Friday, February 20, 2015

El gobierno corta cabezas para obstruir la vía electoral

En: http://konzapata.com/2015/02/el-gobierno-corta-cabezas-para-obstruir-la-via-electoral/

Lo que antes era el principal activo del chavismo, el tablero electoral, ahora es su principal pasivo. De allí su arremetida. El Gobierno necesita pasar por la guillotina a Ledezma, a Borges y a Machado para que la alternativa democrática vaya debilitada a las parlamentarias (como un boxeador con las manos atadas) o para, simplemente, provocar un clima tal de crispación que conduzca a decretar un estado de excepción y abortar las elecciones de diputados.



10Por Gloria M. Bastidas @gloriabastidas.
 
¿Por qué el Gobierno toma como presa a Antonio Ledezma y le abre un juicio? ¿Por qué le pone el ojo a Julio Borges bajo la amenaza de allanarle la inmunidad parlamentaria? ¿Por qué despojó de su curul a María Corina Machado y la tiene en su lista negra? Porque ellos tres son cabeza indiscutible de la oposición.  Y porque, en un inminente escenario electoral (al menos eso es lo que dicta la Constitución) y con las encuestas muy en contra del régimen, la alternativa democrática representa un peligro de muerte para el chavismo y hay que descabezarla a como dé lugar. Hay que desarticularla. Hay que desmembrarla. Hay que pasarla por la guillotina. Hay que llevarla al paredón sin contemplaciones. Eso es lo que busca el Gobierno: fulminar a sus contrincantes, pero no por la vía de los votos —como corresponde en una auténtica democracia— sino por la vía del linchamiento político. De la cárcel. Del hostigamiento. De la persecución.
Porque es lo que dice Capriles: el Gobierno busca un atajo.
Quizá el régimen prepare el terreno para decretar un estado de excepción y abortar las elecciones parlamentarias. Un clima de crispación como el que auspicia le viene bien para este escenario. La narrativa golpista es su gran argumento. Es algo parecido a lo que ocurrió con RCTV: no es que lo cerramos, es que feneció la concesión. Igual sucedería en esta oportunidad: no es que no deseemos elecciones, es que está en ciernes un golpe y, bajo esa amenaza, las parlamentarias pasan a un segundo plano porque primero está la patria. Primero está la revolución. Pero no necesariamente el objetivo es cancelar definitivamente el proceso comicial. Todo depende de cómo se tome el país la arremetida del régimen. Todo depende de si la protesta se desborda y la oposición pisa el peine que el chavismo quiere que pise. Porque es lo que dice Capriles: el Gobierno busca un atajo.
También puede ocurrir que la oposición logre controlar sus demonios y que mantenga el foco estrictamente en el plano electoral, sin dejarse dominar por las hormonas y por las bajas pasiones. Pero, aun en ese escenario, en el escenario de que la oposición no caiga en provocaciones, el Gobierno podría lograr su objetivo, que es arrebatarle a sus adversarios (a los que más bien trata como enemigos) todo vestigio de liderazgo y de organización. Es decir, que podría haber elecciones, dado que la protesta no se desborda y no se produce un ambiente que justifique un estado de excepción, pero en unas condiciones muy desventajosas para la alternativa democrática porque sus principales cuadros estarían bajo la condición de rehén. ¿Podría hablarse en ese caso de unas elecciones competitivas, que ya de suyo no lo son bajo un régimen que siempre apuesta al ventajismo? Eso es como si en una pelea, uno de los boxeadores se presentara al ring con las manos atadas. Es lo que busca el gobierno: que la oposición pelee sin margen de maniobra. Y además de descabezar al liderazgo opositor, el Gobierno, que controla todos los poderes, tiene otra carta: adelantar las elecciones. Esa también podría ser una fórmula: fusilar a los líderes de la alternativa democrática y ajustar el cronograma electoral para que así la oposición tenga menos tiempo de organizarse.
LedezmaAhora, el chavismo corre el riesgo de que la jugada no le salga bien. Que pese a que fulmine al organigrama opositor, pese a que acabe con sus cabezas, la alternativa democrática, por esos milagros que operan ante las crisis y ante los retos históricos, remonte la cuesta y, al más puro estilo darwiniano, logre adaptarse a esa nueva realidad. Puede que ocurra lo que ocurre con la mandrágora, ese animal mitológico que se reproduce por un lado mientras lo cortan por el otro. Por eso de aquí en adelante lo que veremos será una implacable cacería de brujas por parte del régimen para tratar de extirpar (sí, la cosa es quirúrgica) toda iniciativa de resurrección. No le conviene al Gobierno el efecto mandrágora, pero es casi imposible que lo conjure: tendría que construir una jaula demasiado grande. Y, como dice la canción, no hay cárcel pa’ tanta gente. Ese efecto mandrágora fue el que se dio con las alcaldías de San Cristóbal y de San Diego. Les fueron arrebatadas a Daniel Ceballos y a Enzo Scarano y fueron recuperadas, mediante nuevas elecciones, por sus esposas.
El chavismo se halla en una verdadera encrucijada. Lo que antes era su principal activo —las elecciones— ahora constituye su principal pasivo. Y esto le plantea un dilema: ¿salirse del cuadrante electoral? Hasta ahora, más allá de todos los vicios que ha habido en los procesos comiciales, que son inconmensurables (basta la confesión del ex ministro Giordani de cómo el dineral que echaron a la calle para captar votos destruyó la economía), el Gobierno se ha mantenido a trancas y barrancas en el carril electoral. Es ése el único vaso comunicante que le queda con la democracia: las elecciones. Cierto, con un CNE sesgado, con el control de absolutamente todos los poderes, con unas FANB que aplauden a los líderes chavistas en lugar de aplaudir la neutralidad que les corresponde aupar, con un ventajismo que raya en lo obsceno, pero en el carril electoral. Y eso es lo que ha dado pie para que muchos, que tienen un concepto precario de lo que es la democracia, que no se reduce meramente a lo electoral, no terminen de definir a este régimen como dictatorial. Las boletas electorales han sido el oxígeno del chavismo. Un caso distinto al de Cuba, donde priva un régimen de partido único y el Gobierno revolucionario compite consigo mismo. Allí hay un solo boxeador en el ring.
Bueno, ese vaso comunicante que le queda al Gobierno con la democracia está a punto de desvanecerse. En inglés, existe un término que lo grafica muy bien: fade, que significa desdibujarse. Y ése es el aprieto en el que está la nomenclatura chavista. ¿Cortamos también con ese vínculo así como decidimos cortar con eso de que las FANB son apolíticas, así como decidimos cortar con aquellos preceptos de la democracia liberal burguesa de que los poderes deben estar al servicio de la nación y no de quien ejerce el mando, de nosotros los revolucionarios, así como decidimos confiscar la libertad de empresa? Pero cortar el único lazo que une al Gobierno con lo democrático traería consecuencias catastróficas. Sería decretar el gorilato. Y por eso es que el chavismo se juega otras cartas antes de jugarse la de la ruptura definitiva con lo electoral.  Por eso se juega la carta de descabezar a la dirigencia opositora para, por este camino, sin cortar directamente con lo electoral, aplicar un fade. Y volvamos al comienzo. ¿Por qué Ledezma? ¿Por qué Borges? ¿Por qué María Corina Machado?
Ledezma es el Quijote de la oposición. El alcalde Metropolitano encarna el arquetipo del luchador. Es un político al que le quitaron competencias y hasta la sede de gobierno y, aun así, logró obtener casi 750  mil votos en la reelección. Y uno se pregunta: ¿Por qué la gente lo reeligió si prácticamente fue inhabilitado como gobernante? Porque los votantes premian su tenacidad. Su guáramo. Su ímpetu. Ledezma representa lo que los venezolanos echan de menos bajo un régimen que tiende un cerco con visos totalitarios: la esperanza. Ledezma es una mandrágora. Un terco. Un fajado. Y eso es capital para enfrentar a un sistema cuyo propósito fundamental es doblegar a sus adversarios. Por eso le declaran la guerra a muerte. Una yihad contra el alcalde. Y porque, como dice Fausto Masó, es un político sagaz. Ledezma tiene escuela, no es ningún outsider. Ledezma podía ser una pieza fundamental para conducir las protestas que podrían generarse a propósito de la crisis económica, que derivará más tarde o más temprano en crisis política y social. Por eso, el chavismo le teme. Le teme porque es un contrincante peso pesado. Y porque, con un Leopoldo López preso y con un Capriles que podría tender al desinfle, Ledezma podría pasar a ocupar una posición mucho más protagónica en el tablero de la oposición. Esto no lo puede tolerar el Gobierno. Y por eso lo aborta.
11Julio Borges, por su parte, ha sido un gran arquitecto de la cruzada electoral de la oposición. Una cruzada que significó, entre otras cosas, que Henrique Capriles Radonski le pisara los talones a Nicolás Maduro en el matchde abril de 2013. Borges es el fundador de un partido político, Primero Justicia, cuyo candidato estuvo a punto de hacer cumbre. Sí, porque no se puede calificar de otra manera el hecho de que la oposición haya obtenido 7 millones 363 mil 980 votos contra los 7 millones 587 mil 579 votos que sacó el Gobierno en las presidenciales de hace casi dos años. Esa diferencia de un escaso 1,49 por ciento tiene para la alternativa democrática el mismo valor que tiene para un montañista llegar a la cima del Everest. La hazaña de Capriles Radonski, que luchó contra un Estado y no contra un mero candidato presidencial, que participó en una campaña casi sin medios de comunicación que divulgaran su discurso y  sin la petrochequera de la que disponía su contrincante, significó lo mismo que para el explorador neozelandés Edmund Hillary significó pisar la cima del Everest por primera vez y hacer historia.
Y en esa faena de montañismo, más allá de que Capriles Radonski hizo su trabajo con la tenacidad de una hormiga y hasta podría considerarse que fue un candidato suprapartido, Borges desempeñó un papel capital. La jugada contra el diputado no es un trapo rojo para distraer a la gente de los graves problemas que la acechan. La jugada lo que persigue es desmontar a toda costa el tinglado que requiere la oposición de cara a las parlamentarias. Si Julio Borges tuviera otro nombre, se llamaría sufragio. Por eso el chavismo (la cúpula chavista, más bien) se decanta por fusilarlo. Porque al fusilarlo a él, que es la quintaesencia de lo electoral, descabezan el aparato que Borges ha venido montando desde hace años. Borges ha sido un gran organizador y ha coronado grandes éxitos desde la plataforma de Primero Justicia.  ¿O no fue un éxito que Carlos Ocariz ganara en 2008 nada más y nada menos que la importantísima alcaldía de Petare cuando el chavismo todavía era ultra popular? ¿O no fue un éxito que Capriles Radonski se alzara ese mismo año con la gobernación de Miranda y destronara a Diosdado Cabello, cosa que el presidente de la Asamblea no les perdona ni a Capriles ni a Borges? ¿O no vienen de Primero Justicia los dos principales líderes de la oposición de hoy en día, Capriles y López? Borges ha dirigido una fábrica de producción de dirigentes. Y por eso le quieren impedir que siga manufacturando cuadros y votos.
KLUISAORTEGA__¿Y qué le cobran a María Corina Machado? Ya lo escribí aquí mismo, en Konzapata, cuando pretendieron imputarla por magnicidio. Lo repito: Que organizó un aparato llamado Súmate, con 30 mil voluntarios en todo el país, para la activación de la figura del referéndum revocatorio presidencial. Que Machado constituyó una figura clave para la recolección de casi tres millones de firmas que pusieron a temblar al establisment chavista. Nada más que eso le cobran. ¿Y por qué se lo cobran? Por lo que dice el filósofo político italiano Norberto Bobbio: porque lo más importante de la democracia moderna es la sociedad civil. Ella es una pieza poderosísima en el ajedrez del poder. Y eso no se lo perdonan a María Corina Machado: que organizó al rebaño y que lo dotó de consciencia sobre lo que significa cuidar el voto y organizarse electoralmente. Ese aparataje que Súmate montó fue crucial en las elecciones de abril de 2013, cuando prácticamente hubo un empate técnico entre Capriles y Maduro, si acaso no un triunfo del primero. Eso habla de la dimensión del trabajo de Machado, que no fue solo de ella, claro está, sino de un ejército de ciudadanos, pero en el que ella dejó una impronta que no es del agrado de los dueños del poder.
Bobbio considera que el derecho a la asociación es el nervio de la democracia. Y eso fue lo que hizo Machado desde Súmate: ejercer esa disposición constitucional. Para Bobbio, el pluralismo nace del derecho de asociación. ¿Asociarse en qué? En partidos. En sindicatos. En organizaciones no gubernamentales (de derechos humanos, por ejemplo). En gremios profesionales (Colegio de Periodistas, Colegio de Ingenieros, Colegio de Abogados, Colegio de Médicos). “Cuando se habla de democracia pluralista se habla de democracia no tanto de muchos individuos: se habla de una democracia de muchos grupos (…) Los individuos para contar políticamente deben pasar a través de estos grupos”, dice Bobbio. Es decir, ésas son las partes que hacen el todo en una democracia. O casi el todo. Porque lo otro es el Estado propiamente hablando. Bobbio cita al escritor inglés-americano Thomas Paine, autor del libro El derecho y el hombre, quien afirmaba tajantemente: “La sociedad es buena y el Estado es malo”. Lo que quería decir Paine —recuerda Bobbio— es que la primera debe ser más fuerte que el segundo.
MaduroEntonces ya vemos por qué le cobran a María Corina Machado ser fundadora de Súmate. Porque Súmate, en tanto que representa el interés de un grupo de la sociedad que se opone a la clase política dominante, es expresión genuina de la democracia moderna, en la que el derecho de asociación constituye una conquista. Súmate es el exponente de la organización electoral y ciudadana, que es incompatible con un régimen que aspira a la eternidad y que ve en sus adversarios a enemigos que hay que exterminar. Súmate encarna un contrapoder. María Corina Machado, su fundadora,  simboliza lo que el Gobierno quiere desdibujar. Eso a lo que el chavismo pretende aplicarle el fade: lo democrático, lo electoral, la alternancia, la ciudadanía. Por eso es que María Corina Machado es otra presa codiciada. Y porque, como Ledezma, puede ser una pieza clave en la conducción de la protesta en una Venezuela que es una olla de presión. La diputada despojada de su curul fue la que acuñó aquella frase que en las encuestas se hace realidad: somos mayoría.  Y a eso le teme demasiado el Gobierno: a la infidelidad estadística de quienes se niegan a ser sus siervos. Una legión que crece y crece y que pone al régimen en el inelegante papel de creer que ahora la soberanía popular reside en él y no en el pueblo.

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