la información generada en medio de la “hegemonía comunicacional” del Estado, cuya inequidad no necesita explicación para nosotros los venezolanos (VTV, Telesur, etc). Lo anterior sin olvidar que en una sociedad libre los medios de comunicación suelen ser empresas privadas cuyo derecho a fijar línea editorial es incuestionable. También hay empresas mediáticas propiedad del Estado como la BBC británica o la TVE española cuya gestión es independiente del gobierno y no está subordinada al mismo. Obviamente no es el caso de la RT (rusa) y otras.
En Estados Unidos, jefes de Estado –como Nixon y Bush I– afirmaron preferir una prensa independiente que los critique antes que un clima donde la misma estuviera amordazada, porque ellos reconocían que esa libertad era constructiva para el afianzamiento de la transparencia de gestión que el gobierno debe a sus ciudadanos en una sociedad democrática.
Ahora resulta que Mr. Trump, igualito que Chávez, mediatizó y mandó a sacar a empellones de un acto de campaña al respetadísimo periodista estadounidense (de origen mexicano) Jorge Ramos porque le estaba formulando una pregunta incómoda. Eso como candidato. Ahora como presidente, por idéntica razón, manda revocar las invitaciones para sus conferencias de prensa a los corresponsales acreditados por el New York Times, Time, Washington Post, etc., porque según él informan mintiendo y según el siniestro y poderoso asesor presidencial Steve Bannon constituyen el “partido político de la oposición”. Tan grave es este hecho que varios otros corresponsales se han excusado de asistir a esos encuentros en solidaridad con sus colegas excluidos, en repudio a una actitud jamás vista en esos escenarios. Chávez parece haber resucitado instalándose en la Casa Blanca dando lugar a que la mismísima SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), percibida como enemiga jurada del comportamiento “bolivariano”, también se haya visto obligada a pronunciarse criticando el proceder del nuevo inquilino del 1600 de Pennsylvania Avenue.
Así pues, cuando uno pensaba que las sociedades democráticas y el tan cacareado “Primer Mundo” eran consustanciales con el respeto (que no necesariamente el amor) por la prensa libre, caemos en cuenta de la mucha razón que asistía al sabio caballero Don Quijote cuando advirtió a su escudero: “Cosas veredes, Sancho”, previniéndolo de las inusitadas sorpresas que ofrece la vida. Chávez, Maduro, Trump, Putin y varios más, en un mismo saco, encontraron en los medios el chivo expiatorio que siempre hace falta para gobernar con menor control. Menos mal que en Estados Unidos el sistema constitucional de pesos y contrapesos aún funciona con aceitada eficiencia, bajo la vigilancia de un Congreso independiente y un Poder Judicial verdaderamente respetable y respetado.
No comments:
Post a Comment