JOSÉ MAYORA| EL UNIVERSAL
viernes 16 de mayo de 2014 12:00 AM
Posiblemente la gran preocupación de los venezolanos de este momento, estriba en la incertidumbre del futuro, habida cuenta del lamentable estado de deterioro en el cual nos encontramos. Hay quienes afirman que estamos tocando fondo, que no es posible deteriorarnos más. Para quienes así piensan, cumplo con informarles que nunca se toca fondo, que siempre se puede estar peor, así este escenario no nos quepa en la cabeza.
Cuando el deterioro social nos cobija bajo su manto, los involucrados, es decir los ciudadanos, tienen dos preguntas clásicas: ¿hasta cuándo? O ¿hasta dónde? Pareciera, por lo que la gente comenta, que este barco perdió a su timonel y en este momento no tiene rumbo, al menos, es lo que logramos constatar en medio de la desinformación oficial.
A falta de una red de radio y telecomunicaciones, los venezolanos hemos sustituido estas carencias con los automercados, centros de obligado encuentro de la población civil, y de la militar también. Afortunadamente, por ahora, no hay motivos para pensar que los automercados serán censurados, censura que no sería de extrañar pues si en algún sitio la disidencia es más virulenta es en estos locales comerciales.
En estos encuentros la información que se trasmite no se restringe a las carencias o a los sitios donde hasta hace algunos minutos se conseguía algún bien preciado. La amplitud de banda informativa incluye también información acerca del deplorable estado del aparato productivo, especulaciones acerca del pleito intestino del PSUV, comentarios y análisis sobre los resultados de las últimas encuestas de opinión, hipótesis acerca del futuro y, por supuesto, no falta un contertulio que esté conectado con algún jerarca oficial y de allí se deriva una valiosa información.
Con semejante horizonte difuso, a los venezolanos no nos queda otro remedio que esperar que el PSUV, superado por su propio engendro, decida pensar en Venezuela, la primera vez que lo haría desde su ingreso al poder, y aplique los correctivos necesarios.
Lamentablemente el escenario precedente no se dará porque tal cosa supondría reconocer un fracaso que es evidente, pero que no se puede reconocer, entonces, ¿hacia dónde vamos? No pudiendo reconocer el fracaso y no teniendo dinero para afrontar las necesidades del país, al gobierno no lo queda más remedio que radicalizar el proceso, es decir disfrazar de legalidad un gobierno dictatorial, única manera de poder lograr cierta gobernabilidad en el país, con restricciones en todos los órdenes.
Por supuesto que ese proceso de radicalización pasa por terminar de destruir los pocos muros de contención que aún quedan en pie: la MUD, el movimiento estudiantil y el Foro Penal Venezolano. Para beneplácito del régimen, la MUD también la quieren destruir desde la misma oposición.
¿Alguien duda hacia donde vamos?
Cuando el deterioro social nos cobija bajo su manto, los involucrados, es decir los ciudadanos, tienen dos preguntas clásicas: ¿hasta cuándo? O ¿hasta dónde? Pareciera, por lo que la gente comenta, que este barco perdió a su timonel y en este momento no tiene rumbo, al menos, es lo que logramos constatar en medio de la desinformación oficial.
A falta de una red de radio y telecomunicaciones, los venezolanos hemos sustituido estas carencias con los automercados, centros de obligado encuentro de la población civil, y de la militar también. Afortunadamente, por ahora, no hay motivos para pensar que los automercados serán censurados, censura que no sería de extrañar pues si en algún sitio la disidencia es más virulenta es en estos locales comerciales.
En estos encuentros la información que se trasmite no se restringe a las carencias o a los sitios donde hasta hace algunos minutos se conseguía algún bien preciado. La amplitud de banda informativa incluye también información acerca del deplorable estado del aparato productivo, especulaciones acerca del pleito intestino del PSUV, comentarios y análisis sobre los resultados de las últimas encuestas de opinión, hipótesis acerca del futuro y, por supuesto, no falta un contertulio que esté conectado con algún jerarca oficial y de allí se deriva una valiosa información.
Con semejante horizonte difuso, a los venezolanos no nos queda otro remedio que esperar que el PSUV, superado por su propio engendro, decida pensar en Venezuela, la primera vez que lo haría desde su ingreso al poder, y aplique los correctivos necesarios.
Lamentablemente el escenario precedente no se dará porque tal cosa supondría reconocer un fracaso que es evidente, pero que no se puede reconocer, entonces, ¿hacia dónde vamos? No pudiendo reconocer el fracaso y no teniendo dinero para afrontar las necesidades del país, al gobierno no lo queda más remedio que radicalizar el proceso, es decir disfrazar de legalidad un gobierno dictatorial, única manera de poder lograr cierta gobernabilidad en el país, con restricciones en todos los órdenes.
Por supuesto que ese proceso de radicalización pasa por terminar de destruir los pocos muros de contención que aún quedan en pie: la MUD, el movimiento estudiantil y el Foro Penal Venezolano. Para beneplácito del régimen, la MUD también la quieren destruir desde la misma oposición.
¿Alguien duda hacia donde vamos?
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