En: http://www.analisislibre.org/el-mito-del-lider-fuerte-nuevo-libro-de-archie-brown/
En pocas palabras. Javier J. Jaspe
Washington D.C..
Termino de leer el último libro de Archie Brown, profesor emérito de
Política en la Universidad de Oxford: El mito del lider fuerte (The Myth of the Strong Leader, Political Leadership in the Modern Age, Basic Books, New York, 2014, 466 pages).
Libro que no dudo en calificar como uno de los mejores que he leído
sobre el tema del liderazgo, por lo amplio de la investigación y las
originales y esclarecedoras reflexiones que hace su autor, con base al
análisis de un número importante de los lideres que han contribuido a
escribir la historia política en diversos rincones del mundo durante el
siglo XX y lo ya transcurrido del presente siglo..
El autor es una reconocida autoridad en la política de Rusia, antes y
después de la Unión Soviética, y una eminente cifra de la comunidad
académica, no sólo en la Universidad de Oxford, sino igualmente en los
Estados Unidos, donde es miembro extranjero honorario de la Academia de
Artes y Ciencias y se ha desempeñado como profesor visitante en las
universidades de Yale, Columbia, Texas, Notre Dame y Brown. Sus
publicaciones incluyen: The Rise and Fall of Communism, Seven Years
that Changed the World, The Demise of Marxism-Leninism in Russia, and
The Gorbachev Factor.
El libro que ahora reseñamos es producto de más de cincuenta años de
estudio en el área política, así como de investigación y enseñanza en
materia de liderazgo en diferentes partes del mundo, incluidas Norte
América, Europa y Asia. A continuación va una reseña de algunos de los
aspectos más importantes tratados en esta admirable obra, acompañada de
breves comentarios.
El lider y el liderazgo democratico/pro-democrático
Una acepción relevante y generalizada de la función de un lider lo
coloca como una persona que guía o conduce un grupo en la realización de
una actividad o el logro de un objetivo. En el área política, esta
función adquiere notas específicas, pues la función del lider se
encuentra encaminada principalmente a guiar al partido o movimiento
politico para lograr la conquista del poder en un país y una vez
obtenido éste, a ejercer el liderazgo destinado a llevar adelante la
implementación del programa que le sirve de base a sus acciones.
La distinción modal del liderazgo politico en países con diversidad
de sistemas de gobierno es uno de los aciertos metodológicos
incorporados por Brown a la exposición que forma parte de su libro. A
este efecto, en su exposición se refiere principalmente al liderazgo
politico en los siguientes sistemas: (i) países democráticos, bien sea
presidencialistas (EEUU, por ejemplo) o parlamentarios (Reino Unido, por
ejemplo), o mixtos (donde coexiste un presidente con un primer
ministro, Francia, por ejemplo), como al que ha tenido lugar en
aquellos; (ii) países que han vivido o viven procesos revolucionarios
caracterizados por el uso de una violencia que generalmente conduce a la
instalación de regímenes autocráticos y/o totalitarios (Rusia en 1917, o
Cuba en 1959, por ejemplo) , y (iii) países que actúan o han actuado
bajo sistemas autoritarios o totalitarios de corte comunista (la Unión
Soviética hasta 1989 o China actualmente, por ejemplo), o fascista
(Alemania con Hitler o Italia bajo Mussolini, por ejemplo) .
Sinembargo, debe decirse de entrada que Brown le da preeminencia al
liderazgo democrático y a aquél que tiene por objeto promover de manera
pacífica la transición de un sistema autoritario o totalitario a otro de
carácter democrático, como sucedió en la Unión Soviética para dar punto
final al comunismo bajo el liderazgo de Mikhail Gorbachev, o en España
con el papel jugado por Adolfo Suárez a la muerte del dictador Francisco
Franco. En este contexto democratico y pro-democrático, el autor
distingue entre líderes redefinidores y líderes transformadores, tal como se comentará más adelante.
Las características del lider y el mito del lider fuerte
Brown cuestiona que con alguna frecuencia se use la dicotomía lider fuerte – líder débil
para calificar a un lider, ya que ésta tiene un efecto limitado y no es
capaz de reflejar la verdadera importancia del papel desempeñado por un
líder en el tiempo y contexto donde le corresponde actuar. En su lugar,
sostiene que hay un conjunto de características que deberían pesar más
sobre todo a la hora de apreciar líderes que han tenido una larga
actuación en política, tales como: integridad, inteligencia,
consistencia, trabajo en grupo, capacidad de juicio, mente abierta y
cuestionadora, voluntad para consultar otras opiniones, habilidad para
absorber y procesar información, carácter flexible, buena memoria,
valor, visión, empatía e illimitable energía.
El autor entiende por lider fuerte a una persona que concentra una
gran cantidad de poder en sus manos, ejerce un amplio control sobre su
partido y domina un extenso espectro de políticas públicas, y toma de
manera individual y excluyente las decisiones. En su opinión, el
funcionamiento beneficioso del concepto de lider fuerte en la realidad
no pasa de ser un mito, como lo demuestra al analizar varios casos de
liderazgo. Este análisis pone de relieve que el lider fuerte es
principalmente una manifestación presente en los regimenes autocráticos y
totalitarios, generalmente acompañada de la noción de culto a la
personalidad.
En los indicados regimenes, como fue el caso, por ejemplo, de Stalin
en la Unión Soviética, de Mao en China, de Hitler en Alemania, de
Nicolae Cceausescu en Rumania o Kim Il Sung en Corea del Norte, la
actuación del lider es rodeada de elementos de indoctrinación y
propaganda destinada a adornarlo con cualidades que no tiene, a
disimular sus defectos o a promover la ejecución incondicional e
inmediata de sus actos, en algunos casos llegando a la adoración y hasta
la idolatría. Actos éstos que, entre otros propósitos, perseguían
ejercer una brutal represión y la ejecución de políticas de exterminio
no sólo contra quienes se le oponían, sino igualmente de aliados o de
quienes constituían, según el caso, el objetivo de tales políticas, como
escritores, actores, músicos, homosexuales, incapacitados o judíos.
Con este antecedente, Brown deplora que en países con sistemas
democráticos, como en el caso del Reino Unido, exista alguna tendencia a
favorecer la idea del lider fuerte como paradigma a seguir por el
liderazgo politico. En la búsqueda de alguna explicación de esta
tendencia, el autor invoca a Max Weber, quien notó una vulgar vanidad en
los politicos que los lleva a sentir una fuerte tentación para estar al
frente de los acontecimientos tan claramente como sea posible,
preocupados fundamentalmente por la impresión que ellos pudiesen causar
en los demás.
El análisis que hace Brown demuestra igualmente que la tendencia a
orientar la acción política a través de la aplicación de la noción del
lider fuerte, en países democráticos como el Reino Unido, no ha sido
especialmente exitosa y más bien ha dejado mucho que desear,
particularmente durante los gobiernos de los Primeros Ministros Neville
Chamberlain, Anthony Eden, Margaret Thatcher, y William Blair. La
consideración de estas experiencias, sin dejar de reconocer los aciertos
y rasgos positivos de sus respectivas gestiones, parece revelar que la
pretendida aplicación de esquemas de lider fuerte conduce a una
concentración indebida e ineficiente del ejercicio de la función de
gobernar, cuando no a sobrestimación del liderazgo, infundada fe en la
capacidad de juicio del lider, aparecimiento de rasgos despóticos en su
actuación, desaprovechamiento de la capcidad y competencia de otros
ministros, y a falta de trasparencia. Desventajas éstas que no pocas
veces conducen a irreparables desaciertos, pérdidas de aliados y/o
caídas estrepitosas de los líderes.
Por tanto, el verdadero dilema para el liderazgo politico consistiría
en elegir entre el trabajo individual excluyente del lider y el trabajo
colectivo con su Gabinete de ministros, opción esta última por la que
se inclina decididamente Brown. Mientras que concentrar la preferencia
en el trabajo individual bajo el concepto de lider fuerte llevaría a un
ineficiente ejercicio del poder, el trabajo con su Gabinete permite al
lider realizar una función de coordinación de sus ministros, respetando
sus respectivas jurisdicciones, para así logar una adecuada coherencia
de las decisiones, un mejor aprovechamiento de las fortalezas de los
miembros del equipo y una mayor efectividad en la función de gobernar.
De allí que el trabajo individual excluyente del lider fuerte, rodeado
de asesores y ayudantes que le rinden culto y escasamente se atreven a
contradecirlo, dista mucho de ser un desideratum, como plásticamente lo
refleja el autor al sostener:
“There are only twenty-four hours in the day of even the
strongest leader, and the more they try to do themselves, the less time
they have to focus on each decision. In practice, quite a lot ends up
being decided by their unelected aides and cronies”. “The False God of
the Strong Leader”,by Professor Archie Brown. The Antonian. The
Newsletter of St. Antony’s College. Oxford. 2014. Pages 10 and 11. http://issuu.com/stantscollege/docs/1201-st-antonys-antonian-07webs.
(“Sólo hay 24 horas incluso en el día del líder más fuerte, y lo más
que éstos tratan de hacer por sí mismos, menor es el tiempo que ellos
tienen para concentrarse en cada decisión. En la práctica, mucho
finaliza siendo decidido por unos ayudantes que no han sido electos y
sus compinches”. Traducción libre de JJJ).
Los liderazgos
Brown dedica valiosas reflexiones para analizar el tema del liderazgo
de acuerdo con los diferentes contextos donde éste discurre (historico,
cultural, sicológico e institucional) y le presta atención a los mitos,
poderes y estilos conocidos en el liderazgo democratico. Así, por
ejemplo, la importancia del contexto histórico donde se desenvuelve el
lider es de vital importancia para analizar su papel en el momento donde
le corresponde actuar, e igualmente para explicar las reacciones de la
gente a la hora de prestarle o negarle apoyo. Ese sería el caso de
Winston Churchill, lider conservador y Primer Ministro a quien
correspondió actuar como el guía e inspirador que necesitaba la sociedad
inglesa durante la segunda guerra mundial en el siglo pasado, pero
quien a pesar de haber derrotado a Hitler, luego de finalizar la guerra
no obtuvo los votos necesarios para su reelección y fue derrotado por el
lider laborista, Clement Attlee.
Por su parte, las diferencias en estilos y poderes de liderazgo los
ilustra trayendo al libro, no sólo los casos de Churchill y Attlee ya
referidos, sino también los de David Lloyd George, Neville Chamberlain,
Harold Macmillan, Margaret Thatcher y William Blair en el Reino Unido.
En el caso de Estados Unidos, incluye comentarios, entre otros, sobre
Franklin D. Roosvelt, Harry Truman, Lyndon B. Johnson , Ronald Reagan y
William Clinton. Igualmente, analiza los diferentes poderes con que
cuentan los líderes en ejercicio de funciones gubernamentales,
particularmente, en Estados Unidos y el Reino Unido. En el primero, el
Presidente dispone de un fuerte derecho de veto legislativo, pero se
encuentra sometido a serios frenos y contrapesos constitucionales
derivados de la nítida separación de poderes y especialmente de los
fuertes atribuciones del Congreso y la Corte Suprema, mientras que en el
Reino Unido, el sistema parlamentario brinda un marco más amplio de
facultades al Primer Ministro y a su Gabinete, en el ejercicio de la
función gubernamental.
A renglón seguido, Brown pasa a analizar diferentes categorías de líderes .Veamos:
Los líderes redefinidores
El autor reputa como redifinidores a los líderes que en países
democráticos desafían asunciones establecidas, redefinen aquello que se
piensa es políticamente posible e introducen cambios en las políticas en
aplicación para el momento que asumen el poder. Los líderes que Brown
considera merecedores de ser incluidos en esta categoría de líderes son:
Estados Unidos: Franklyn D. Roosvelt (1933 – 1945) y Lyndon B. Johnson (1963 – 1969). Ambos
líderes usaron al máximo sus poderes presidenciales y fueron
inusualmente dominantes en el campo de las políticas aplicables.
Roosvelt fue capaz, a pesar de las limitaciones impuestas al ejercicio
de la función presidencial, de liderizar al país para dar una adecuada y
creativa respuesta a la depresión que amenazaba con hundir su economía
durante los años treinta, mediante la adopción de medidas que
permitieron revivir ésta y fortalecer el sistema politico en momentos de
graves dificultades. Igualmente, usó todos sus poderes, incluido el de
persuasión, de manera efectiva, para preparar al pueblo estadounidense
con miras a su eventual participación en la segunda guerra mundial
contra la Alemania Nazi y para liderizarlo cuando, luego de la invasion
de Pearl Harbor en diciembre de 1941, el país se incorporó a las fuerzas
aliadas en dicha guerra. En el contexto de la crisis económica y la
indicada guerra, durante su extenso mandato, Roosvelt solicitó y obtuvo
la aprobación de medidas especiales y el otorgamiento de poderes
adicionales por parte del Congreso, incluso a costa de haber tenido que
mantener congelado el desarrollo de políticas favorables en materia de
derechos civiles para los ciudadanos afro-americanos, con el fin de
obtener el apoyo de los legisladores representantes de los Estados del
sur.
Por lo que respecta a Johnson, el autor destaca que pese a la derrota
sufrida por Estados Unidos en la guerra de Vietnam, bajo su mandato,
este Presidente merece ser incluido como lider redefinidor, al haber
desarrollado una labor efectiva en obtener la aprobación de la
legislación que sirivió de marco a la ampliación y consolidación de los
derechos civiles de los ciudadanos afro-americanos, a pesar de la
sostenida oposición que había mantenido por largo tiempo la mayoría del
Congreso. En esta labor, Johnson heredó los pasos iniciales dados por el
presidente John F. Kennedy, pero su larga experiencia como
parlamentario fue lo que le permitió potenciar el uso más efectivo de
sus poderes presidenciales en esta importante labor de definición de
política interna, la cual se vió complementada con la sanción
legislativa de mecanismos de asistencia social (Medicare and Medicaid) detinadas a favorecer la población de menores recursos en Estados Unidos.
Reino Unido: Herbert Asquith (Primer Ministro Liberal,
1908-1915); Clement Attlee (Primer Ministro Laborista, 1945-1951); y
Margaret Thatcher (Primera Ministra Conservadora, 1979-1990).
El gobierno de Asquith, quien es reconocido como un Primer Ministro no
dominante que se benefició del trabajo en equipo y de la labor de
ministros sectoriales, como Winston Churchill y David Lloyd George,
regisra importantes logros redefinidores de política, entre los cuales
el autor incluye: la legislacion sobre seguro nacional que estableció
seguros obligatorios de salud y desempleo, financiados por trabajadores y
patronos; la reforma constitucional que redujo los poderes de la Cámara
de los Lores, al prohibirle retener la legislación financiera o demorar
cualquier proyecto de ley por un período mayor de dos años (reducido
luego a un año); y el otorgamiento de derechos a los sindicatos para
recaudar fondos con fines politicos.
Por su parte, el gobierno laborista de Attlee dejó una marcada huella
en la redifinición de políticas, especialmente en lo que atañe a
extender significativamente la intervención del Estado y a la
introducción de un sustancial número de medidas socialistas, tales como
la nacionalización del Banco de Inglaterra (Banco Central), la red
ferroviaria, el transporte de larga distancia, la electricidad, la
industria del gas, las minas de carbon, la aviación civil y las
industrias de hierro y acero. Attlee fue también un Primer Ministro que
favoreció el trabajo colectivo y ejerció una labor coordinadora para
darle coherencia y eficiencia al trabajo en equipo con los otros
ministros, el cual desembocó en la adopción de medidas sociales y de
carácter redistribuitivo que se justificaron, especialmente en un
ambiente inmediatamente posterior a la finalización de la segunda
guerra mundial, momentos en que la economía británica confrontaba graves
dificultades como consecuencia de los daños ocasionados por esta
guerra. Estas medidas incluyeron beneficios sociales como leche grtuita
para los estudiantes, modificación de la ley de seguro nacional para
extender los beneficios a los enfermos y los desempleados, y
especialmente la creación del Servicio Nacional de Salud, mediante el
cual se ofreció servicio de asistencia médica gratuita, el cual se
mantiene prácticamente inalterado en sus aspectos centrales.
Finalmente, se encuentra el gobierno conservador de la llamada “dama
de hierro”, Margaret Thatcher, cuya importante labor redefinidora en
materia de políticas, realizada de conformidad con un estilo individual y
dominante de la escena política inglesa durante su gestión, todavía se
recuerda, marcando una clara diferencia con el estilo cooperador y de
equipo que caracterizó a las gestiones de los Primeros Ministros Asquith
y Attlee, arriba comentadas. Pese a su estilo concentrador de
funciones, Brown reconoce a Thatcher, su voluntad para escuchar
opiniones de especialistas y académicos, así como su insaciable
capacidad para absorber y procesar información relevante con carácter
previo a la adopción de políticas y decisiones redifinidoras de su
gobierno. Si bien su labor en materia internacional tuvo un carácter
destacado (relaciones con Gorbachev con motivo de los hechos que
desembocaron en el derrumbamiento del comunismo en la Unión Soviética y
Europa del Este, su posición cuestionadora frente a las acciones de
Estados Unidos en Libano, Libia y Granada, y la guerra con Argentina por
las islas Falklands o Malvinas), lo que mejor la calificaría como una
lider redifinidora sería su actuación relacionada con aspectos de
política doméstica.
De manera general, el gobierno de Thatcher cambió el balance entre
los sectores publico y privado en favor de este último y la actuación de
las fuerzas del mercado (privatización, reducción de impuestos a los
ricos, remoción de medidas sociales dictadas durante el gobierno de
Attlee, eliminación de regulaciones a los bancos), se enfrentó a los
sindicatos y redujo el fuerte poder que éstos venían disfrutando, y creó
nuevas figuras triburarias como fue el caso del impuesto de capitación (“poll tax”).
Este último fue objeto de una gran oposición y, junto con la renuncia
de su ministro de relaciones exteriores (Geoffrey Howe), quien como
otros miembros de su Gabinete debieron soportar el estilo concentrador,
dominante y excluyente de Thatcher durante su gestión, fue uno de los
principales detonantes de su aparatosa caída en 1990.
Alemania después de la segunda guerra mundial: Konrad
Adenauer (Canciller, 1949 – 1963); Willy Brandt (Canciller, 1969 – 1974)
y Helmut Kohl (Canciller, 1982-1998). A Adenauer le
correspondió dirigir el período de reconstrucción de Alemania Occidental
después de la derrota sufrida por Hitler durante la segunda guerra
mundial. Brandt se destacó por su labor en pro de la consolidación del
régimen democrático en Alemania Occidental, la implementación de una
política internacional que permitió lograr la aceptación de sus
fronteras con Alemania del Este, así como por mejorar el marco de
relaciones entre las dos Alemanias y las de Alemania Occidental con la
Unión Soviética, al mismo tiempo que mantuvo constructivas relaciones
con Estados Unidos y Francia. Finalmente, el mayor logro de Kohl lo
constituye la unificación de Alemania, gracias a su fino tacto para
aprovechar el momento, la perseverancia observada para vencer serios
obstáculos y la construcción de una fructífera relación con Gorbachev.
Otros países: Brasil: Fernando Henrique Cardoso (Presidente, 1995 – 2003), a quien correspondió desempeñar un papel crucial en el desarrollo y consolidación de la democracia. Suráfrica: Frederik Willem de Klerk (Presidente, 1989-1994 ), por haber liderizado los cambios de política que permitieron la cesación del régimen de segregación. Taiwan: Chiang Ching–kuo (Presidente, 1978-1988), quien
a través de políticas progresivas de liberalización, condujo la
transición de un régimen autocratico a un régimen democratico.
Los líderes transformadores
En el rubro de líderes transformadores, Brown ubica a aquellos que,
por medios no violentos, han jugado un papel decisivo en la introducción
de cambios en el sistema económico o politico de un país, o del sistema
internacional. Estos líderes son:
Francia: General Charles de Gaulle, Presidente , 1959-1969).
A de Gaulle se debe la reforma constitucional que dió lugar al
advenimiento de la V República, la cual, entre otros efectos, modificó
el sistema de votaciones, fortaleció los poderes del Presidente frente
al Primer Ministro, y limitó las facultades de la Asamblea Nacional para
disvolver el gobierno.
España: Adolfo Suárez, Primer Ministro, 1976-1981.
Suárez tuvo como su principal logro, el haber dirigido el proceso de
transición de España hacia un régimen democratico y de monarquía
constitucional, a la muerte del dictador Francisco Franco. El Pacto de
la Moncloa es considerado uno de los ejemplos de acuerdos politicos más
efectivos en la historia de las transiciones democráticas.
Antigua Unión Soviética: Mikhail Gorbachev, Secretario General del Partido Comunista, 1985-1991).
A Gorbachev le correspondió liderizar el proceso que condujo no sólo a
la finalización del comunismo en la Unión Soviética, sino igualmente a
cruciales cambios en el sistema internacional, con el final de la guerra
fría, la caída del muro de Berlín, la unificación de Alemania y la
modificación del espectro politico en buena parte de los países del
Centro y del Este de Europa.
China: Deng Xiaoping, dirigente del Partido Comunista ,
varias posiciones entre 1975 y 1989, última: Presidente de la Comisión
Militar Central del Partido Comunista, 1981-1989 . A Deng
Xiaoping se debe la promoción de las políticas que permitieron
transformar gradualmente al sistema economico centralizado que rigió en
vida de Mao, en una economía de mercado de carácter mixto (empresas
públicas y privadas), con una substancial participación del capital
privado nacional y extranjero. A decir de Brown, la transformación del
sistema economico le ha permitido a China experimentar desde finales de
los años setenta, uno de los mas destacados períodos de crecimiento
economico en la historia de la humanidad.
Suráfrica: Nelson Mandela, Presidente, 1994-1999. Mandela
fue lider fundamental en procura de la eliminación del régimen de
segregación racial, lucha que lo llevó a sufrir una larga prisión.
Durante su presidencia favoreció la implementación de políticas
antiracistas para el avance de los derechos humanos, una mayor igualdad
socio-económica, y la reconciliación entre los diferentes grupos étnicos
de la sociead surafricana. Por tanto, su labor ha sido reconocida como
crucial para lograr una transformación del sistema politico que permitió
pasar a Suráfrica, de ser un país dirigido por una minoría de población
blanca, con la mayoría de su población de color privada de derechos
politicos, a otro que funciona bajo un régimen democrático.
Líderes revolucionarios, autocráticos y/o totalitarios
Tal como lo indicáramos en partes anteriores, el autor dedica
notables reflexiones sobre el liderazgo revolucionario, autocratico y/o
totalitario, incluido el que ha conducido procesos para instalar
gobiernos comunistas o fascistas. Esta vez, forman parte del material
analizado los siguientes aspectos y líderes:
Revoluciones: (i) revolución Mexicana en los
primeros años del siglo XX (Porfirio Diaz, Francisco Madero, Francisco
“Pancho” Villa y Emiliano Zapata, entre otros); (ii) revolución china de
1911-1912 que derrocó a la dinastía Qing (Sun Yat-sen, Yuan Shikai, y
más tarde Chiang Kai-shek); (iii) revolución turca de la primera parte
del siglo XX (Mustafa Kemal –Atatürk – Presidente, 1923-1938); (iv)
revolución rusa de 1917 (Vladimir Lenin, Leon Trosky, José Stalin); (iv)
revolución comunista en el sudeste de Europa (Yugoslavia, Josif Tito;
Albania, Enver Hoxha, 1945 en adelante); (v) revolución comunista
vietnamita (Ho Chi Minh, 1945 en adelante); (vi) revolución comunista
cambodiana (Saloth Sar –Pol Pot- 1975 en adelante); (vii) revolución
comunista norcoreana (Cho Man Sik, Kim Il Sung, 1945 en adelante); (vii)
revolución comunista cubana (Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto “Che”
Guevara, 1959 en adelante); (ix) revoluciones sin liderazgo: revolución
iraní de 1977-79 y revoluciones árabes de Tunez y Egipto de 2011.
Regímenes autoritarios y/o totalitarios: (i) Régimen
Comunista de la Unión Soviética (Vladimir Lenin, José Stalin, Nikita
Krushchev, Leonid Brezhnev, 1917-1989); (ii) Régimen Comunista de China
(Mao Zedong o Mao Tse-tung, Deng Xiaoping, Hu Yaobang, Zhao Ziyang, Hua
Guofeng, Jian Zemin, Hu Jintao, Xi Jinping, 1949-presente); (iii)
Régimen Fascista de Italia (Benito Mussolini, 1922-1943); y (iv)
Régimen Fascista de Alemania (Adolf Hitler, 1933-1945).
Algunos breves comentarios finales
No quisiera terminar este artículo sin expresar algunos breves
comentarios sugeridos por la lectura de esta magistral obra de Brown.
El lider fuerte y la reminiscencia de los caudillos -
Por supuesto que acompañamos la idea de favorecer el trabajo en equipo
del lider con sus ministros, frente a la utilización del concepto de
lider fuerte que concentra el poder de manera ineficiente y se vale de
un grupo de incondicionales ayudantes y compinches que le alimentan su
ego. Visto el contexto que se conoce en algunos países latinoamericanos,
donde el entarimado burocrático retarda la acción gubernamental y las
decisiones o no se cumplen o se retrasan en su implementación, no es de
extrañar que la prédica favorable al lider fuerte pretenda justificarse
en algunas ocasiones con la excusa de lograr una mayor efectividad en la
acción del gobierno.
No obstante, vemos con mayor fuerza la idea de que dicha prédica
puede guardar empatía con los efectos que la práctica del caudillismo
autocratico/dictatorial del siglo XIX todavía tiene en el subsconciente
social colectivo en Latinoamérica. Es decir, para alimentar el
mesianismo y populismo politico, como ha venido sucediendo en algunos
países de la región donde rigen gobiernos seudo democráticos, que se
valen de elecciones para esconder gobiernos autocráticos o neodictaduras
militaristas, como podrían ser, guardando las características y
especificidades de cada caso, las situaciones de Venezuela bajo los
gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Nicaragua con Daniel Ortega,
Bolivia con Evo Morales y los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador. Es
más, podría agregarse, mutatis mutandis, como podrían ser en un
futuro no tan lejano, según las señales que ya se ven en el horizonte,
los casos de Grecia y España, en el viejo continente Europeo.
El lider y los partidos – Brown recoge en cierta
forma el guante arrojado por Moisés Naím en su destacada obra sobre el
fin del poder, en relación con la necesidad de fortalecer los partidos
politicos, ante las arremetidas que éstos vienen sufriendo por parte de
organizaciones ad-hoc, entre las cuales se destaca el llamado Tea Party en
Estados Unidos. En este orden de ideas, el autor postula una idea
difícilmente no compartible, según la cual, unos partidos fortalecidos
pueden servir al lider democratico para contrarrestar las factores de
presión representados por los poderosos medios y las capas más ricas de
la sociedad.
Ahora, en América Latina todavía habrían razones adicionales para
fortalecer los partidos politicos. Primero, para democratizar sus
estructuras ya que continúan funcionando bajo el predominio de grupos o
cogollitos que los dirigen de manera vertical, conforme a la idea
vanguardista que postulara Lenin para el partido comunista de la Unión
Soviética. Segundo, para que además de resistir las presiones de las
fuerzas económicas y de los medios, los partidos politicos estén en
capacidad de sostener el predominio de la sociedad civil frente a los
militares. Mucho me temo, que en los últimos años el militarismo como
elemento de sojuzgamiento de la sociedad civil se ha puesto nuevamente
en boga en algunos países como Venezuela, y amenaza con extenderse a
otros países de la región latinoamericana.
El liderazgo en América Latina – Las referencias que
hace el libro a líderes de la región latinomericana están
principalmente relacionadas con Brasil y con las revoluciones mexicana y
cubana arriba indicadas, y con menciones incidentals, por ejemplo, de
Hugo Chávez (Venezuela) y Augusto Pinochet (Chile). De allí que, aunque
comprendemos las razones que pueden haber movido a Brown para hacer su
selección, extrañamos alguna referencia a otros líderes que han
desempeñado papel importante en la democratización de los países
latinoamericanos, como Raúl Alfonsín en Argentina, Alberto Lleras
Camargo en Colombia, Eduardo Frei Montalvo en Chile, Violeta Chamorro en
Nicaragua, Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú, o Rómulo Betancourt en
Venezuela, para mencionar algunos.
Por otra parte, no comparto tanto la idea de que Fidel Castro ha
basado su liderazgo exclusivamente en su prestigio, inteligencia y
personalidad, sin necesidad de valerse del culto a su figura propio de
los regimenes comunistas. Mucho menos, que el manteminiento del régimen
castrocomunista durante más de cincuenta años, se ha debido
principalmente a la lealtad del pueblo cubano hacia Fidel Castro, o que
éste siempre ha estado ajeno a riquezas materiales e incontaminado por
la conocida corrupción existente en su régimen, ahora presidido por su
hermano Raúl. Estas son expresiones de uso normal en la propaganda
comunista y es lamentable que el libro que comentamos haya servido para
hacerse eco de tales expresiones, la cuales, seguramente serán
desmentidas por la oposición cubana, en el contexto o como consecuencia
del proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos
actualmente en curso. Por ahora, baste indicar que el régimen de los
Castro, se ha sostenido a sangre y fuego en el poder, utilizando una
feroz represión en contra de la disidencia (fusilamientos con paredón
incluido…) y, como también se reconoce en el libro, gracias al apoyo de
la Unión Soviética y, en los últimos 15 años, del subsidio petrolero
venezolano del gobierno chavista/madurista, a cambio de obtener el apoyo
cubano para la implantación del castrocomunismo en Venezuela…
Totalitarismo individual o plutocracia/oligarquía autoritaria – El
libro de Brown destaca como un rasgo positivo de los regimenes
comunistas en la Unión Soviética y China, el que los liderazgos
totalitarios de Stalin y Mao, respectivamente, hayan sido sustituidos
por otros líderes que favorecieron un estilo de gobierno colectivo y
contribuyeron a reducir el carácter brutalmente represivo de los
anteriores. Sinembargo, es notable que en el caso de la Unión Soviética,
tanto Nikita Krushchev como Leonid Breshnev, no dejaron de incurrir en
fuertes excesos. En el caso del primero, estos excesos lo llevaron a
adoptar una conducta impulsiva y arbitraria causante de su remoción en
1964, mientras bajo el liderazgo del segundo durante 18 años, éste fue
objeto de un nada despreciable culto de personalidad y la KGB fue
autorizada a diversificar los medios represivos en contra de los
disidentes (largas prisiones en campos de concentración, reclusion en
hospitales mentales, expulsiones como la de Aleksandr Solzhenitsyn, o
exilios internos como el aplicado a Andrey Sakharov). De manera, pues,
que en mi opinión, la diferencia entre totalitarismo individual y
oligarquía autoritaria en la Unión Soviética no merecería entusiasmo
alguno, pues en esencia se trataba del mismo régimen comunista opresivo.
En el caso de China, el entusiasmo que notamos hacia el liderazgo que
sucedió a Mao es mayor, tanto por el efecto que ha traído consigo el
proceso de liberalización económica pro-capitalista arriba indicado,
como por el carácter ordenado que se ha observado en las sucesión de los
líderes, ambos efectos debidos en gran parte a la influencia de Deng
Xiaoping. Del mismo modo, encontramos en el libro de Brown motivos para
no bajar la guardia frente a la nueva cara que el régimen comunista
chino pretende mostrar para prolongar su opresión sobre la sociedad
china, tales como, la alta corrupción que ha traído consigo el proceso
de apertura económica, la falta de transparencia y rendición de cuentas
de los líderes comunistas, y las acciones encaminadas a reprimir
brutalmente toda manifestación de protesta u oposición al régimen,
represión que el mismo Deng Xiaoping recomendara apasionadmente con
motivo de los actos ocurridos en Tiananmen Square en 1989.
Por tanto, el actual proceso de liberalización económica y el
favorecimiento de la modalidad de liderazgo colectivo no son sino
mecanismos promovidos por Deng Xiaoping y el partido comunista chino,
como medidas de última instancia para mantener el control sobre la
sociedad china. Ahora bien, dado que el proceso pro-capitalista que está
llevando a China a convertirse en la primera potencia mundial se
encuentra cimentado en una grave contradicción con los principios de
lucha de clases, dictadura del proletariado, y contrucción de una
sociedad socialista/comunista, ABC de la doctrina marxista que alimentó
el nacimiento y sustenta la misma existencia del partido comunista
chino, opino que tal contradicción se resolverá con el final de la
hegemonía comunista y la democratización ineludible de la sociedad
china, posiblemente en un futuro no muy lejano…
En pocas palabras, el mito del lider fuerte (The Myth of the Strong Leader, Political Leadership in the Modern Age),
libro que no dudo en calificar como uno de los mejores que he leído
sobre el tema del liderazgo y cuya lectura recomendamos ampliamente, por
lo profundo de la investigación y las originales y esclarecedoras
reflexiones que hace su autor, con base al análisis de un número
importante de los lideres que han contribuido a escribir la historia
política en diversos rincones del mundo, durante el siglo XX y lo ya
transcurrido del presente siglo. En los párrafos que anteceden se
presenta una reseña de varios aspectos de su contenido, acompañada de
breves comentarios, a los cuales remitimos. Veremos
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