Wednesday, March 15, 2017

Pedro Luis Echeverría: El ominoso silencio

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Pedro Luis Echeverría
Cuando usted lea este artículo, Nicolás Maduro se habrá encadenado varias veces más para promocionar su decadente liderazgo y su incompetente administración. Así lo hace y lo seguirá haciendo porque carece de realizaciones importantes y un perfil propio que lo identifiquen con el país. Esa es su angustia y su tragedia. Ello, nos exige a todos los ciudadanos reflexionar seriamente sobre los alcances y consecuencias del significado que tal situación tiene para el futuro de la Nación y sobre la perspectiva inmediata de un gobierno que carece de viabilidad y voluntad política de actuar para evitar y corregir la secuela de circunstancias negativas que asolan a todos los ciudadanos, sin distingos de ninguna naturaleza. No olvidar que, entre otros males, la escasez, el desempleo, la inflación, la inseguridad, afectan por igual a los seguidores del gobierno y a los que disentimos de su forma de gobernar. Ser indiferente frente al estado de cosas que vivimos no excluye a nadie de las consecuencias del resultado; el indiferente está involucrado aún cuando no lo quiera y por tal razón nadie debería aceptar pasivamente que sean otros los que resuelvan sobre las situaciones futuras en las que indefectiblemente todos nos veremos envueltos.
La responsabilidad de enfrentar a este régimen no puede ser entendida como la lucha de un puñado de idealistas, ni tampoco como la tarea de un sector político específico, mientras los demás se limitan a guardar silencio bien sea por comodidad, cobardía o por complicidad, convencidos, como parecen estar, que la lucha que se libra diariamente es simplemente una batalla de moralistas ingenuos o ilusos. Todas las fuerzas políticas y todos los sectores sociales debemos entender que luchar por cambiar positivamente la triste realidad que vive el país es una causa común, imprescindible para la supervivencia de la Nación. En Venezuela todos tenemos el compromiso de perseverar en esta lucha hasta colocar los fundamentos de una nueva época en la vida nacional; este es el deber que nos impone el ser venezolanos.
Debemos pensar que el país discurre en un clima de extrema incertidumbre. Los recientes acontecimientos y su imprevisible desenlace nos obligan a situarnos mentalmente mejor para prepararnos a enfrentar las eventuales acciones que podrían derivarse de la desesperación y angustia que actualmente atenazan a las facciones chavistas y a su espurio y dividido liderazgo. Asimismo, asumir una actitud indiferente de nuestra parte, podría cerrar las posibilidades al necesario proceso de recambio que requiere y reclama el país. Ya basta de permitir que los menos capacitados conduzcan equivocadamente la nave del Estado e impidan el acceso al poder de nuevas generaciones de venezolanos llamados a modernizar las caducas visiones de los que han gobernado por tanto tiempo. Ser indiferente no resuelve los seculares problemas que nos afectan, por el contrario, garantiza que el país siempre tendrá lo peor de “más de lo mismo” como lo demuestran fehacientemente los continuos fracasos del gobierno actual durante el tiempo que ha gobernado. Hay cosas básicas que debemos realizar para nuestro beneficio como ciudadanos y para deslastrarnos de un liderazgo mediocre y decadente y para eso se impone la necesidad de tomar decisiones. Ese momento ha llegado. Tengamos presente que de cada uno de nosotros dependerá la suerte de la República y la de nuestro entorno familiar.
Es evidente que actualmente el gobierno tiene el control de casi todas las instituciones del Estado, no obstante, paulatinamente, ha entrado en el ocaso de su tiempo histórico que podría ser acelerado siempre que la participación y la voluntad opositora por un cambio aumenten sensiblemente; de otro modo, aún cuando los errores sistemáticos del gobierno sigan presentes, no debemos permitir que solo la inercia de su deterioro sea el catalizador de su final. Lo que vive el país es un problema de todos, que todos debemos resolver. Tenemos ante nosotros, en caso que fracasen por errores estratégicos o insuficiencia de apoyo político todas las iniciativas tendentes a encontrar una salida a la situación planteada, la posibilidad de dirimir nuestras diferencias con el régimen mediante una confrontación fratricida o, en su defecto, que el continuo deterioro del país, nos desgaste, nos convierta en una entelequia, un remedo de sociedad, un frustrante recuerdo de lo que pudimos haber sido y, con ello, se imponga definitivamente la visión gubernamental que nos quiere así.

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