Wednesday, March 15, 2017

Humberto González: Cada corrupto tiene su “Padrino”

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Humberto González

El general Vladimir Padrino López se mueve como pez en el agua para tratar de mantener la precaria correlación de fuerzas entre diferentes bandos en la FANB. Estos grupos luchan sin tregua por el control del aparato militar y del gobierno. Esa lucha brutal por el poder ha creado feudos que usan ministerios, misiones y oficinas del gobierno para beneficiar a sus operadores por la vía de la corrupción y el peculado.
Esta plaga que invade todos los niveles y sectores del gobierno se desarrolla con más rapidez e intensidad en el sector militar. La era chavista convirtió a la FANB en una inmensa fraternidad de complicidades, en la que todos los involucrados se tapan mutuamente para seguir en lo mismo. “Si tú no te metes conmigo, yo no me meto contigo”. Esa lógica ha permitido ocultar hechos de corrupción y hasta actos de negligencia en las Fuerzas Armadas, que han sacrificado vidas de oficiales y soldados.
Aparte de las compras de comida, provisiones y armas para las Fuerzas Armadas –sobre las cuales nunca nadie, en la era chavista, ha rendido cuentas– hay tres áreas en las que la discrecionalidad de los militares ha desatado negocios al margen de la ley: alimentos, salud y finanzas. Oficiales militares han sido designados para administrar millones de dólares sin otro requisito que su incondicionalidad con el jefe de su respectiva tribu. Muchos han ejercido esos cargos sin rendir cuentas y de la noche a la mañana se han enriquecido groseramente.
Los escándalos que involucran a militares en hechos de corrupción han sido muy bien documentados por excelentes trabajos de periodismo investigativo. El degredo en que estos actos de pillaje y saqueo han convertido a las FANB ha llevado al propio general Padrino López a admitir que, efectivamente, sí hay corrupción en el gobierno y en las Fuerzas Armadas. Pero siempre con su estilo retórico y evasivo, Padrino López trata de justificar el fenómeno con el argumento de que “no hay corruptos sin corruptores”. Con esa singular interpretación de la ética trata de proteger a unos y condenar a otros.
El año pasado este general tuvo que ceder ante la creciente presión dentro de su propia institución. En el programa de TV José Vicente Hoy señaló que de haber corrupción en la FANB se debería investigar, y retó a que le presentaran pruebas de militares corruptos, quizás con la esperanza de que nadie le tomaría la palabra.
Oficiales allegados al general aseguran que su escritorio se llenó, literalmente, de cientos de cartas y documentos que referían la participación de militares –activos y retirados– en actos de corrupción. Pero el general desestimó las denuncias y aseguró en una asamblea de oficiales que él no se iba a prestar para una guerra de chismes. Además, exhortó a “dar la cara” a quien quisiera mostrar actos de corrupción en la FANB. Así dejó Padrino López “colgando de la brocha” a cientos de oficiales que tomaron en serio sus palabras.
Detrás del viscoso barniz de seudointelectualidad, con frases rebuscadas para adornar sus proclamas, se esconde un militar pragmático que se ha convertido en el garante de esa fraternidad de complicidades que opera en la FANB. Su papel es asegurarse de que cada grupo respete sus cuotas y territorios, y que nadie trate de alterar el precario balance que sostiene al régimen. Pero más que eso, Padrino López no tiene el menor interés en luchar contra la corrupción y sacar a los corruptos de la FANB.
La impunidad y la complicidad con la corrupción se imponen, pues lamentablemente en el régimen cada corrupto tiene un “Padrino” allá arriba, que lo protege.

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