Enrique Viloria Vera
Desde el 6D presencio las heridas que la masiva y contundente
elección parlamentaria causó en un dolido y cariacontecido oficialismo
revolucionario, un par de boleros pueden – quizás- servir para paliar sus penas y desencantos,
acá van versionados:
El
MALQUERIDO
Si yo pudiera borrar su vida, la borraría,
Aunque quisiera también así, borrar la mía.
Al conocerla nunca creí lo que decía;
Pobre de mí, porque al quererla, me malquería.
Soy malquerido porla Patria que yo más quiero
Y esa Patria vive conmigo queriendo a otro.
He mantenido cuerpo y alma en un infierno,
Soy malquerido pero dejarla por Dios, no puedo.
Ay, que agonía, pobre de mí, ser malquerido,
Aún así de noche y día vive conmigo…
Aunque quisiera también así, borrar la mía.
Al conocerla nunca creí lo que decía;
Pobre de mí, porque al quererla, me malquería.
Soy malquerido por
Y esa Patria vive conmigo queriendo a otro.
He mantenido cuerpo y alma en un infierno,
Soy malquerido pero dejarla por Dios, no puedo.
Ay, que agonía, pobre de mí, ser malquerido,
Aún así de noche y día vive conmigo…
en mis
noches de socialista insomnio.
FALSARIA
Cuan
falso fue tu amor, me has engañado.
El juramento aquel al Comandante Eterno era fingido.
Sólo siento, Comuna, haber creído
Que eras el ángel que yo había soñado.
Con que te vendes ¡eh! Noticia grata.
No por eso te odio ni te desprecio;
Aunque tengo poco oro y poca plata
y en materia de compras soy un necio.
Espero a que te pongas más barata
Sé que algún día bajarás de precio.
El juramento aquel al Comandante Eterno era fingido.
Sólo siento, Comuna, haber creído
Que eras el ángel que yo había soñado.
Con que te vendes ¡eh! Noticia grata.
No por eso te odio ni te desprecio;
Aunque tengo poco oro y poca plata
y en materia de compras soy un necio.
Espero a que te pongas más barata
Sé que algún día bajarás de precio.
Justicia es devolver al Palacio de las MIL FLORES:
los taxis y televisores chinos, las operaciones milagrosas, las viviendas sin
título de propiedad, el arroz de MERCAL, los pollos brasileros, las boinas y
franelas colorás, el ¡’UH AH! y los ojitos del Eterno.
Frustrados y sufridos dirigentes bolivarianos,
muy cierta la frase del Libertador:
La ingratitud es el crimen más grande que pueden los
hombres atreverse a cometer.
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