Oswaldo Páez-Pumar
No me ha sorprendido la sentencia de la sala constitucional del tsj que contiene todo un tratado que explica por qué el ejercicio de las funciones y facultades de la asamblea están sujetas a la tutela del tsj, por qué la asamblea está imposibilitada de revisar sus propias decisiones; y por qué las funciones que la constitución le atribuye, sólo las puede ejercer dentro de las limitaciones que le fije la sala constitucional del tsj, como intérprete de la constitución.
Lo que si me sorprendió fue que la sentencia no fuera el producto de una “ponencia conjunta”, como se ha hecho práctica recurrente en esa sala en los casos peliagudos, desde que decidió que para Chávez haber entrado en ejercicio del cargo y tomado posesión de la presidencia para el nuevo período que se iniciaba en enero de 2013, no necesitaba prestar el juramento de ley, porque ya había jurado seis años antes.
Pero los seres humanos nunca dejamos de sorprendernos, o dicho de mejor modo, nunca dejan de existir seres ¿humanos? capaces de producirnos una sorpresa. He aquí que la sentencia tiene ponente. ¿Quién es el ponente? Arcadio de Jesús Delgado Rosales. No creo que pueda exhibir una obra jurídica, ni una trayectoria en la carrera judicial que lo catapultara a su condición de magistrado del tsj en la sala constitucional. Sin embargo, puedo equivocarme, no descarto que pueda exhibirlos. Sería para mí una segunda sorpresa.
Lo que tampoco me ha resultado sorpresivo es constatar que a pesar del “de Jesús” que va unido a su primer nombre, Arcadio es hijo de José M. Delgado Ocando, magistrado que fue de la sala constitucional del tsj; y no me sorprende porque la revolución siempre ha tenido una cierta sintonía con la monarquía en lo que se refiere a la posibilidad de heredar los cargos.
La tercera sorpresa la constituye la disertación del ponente, la parte motiva de la sentencia, un enorme galimatías cuyo objeto es establecer la supremacía de la sala para limitar las funciones y facultades de los otros poderes públicos, la propia monarquía, el poder supremo pero como regente, pues está al servicio del ejecutivo. Dios mío, si hubiera acudido a su papá le hubiera resultado simple “la revolución siempre está por encima de la constitución”. Fue lo que Chávez no entendió cuando dijo “dentro de la constitución todo”, pues Castro lo que afirmó fue “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”.
Caracas, 3 de marzo de 2016
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