Jesús Petit da Costa
Los señores diputados electos para salir de Maduro, inevitable primer paso para salvar al pueblo venezolano de la hecatombe, están en una posición semejante a la del que, en medio de un terremoto que estremece la casa, se sienta en el recibo a meditar por dónde va a escapar: si por la puerta tomando la escalera, si por el ascensor vuelto una coctelera o por la ventana tirándose a todo riesgo. Desde luego, el techo se le viene encima sin que haya hecho algo para salvarse.
Dándole vueltas a la cabeza han pensado en que el camino a tomar es la enmienda constitucional, prevista en los Arts. 340 y 341 de la Constitución. Se concretaría a la duración del período del Presidente de la República, reduciéndolo de seis a cuatro años, y a su reelección limitándola de indefinida a una sola vez. De este modo Maduro terminaría su mandato en enero de 2017, por lo cual habría elección presidencial en el próximo diciembre.
¿Es viable esta enmienda? No lo es en absoluto. Ante todo porque el tiempo de los políticos no se ajusta al tiempo de la crisis. Estamos al borde de la hecatombe. Lo advierte el mundo entero. Lo sentimos todos: hiperinflación, escasez de alimentos junto con escasez de medicamentos e insumos médicos que causa una crisis humanitaria agravada por la epidemia de zika y cuantas enfermedades han reaparecido, desempleo creciente y destrucción de la moneda nacional que ya se cotiza a 1.000 por dólar, racionamiento de agua y electricidad y, para remate, inseguridad extrema por una delincuencia que se impone a la autoridad, matando y secuestrando.
¿Qué falta? Sólo poner los brazos en cruz y clamar al Altísimo: “aplaca, Señor, tu ira, tu justicia y tu rigor. Piedad, Señor.” Esto, señores diputados, no aguanta hasta el 2017. Ya el pueblo está perdiendo la paciencia. Lo ha contenido hasta ahora la esperanza que pusieron en su elección. Pensaron que ustedes venían con las pilas puestas y la solución debajo del brazo. Y ahora los ven dando palos de ciego, sin saber por donde coger.
Pero es que además, para que el CNE le dé curso a la enmienda convocando el referéndum, necesitaría el consentimiento de Maduro, porque de lo contrario el TSJ, que es su brazo ejecutor, la declararía inconstitucional. Alegaría que él fue electo para seis años y que, en consecuencia, la reducción del período se aplicaría al que venga después de él. En todo caso, Maduro podría optar a la reelección porque la AN no se ha dignado investigar si cumple con el requisito de la nacionalidad. Y, por si faltara algo, el asesor jurídico de Maduro ha declarado que si la AN propone esta enmienda, el Ejecutivo propondrá otra para reducir el período de los diputados y hacer que cesen de inmediato. Así el asunto se volvería una “merienda de negros”, no descartándose que el TSJ declare inconstitucional la enmienda propuesta por la AN y, en cambio, ajustada a la Constitución la propuesta por el Ejecutivo.
Y mientras los políticos se caen a enmiendas llegará el colapso total, quedando la gente a oscuras y sin vista. Entonces no sería extraño que en esas circunstancias alguien llame al pueblo a aprobar en la calle una enmienda sencilla que interprete el sentimiento general: que se vayan todos.
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