Enrique Viloria Vera
Libros,
caminos y días dan al hombre sabiduría.
Proverbio
árabe
En la villa de Carora nació el 8 de febrero de 1926 un
niño varón que Doña Chayo llamó Guillermo, quien sería conocido después por sus
compatriotas como Don Guillermo Morón Montero. En la celebración de sus noventa
años bien vividos y cumplidos, Don Guillermo estuvo acompañado por los
diferentes Morón que habitan en su cuerpo y espíritu.
Estaba el Morón
historiador por antonomasia de Venezuela, sus villas y comarcas, aquél
andariego que la recorrió de un extremo a otro a fin que los venezolanos
aprendiéramos a quererla, lo acompañaba también el Morón de la Historia Universal ,
ese que hace poco nos brindó un excelente ensayo sobre los imperios.
Presente se hizo el Morón escritor, el fabulador de
historias que en forma de cuento o novela desvela fantasías no tan fantásticas
que ponen a sus libros no sólo en las escaparates de las librerías sino también
en el fuego justiciero de las hogueras. Otro Morón acudió a la cita de Don
Guillermo, el filólogo, el helenista y latinista, el preclaro humanista que se
solaza con la lectura de Herodoto o de Virgilio, leído en lengua originaria.
El académico Morón sin toga ni birrete ni medalla ni
cinta tricolor, se sentó por un rato al lado de Don Guillermo, satisfecho de la
labor cumplida en la Academia Nacional
de la Historia
y de los 1200 libros publicados, sin egoísmos ni exclusiones en la excelente
serie que tituló El Libro Menor.
Enfrente se situó el otro Morón, el profesor universitario, el crítico
literario, el maestro de escuela, como prefiere ser llamado, con minúscula
aunque es indefectiblemente reconocido como Maestro con mayúscula.
También acudió al cumpleaños de Don Guillermo ese otro
Morón, el que no pretende como otros constituirse en el oráculo de Venezuela,
el la conciencia ciudadana, pero que no cesa de denunciar la bellaquería de
este socialismo del siglo XXI, el descaro de una pretendida Revolución
Bolivariana, hablachenta e ineficiente, cuya depredación y podredumbre no tiene
precedentes en la historia republicana de Venezuela.
Guillermo y todos los Morón estuvieron acompañados de
familiares y amigos, que son muchos, porque al decir de otro Morón, el amante de los “quevedos”, de sus enemigos
confesos sólo queda uno vivo.
En esta ocasión, no pudimos estar presentes en la fiesta,
un infortunado viaje al aeropuerto para buscar a unos amigos parisinos y una
cola infernal subiendo hacia Caracas, trastocaron nuestro plan de acompañar al
maestro amigo; para los próximos aniversarios ahí estaremos para brindar con un
buen escocés – si es que se puede comprar - , caso contrario lo haremos con
buen cocuy artesanal de penca producido por los lados de Siquisique.
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