La devaluación como instrumento de política económica no tiene un efecto favorable, sino perverso, pues el modelo venezolano es monoexportador (petróleo) pero importador de todo, precisamente por la destrucción del aparato productivo. La devaluación encarece las importaciones alimentando la inflación, al tiempo que no estimula las exportaciones.
Por
Ayrton Salamanca (Río de Janeiro).- Cuando el diagnóstico es que hay una crisis o distorsiones y desequilibrios en la economía, es necesario aplicar los correctivos; es decir, un ajuste. La magnitud del ajuste depende también del tamaño de los desequilibrios, de qué tanto los números y parámetros con que se mide la actividad económica se alejaron de lo que debería ser lo normal para un buen desempeño económico y satisfacer las necesidades y expectativas de los agentes.
En la región, con los cambios de gobierno, generalmente viene algún tipo de ajuste. En Brasil, por ejemplo, con el segundo periodo de Dilma Rousseff, se están aplicando aumento de impuestos, aumentos de tarifas al transporte y la gasolina. Un ajuste fiscal con el objetivo de tener bajo control la inflación. Y la tasa de interés también aumenta para acompañar la política fiscal, buscando la meta inflacionaria; no obstante, se atente contra la recuperación económica en el corto plazo. Pero en fin, no se esperan mayores cambios, al menos sobresaltos. Después del ajuste, hay expectativa de crecimiento a mediano plazo.
En Uruguay, la administración de Mujica también está haciendo un “ajuste” que la oposición ha criticado como fiscal y pone en evidencia que las cuentas de algunas de las empresas públicas no cuadran y pudieran estar impactando y explicando el mayor déficit fiscal del Gobierno (3,5% del PIB). En efecto, se ha anunciado un aumento de las tarifas eléctricas un 7% y, por otro lado, una tímida disminución del precio de los combustibles (5% promedio), que en nada se corresponde con la dramática caída de los precios del petróleo en el mercado internacional en los últimos meses. Sin duda, esto pone en evidencia que se aprovecha el shock favorable de los precios del petróleo para hacer un ajuste fiscal camuflado sin mayores impactos. Igual, esto no traerá mayores consecuencias pero se fortalecerán los equilibrios para mayores beneficios a futuro. En todo caso, como decía el candidato Tabaré Vásquez en la campaña “Vamos bien”, y ahora más aliviado cuando Mujica le cuadre las cuentas antes de que asuma la Presidencia el próximo marzo.
Ecuador también está haciendo lo suyo, con una merma de más del 30% de los ingresos por la caída del precio del petróleo, están haciendo recortes en el gasto de capital, que se estima, impactaran el crecimiento económico en alrededor de 1%. Además, ya han conseguido financiamiento fresco con los chinos por US$5.000 millones. Y Colombia siempre ha tenido empuje para diversificar sus exportaciones y compensar las de origen petrolero. De hecho, hay un gran número de empresas y bancos colombianos desparramados por Centroamérica y Sudamérica, haciendo negocios.
Pero en toda la región, el tipo de cambio ha sido la variable, el instrumento de política económica de consenso aplicado por los países (excepto Ecuador, que la moneda es el dólar, por tanto no aplica), para ajustar sus balanzas de pagos, no obstante las diferencias que tengan en lo interno de sus economías. Esto se puso de manifiesto recientemente. En efecto, con la expectativa de alza de tasas en los mercados internacionales como consecuencia de la reducción de estímulos monetarios por parte de la FED, la respuesta en la región fue mover el tipo de cambio, devaluar sus monedas.
Pero para que este instrumento tenga efecto, la economía debe estar más o menos ordenada, para que haya capacidad de respuesta al estímulo inducido por el cambio de precios relativos. Por ejemplo, una devaluación de la moneda, que es lo han aplicado casi todos los países de la región, debería ayudar a mejorar los resultados económicos y la balanza de pagos y en consecuencia el fortalecimiento de las reservas internacionales. Esto, a través de los tres efectos más evidentes: 1) el estímulo a las exportaciones 2) el efecto protección-sustitución y 3) un efecto fiscal.
El mayor ajuste le corresponde a Venezuela
Vamos a concentrarnos en el primero, el efecto en las exportaciones. Con la devaluación se abaratan los productos nacionales en el mercado internacional, aumentando la competitividad que conllevaría el aumento de las exportaciones y, en consecuencia, las reservas internacionales. Pero por supuesto, debe existir un aparato productivo en capacidad de aumentar las exportaciones, un tejido industrial más o menos interconectado, con el engranaje aceitado que no atasque el proceso productivo y fluya a través de los canales comerciales ; además, soportado en una infraestructura física adecuada, carreteras , puertos, aeropuertos, etc.
Y es esta una de las principales debilidades de la economía venezolana, que no existe un sector productor exportador que mitigue el brutal impacto de la caída de los precios del petróleo que han pasado de más de 100 dólares por barril a menos de 50. Y no es porque no se diversificó la economía sino porque se destruyó el aparato productivo, en toda la cadena, industrial, comercial y agropecuario. El Gobierno convirtió a la economía venezolana más dependiente de las exportaciones petroleras (96%) y se entrampó, pues ahora no tiene margen de maniobra para hacer ajustes, así devalué la moneda exponencialmente; en otras palabras, con esta medicina el enfermo no mejora, medicina que, precisamente han utilizado los otros países de la región con efectos favorables o, al menos, recibida como buena señal por los mercados.
Y este es un instrumento probado, la evidencia empírica, las estadísticas lo demuestran. Pero los economistas lo recomiendan como una variable más entre otras, que se aplique con coherencia en el marco de una estrategia, de un “paquete”. Es una tarea ya realizada por todos los países, con muy pocas excepciones (Argentina, Venezuela) de allí que los ajustes no son traumáticos sino un toque de timón que casi no se siente. En Venezuela esta tarea está pendiente, incluso peor, se retrocedió, y como dice la teoría, si se corre la arruga, las distorsiones son mayores y el coste del ajuste más doloroso.
Sin ir muy lejos, cuando se aplicó el paquete de medidas de 1989 (el gran viraje), se levantó el control de cambio y devalúo el bolívar, acompañado de otras medidas monetarias y fiscales, el impacto en el corto plazo fue una brutal inflación del 80% y recesión económica. No obstante, en el mediano plazo, las variables reaccionaban favorablemente. El crecimiento económico en 1991 fue superior al 10% y la inflación cedía al 30% con tendencia a la baja. Y un dato a resaltar es que, en 1994, la balanza comercial con Colombia fue favorable a Venezuela, gracias al tratado de libre comercio firmado en 1992 y la capacidad de respuesta del sector empresarial exportador.
Venezuela
ya no cuenta con ese sector productor y exportador, si bien incipiente
en ese momento, que mostraba señales de crecimiento y hubiera sido un
factor atenuante para la caída de los ingresos petroleros. Ya no está
Sudantex y Mantex en el sector textil; Corimón y Resimón (su línea de
resinas), Pinco Pittsburg, en la línea de pinturas y productos
relacionados; Venepal, Manpa, Fábrica de Papel Maracay (todas hacían
papel tuale); Madosa, Frigilux e Insanova, en el sector de los
electrodomésticos; Mavesa, alimentos; Envases Venezolanos, de la línea
de envases e insumos industriales. Esto por nombrar una muestra de
grandes empresas corporativas que tenían musculo financiero, algunas
cotizaban en bolsa de valores de Caracas y Maracaibo. Y todas estas
empresas movían y dinamizaban el sector bancario; de hecho, la banca de
inversión tuvo un impulso con emisiones de bonos y papeles a largo plazo
de estas grandes empresas. Muchas no están, y las que quedan están
debilitadas. Y mucho se ha comentado de la estatización de más de 1.500
fundos que ya no producen, es decir, que tampoco hay capacidad de
sustitución de importaciones por producción interna en bienes básicos.En fin, la devaluación como instrumento de política económica no tiene un efecto favorable, sino, perverso, pues el modelo venezolano es monoexportador (petróleo) pero importador de todo, precisamente por la destrucción del aparato productivo. La devaluación encarece las importaciones alimentando la inflación, al tiempo que no estimula las exportaciones, afectando las cuentas externas y deteriorando el nivel de reservas internacionales, y así sucesivamente. El Gobierno se entrampó en una esquina y contra las cuerdas.
Entonces, no hay que hacerse ilusiones con los anuncios de un nuevo esquema cambiario, “el traje tiene las costuras muy desgarradas que ya los remiendos no sirven” ; la solución viene por un cambio de modelo que incluya todas las esferas de la economía, incluso la parte institucional y reglas de juegos que respeten la propiedad privada y generen la confianza para retorno de capitales, inversión extranjera y mucho financiamiento en la etapa de ajuste y reconstrucción. Así funcionaria una devaluación con tipo de cambio flexible.
No comments:
Post a Comment