Alfredo Michelena
La
repetida acusación de que EE.UU. está conspirando contra Venezuela, parece
tener ahora nuevos fundamentos. Maduro acusa al vicepresidente estadounidense
de hablar con líderes de la región para anunciar su inminente derrocamiento.
Esa es la conspiración. Cierto, los EE.UU. liderados por Joe Biden están
hablando con líderes latinoamericanos y caribeños. El tema es Venezuela. Pero
más que para conspirar es para mostrarles la nueva política de EE.UU. hacia la
región, montada sobre el “autosuicidio” (Maduro dixti) de un
régimen que ni quiere ni puede cambiar su fracasado modelo económico.
La
tesis del “huele a azufre”, en la que quisieron que la región los acompañaran
como parte del leitmotiv del castrochavismo, parece ahora un ritornello dicho
de la boca para afuera, pues en la práctica hay un acercamiento de muchos
países hacia los EE.UU.
La
llegada de la “marea rosada” - gobiernos de izquierda- a la región y la
tozudez de los EE.UU. enterraron la propuesta estrella de Bill Clinton, que
continuó Bush: el Tratado de Libre Comercio de las Américas. Esto y la
respuesta a los ataques de 11 de septiembre provocaron un sensible retiro de
EEUU de la región. Vacío que fácilmente llenaron China y Rusia, y permitió la
expansión del castrochavismo. Bush se concentró en firmar TLC bilaterales
con los países ribereños del pacífico- menos Ecuador- y Centro América- Rep.
Dominicana.
Obama
produjo un cambio con el “smart power”, de Hillary Clinton, pero los resultados
dejaron mucho que desear. Recuerden el fiasco de Honduras. Para no perder la
influencia en la región. había que "comenzar un nuevo capítulo entre las
naciones del continente americano”. Y esto se hace posible con la muerte
de Chávez y la crisis de Venezuela.
Crisis
que se veía venir y puso en alerta a los que predaban las ingentes
riquezas petroleras venezolanas. Quienes primeros los supieron fueron los
Castro. Sabían de la inexorable muerte de Chávez y del fracaso del modelo.
Necesitaban enfrentar el consecuente corte del subsidio venezolano.
Corte que también es un problema para los socios de Petrocaribe e incluso de la
ALBA.
Entonces,
aparecieron los estadounidense con una nueva y agresiva política que se
comienza a concretar por ahora en cuatro asuntos: restablecer las relaciones
con Cuba; promover la independencia energética del Caribe; y triplicar la
cooperación con Centro América a $1.000 millones. Estos tres vienen a
llenar el vacío que está dejando el régimen. El cuarto es la decisión de tomar
una postura más firme con Venezuela y sancionar a los violadores de DD.HH.
Obama se había opuesto a la propuesta parlamentaria mientras no estuvo seguro
que ella no descarrilaría las conversaciones con los Castro. Como vemos a ellos
no les importó. Esta es la conspiración internacional que enfrenta Maduro, producto
de la creciente debilidad del régimen. A ella se irán sumando más y más
gobiernos. Cuando el barco se hunde…
Vía Bitácora Internacional
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