César Miguel Rondón
Dice el viejo refrán que hablando se
entiende la gente. Hablar es privativo de los seres humanos. Es nuestro
privilegio. Y, en efecto, si hablamos nos entendemos. Las personas
civilizadas se sientan y conversan, solo los animales se van a la
violencia de buenas a primeras.
Cómo estará de mala la situación
política del país, cómo estará de enrarecido el ambiente, que la mera
posibilidad de sentarse a hablar enciende las alarmas. Así habremos
llegado al colmo de la tensión y la violencia, que la eventualidad de un
diálogo revuelve demonios en ambas partes. En el gobierno hay gente que
cree que hay que sentarse a hablar. Otros, como Diosdado Cabello y
Elías Jaua lo consideran inviable, imposible. Algo parecido ocurre en el
terreno opositor. Leo en Elpitazo.com:
“Comisión delegada de la AN culmina con tensión por el tema del diálogo
gobierno–oposición. Versiones contradictorias se evidenciaron horas
antes de que se confirmara que el gobierno y la oposición reanudaron el
diálogo”. Nueva Prensa, en Ciudad Guayana,
va más allá: “Empieza a salir humo blanco entre la oposición y el
oficialismo”. Jorge Rodríguez confirmó que se han reunido: “Se han
realizado dos reuniones preparatorias para establecer un posible proceso
de diálogo”. Suficiente para que estalle el escándalo. El Informador, en Barquisimeto: “El gobierno confirma reunión para diálogo con la oposición”.
El ambiente está tan enrarecido,
decía, que cuando Jorge Rodríguez hace el anuncio pareciera estar
buscando perturbar el ambiente dentro de la oposición. Sin embargo, como
dice el comunicado de la MUD, es el gobierno que, por sus propias
fracturas, no tiene la manera de sentarse a dialogar. En el comunicado
la Mesa informa que solo se van a reunir para exigir el referéndum
revocatorio. Lo que ya había advertido reiteradamente Henry Ramos Allup.
“No tiene sentido “dialogar” para dar
más tiempo a quien ha derrochado 17 años, ni para darle más dinero a
quien ya despilfarró un millón de millones de dólares. Dialogar tiene
sentido si y solo si es para devolverle al pueblo su poder, el ejercicio
pleno de su Soberanía, su capacidad de decidir el camino para resolver
la crisis y salir adelante. Por eso hemos acudido a las reuniones del
llamado pre-diálogo, esas mismas que hoy las intrigas internas del
oficialismo han intentado dinamitar.
“EL DIÁLOGO VERDADERO NO ES UN “TRUCO”
DEL GOBIERNO, NI UNA ESTRATEGIA DE LA OPOSICIÓN: ¡ES UNA NECESIDAD DEL
PAÍS! En Venezuela viene un cambio, al cambio no lo para nadie, y para
que ese cambio sea en paz y para bien es necesario que los venezolanos
nos pongamos de acuerdo. Quienes hoy son gobierno mañana serán
oposición. Quienes hoy somos oposición mañana indudablemente seremos
gobierno. TODOS los actores deben tener seguridad de que esos roles
podrán ser ejercidos con las garantías, derechos y responsabilidades que
establece nuestro pacto de convivencia, que es la Constitución de la
Republica Bolivariana de Venezuela. Para eso es que vale la pena
dialogar.”
Un comunicado suficientemente claro y
preciso. Pero, lo sabido, hay gente que no quiere que se hable nada de
nada con nadie. ¿Cómo se va a dialogar con alguien que nos miente, que
nos engaña y que no tiene palabra?, dicen las voces más radicales de la
oposición, y no les falta razón. ¿Cuánto crédito puede tener la palabra
de Jorge Rodríguez, por ejemplo? Seguramente ninguno. Pero igual hay que
sentarse a hablar porque lo contrario a hablar es violencia. Y en el
terreno de la violencia perdemos todos. Sabemos cuando comienza, pero no
sabemos cuándo ni cómo termina.
Ojalá el mentado pre-diálogo conduzca
al diálogo verdadero. En todo caso, lo que se pretende es que en este
año 2016 pueda -¡por fin!- llevarse adelante el Referéndum Revocatorio,
ni más ni menos.
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