Maduro habla de una guerra
económica; esa guerra la libra el gobierno contra su pueblo
Fue en
febrero de 1988. Carlos Andrés
Pérez asumía su segunda presidencia. La caída del precio del petróleo y
la crisis de la deuda latinoamericana causaban un fuerte efecto recesivo. En
contraste con lo dicho en la campaña, la política económica del nuevo gobierno
se basó en un drástico ajuste fiscal: cortes en el gasto público, eliminación
de subsidios a la gasolina y aumento de impuestos y tarifas. La población se
enteró de la magnitud del ajuste en la mañana del 27. La secuencia de
protestas, saqueos y represión dio la vuelta al mundo como “El Caracazo”. Hasta el día de hoy, se desconoce el número
exacto de muertos. Hasta el día de hoy, ello continúa marcando el alma política
venezolana.
Fue un
febrero también, pero en 1992, en las primeras horas del cuarto día. Venezuela
seguía en recesión y crisis, exacerbada por el deterioro del puntofijismo y la
llaga abierta por el Caracazo. Un grupo de oficiales medios, organizados bajo
el nombre de Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, se rebela. Les interesa
el poder. Si bien lograron controlar varias ciudades del interior, fracasaron
en apresar al presidente y en tomar los puntos claves de Caracas, que
permanecieron en manos de tropas leales. Los rebeldes fueron derrotados, aunque
en realidad habían vencido. La capitulación del jefe golpista, Hugo Chávez, lo dejo bien en claro en su
televisada rendición: “por ahora”, le dijo al país y al mundo.
Fue todo
una certera premonición: cárcel e indulto, seguido por elección y Quinta
República, el eufemismo de una no república que —sin separación de poderes,
precisamente— solo podría concluir en un régimen autoritario y personalista. Le
siguió la perpetuación en el poder, enfermedad, muerte y sucesión, y
finalmente Maduro en la presidencia. Todo
bajo la larga sombra de aquel golpe fracasado a medias, que termino legitimado
por sucesivas elecciones y un diseño constitucional a medida para la
reproducción de ese orden político. Bajo la larga sombra de febrero.
Fue en
febrero, otra vez, más reciente, en 2014. Los reclamos comenzaron en Caracas,
donde la oposición se concentró parareclamar derechos, contra el desabastecimiento y por la seguridad.Siguió en Táchira, donde los
estudiantes se movilizaron en respuesta a la violación de una estudiante en un
campus universitario. La represión derivó en detenciones, con los estudiantes
arrestados siendo trasladados a otros puntos geográficos. La ola de protestas
se propagó a Mérida, ciudad universitaria, y se intensifico en Caracas. La
respuesta fue la acción criminal de los parapoliciales en motocicletas,
asesinatos y miles de arrestos sin causa, sin pruebas, sin régimen de visitas y
con torturas.
Y esta es
la introducción, porque estamos en otro febrero y el espectro de los anteriores
perdura en la memoria de los venezolanos. Un año más tarde todo parece estar
igual, solo que peor. La pregunta no es cómo se sostiene este régimen, sino
cómo se explica que no haya caído. Una parte importante de la explicación es
que la comunidad internacional ha hecho poco, muy poco, y le ha dado este año
de gracia a Maduro, Cabello y compañía. Ha sido un año de gracia no para
gobernar sino para que sus divisiones internas y sus odios personales se
diriman en el seno del propio Estado venezolano. Uno ejecuta, supuestamente, el
otro legisla, figurativamente hablando. Es una ficción, el país se deshace día
tras día.
Finalmente, el Secretario General de la OEA ha pedido la liberación de
Leopoldo López y los demás presos políticos. En hora buena que lo dijo, más
vale tarde que nunca. Entonces que los familiares de los presos le pidan que
hora actúe, no solo que hable. Así como Calderón, Pastrana y Piñera fueron a
pedir la liberación de Leopoldo y los demás presos, que el próximo viaje sea de
Insulza y su gabinete. Que vaya personalmente a exigir en Caracas lo que acaba
de pedir en Washington. Aquí está hecha la sugerencia.
Es que
Venezuela necesita más que palabras. Venezuela está despedazada en su tejido
social, no se sostiene como sociedad. Los mitos del chavismo se han desvanecido
uno por uno. La pobreza crece; la desigualdad se profundiza; el crimen es la
única actividad productiva y lucrativa. Esta semana las colas son más largas
que la semana anterior y más cortas que la semana próxima, ya no para comprar
jabón y desodorante sino para comprar leche. Venezuela es una bomba de tiempo,
con una crisis humanitaria a la vuelta de la esquina. Desactivar esa bomba es
obligación de la comunidad internacional, especialmente de la OEA.
En
Venezuela no existe más la división de esas dos mitades a las que se refería el
Secretario General hace un año. Eso es trivial, tan trivial como hablar de
crisis política para caracterizar la coyuntura actual. Lo de Venezuela es una
guerra, una guerra de un gobierno contra su pueblo. Un gobierno que ya no solo
arresta estudiantes insurrectos y políticos de oposición, ahora también arresta
médicos y dueños de supermercados.
Maduro
habla todo el tiempo de una guerra económica. Tiene razón, solo que esa guerra
la libra el gobierno contra su pueblo. Un país en el que las mujeres pobres
hacen cola durante horas para comprar leche para sus hijos pequeños y al final
no lo logran, es un país donde el gobierno está en guerra contra su pueblo. Y
estamos en otro febrero, bajo la larga sombra de varios febreros anteriores.
Vía El País. España
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