Thursday, March 17, 2016

Trump, Cruz y el nuevo Calibán

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Rafael Rojas

A principios de este enero, arrancando el nuevo año, Ted Cruz lanzó un video de campaña titulado “Invasión”, en el que se veía a ejecutivos, vestidos de traje y corbata, cruzando, desesperados, la frontera entre Estados Unidos y México. El mensaje era que si la inmigración no fuera pobre sino rica, compuesta, fundamentalmente, por abogados, economistas, ejecutivos y burócratas, que le disputaran los empleos a sus pares en Estados Unidos, se vería como una verdadera amenaza.
Cruz, senador por Texas, un estado que tiene más de un 35 por ciento de población hispana, coincide con Donald Trump en que debe construirse un muro para evitar el paso de los latinoamericanos, especialmente de los mexicanos, a Estados Unidos, y en que debe deportarse a todos los inmigrantes ilegales. Piensa, como su mayor rival en las primarias del Partido Republicano, que Estados Unidos tiene que reforzar su patrulla fronteriza para capturar a todos los indocumentados y devolverlos a sus países de origen.
El mensaje del spot era perverso: Estados Unidos estaba siendo “invadido” por los “bárbaros” latinoamericanos. Pero esa invasión no sería percibida en toda su gravedad hasta que los invasores fueran “civilizados”. Si los bárbaros traían un modo de vida distinto, que cuestionaba la identidad de los estadounidenses, los civilizados les arrebatan algo más preciado: las fuentes de trabajo. La invasión actual no debería ser tolerada porque la que vendrá será peor.
Invasión, barbarie y civilización son tópicos de una tradición intelectual americana que ha intentado pensar la vecindad entre Estados Unidos y América Latina. El uruguayo José Enrique Rodó, en su ensayo Ariel (1900), sostenía que quienes amenazaban la civilización latinoamericana, formada en la herencia milenaria de Grecia y Roma, eran los protestantes anglosajones con su materialismo y su imperialismo. Estados Unidos, según Rodó, representaba en esa relación un personaje similar al Calibán de La tempestad de Shakespeare, el bárbaro habitante de una isla que no asimilaba las costumbres civilizadas.
En los años de la Revolución Cubana y la Guerra Fría, el poeta y ensayista cubano Roberto Fernández Retamar reinterpretó la tesis de Rodó desde una perspectiva descolonizadora y argumentó que la figura de Calibán funcionaba mejor como símbolo de América Latina. Los latinoamericanos eran, en efecto y a mucha honra, bárbaros que rechazaban la cultura y el capitalismo metropolitanos de Estados Unidos. Más o menos lo mismo que vienen a decir ahora Trump y Cruz, aunque desde una posición política opuesta.
La amenaza latinoamericana, según los punteros en las primarias republicanas, es doble: espiritual y material. Pero es mayor en su segundo aspecto, el de la competencia por el empleo, porque desde el punto de vista cultural dan por descontada la supuesta hegemonía de Washington. Trump, sobre todo, confunde la incorrección política con el racismo porque piensa que los estadounidenses no pueden asumir a México como enemigo por pruritos multiculturales.
El nuevo Calibán sería un latinoamericano de clase alta, un empresario o un político, que roba empleos y bienes a Estados Unidos. Al decir de Trump, ese latinoamericano o, más específicamente, ese mexicano, es más “listo” porque se aprovecha de la vecindad con Estados Unidos. Por eso, según el magnate de Manhattan, hay que ser más “listos” que los mexicanos y obligarlos a pagar la construcción de un muro que les impida cruzar la frontera. El nuevo Calibán debe ser esclavizado por el faraón y condenado a edificar su propia tumba.
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Nota del Blog: De Rafael Rojas, también puede leers su artículo: La vuelta de los Clinton en el siguiente enlace:



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