CARLOS J. SARMIENTO SOSA| EL UNIVERSAL
jueves 10 de julio de 2014 12:00 AM
De acuerdo al DRAE, en su avance de la 23ª edición, la oligarquía tiene dos definiciones: forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un grupo minoritario; y grupo reducido de personas que tiene poder e influencia en un determinado sector social, económico y político.
Desde el punto de vista filosófico, Aristóteles, en la Antigua Grecia, explicaba que la oligarquía consistía en aquel sistema en el cual un grupo minoritario de personas pertenecientes a una misma clase social, generalmente con gran poder e influencia (aristocracia), dirigía y controlaba el gobierno.
De esa concepción aristotélica, se comprende que la oligarquía puede estar integrada por personas pertenecientes a una clase social o por aristócratas, o sea, por personas a los que se les atribuye ser los más calificados tanto para gobernar como para elegir a los gobernantes.
De acuerdo a ello, existe un gobierno oligárquico cuando un grupo minoritario de personas de igual clase social lo dirigen y controlan; y ese grupo minoritario puede ser una aristocracia o un conjunto de individuos que por determinadas circunstancias se hicieron del poder. En otras palabras, no necesariamente la aristocracia es aquel reducido número de personas a quienes se les califica para gobernar o para elegir a los gobernantes, sino que puede darse el caso que cualquier mediocre o insignificante grupo minoritario, ya sea intelectual, social, racial o de cualquier índole, hasta de la más baja ralea, puede conformar una oligarquía que, a su vez, dirija y controle el gobierno.
En la historia venezolana, el historiador José Gil Fortoul distinguió en el siglo XIX dos etapas políticas a las que denominó oligarquía conservadora y oligarquía liberal, desde 1830 hasta 1858.
La oligarquía conservadora sería aquella elite política, social y económica que gobernó al país en función de sus propios intereses grupales y que se movía bajo la batuta del general José Antonio Páez; y la oligarquía liberal estaría conformada por aquellos gobiernos que se sucedieron desde 1847 hasta 1858, aunque sus postulados poco se distinguían de los de la oligarquía conservadora porque se trataba más bien de un grupo de oposición a los gobernantes precedentes. En realidad, lo que hubo durante ese período fue la preeminencia de una clase dominante que defendía sus intereses como grandes propietarios y comerciantes pero se diferenciaban en cuanto que el sector conservador adoptaba políticas cerradas e intolerantes, mientras que el sector liberal utilizaba argumentos y políticas más flexibles.
Como se observa, fue un largo período donde históricamente se puede afirmar que tanto la oligarquía conservadora como la liberal, ejercieron el poder para defender sus intereses.
Desde entonces hasta nuestros días se han vistos gobiernos dictatoriales y democráticos que se han desenvueltos oligárquicamente porque han estado integrados por grupos no necesariamente capitalistas, sino de amigos y cofradías, aunque justo es admitir que, durante la República civil nacida en 1958, el juego democrático prevaleció sobre intentos oligárquicos que, obviamente, pretendían sobreponerse a las instituciones nacidas bajo la Constitución de 1961.
Instituciones
Pero la oligarquía no es un tema circunscrito al poder político ni al gobierno de un Estado porque se reproduce en otro tipo de instituciones. Por ejemplo, en los partidos políticos, fundamentales para el juego democrático e incluso para el partido único de los sistemas nazi-fascistas y comunistas, se crean en ellos oligarquías cuando grupos minoritarios se apoderan de las direcciones de esas organizaciones para imponer su voluntad por encima de la de sus afiliados, o para repartirse cuotas de poder que repercutan en el reparto de los cargos de los servidores públicos que, a su vez, son asignados a familiares y amigos del "compañero" de partido. En esos casos, se constituyen castas privilegiadas, separada de los demás ciudadanos y de los intereses generales.
También surgen grupos oligárquicos en las actividades comerciales, industriales y de cualquier índole cuando grupúsculos se hacen del poder y deciden por encima de sus agremiados. Hasta en las asociaciones profesionales, los clubes deportivos, las fundaciones sin fines de lucro y otras organizaciones se dan grupos oligárquicos.
Los llamados "cogollos" son expresión transparente de una oligarquía de poder y, por ello, la oligarquía tiene una historia antiquísima, casi desde el comienzo de las estructuras sociales de los primeros seres humanos y hoy en día se mantiene incólume, aun cuando primordialmente se utiliza en la política para calificar como tal a aquel gobierno en el cual sus integrantes pertenecen -o sirven- a la oligarquía financiera, a una intocable elite; pero lo cierto es que, cuando un grupo minoritario -sea la más alta alcurnia o el lumpenproletariat- una vez en el poder aplica políticas de Estado contrarias a las normas democráticas de un Estado de derecho.
Desde el punto de vista filosófico, Aristóteles, en la Antigua Grecia, explicaba que la oligarquía consistía en aquel sistema en el cual un grupo minoritario de personas pertenecientes a una misma clase social, generalmente con gran poder e influencia (aristocracia), dirigía y controlaba el gobierno.
De esa concepción aristotélica, se comprende que la oligarquía puede estar integrada por personas pertenecientes a una clase social o por aristócratas, o sea, por personas a los que se les atribuye ser los más calificados tanto para gobernar como para elegir a los gobernantes.
De acuerdo a ello, existe un gobierno oligárquico cuando un grupo minoritario de personas de igual clase social lo dirigen y controlan; y ese grupo minoritario puede ser una aristocracia o un conjunto de individuos que por determinadas circunstancias se hicieron del poder. En otras palabras, no necesariamente la aristocracia es aquel reducido número de personas a quienes se les califica para gobernar o para elegir a los gobernantes, sino que puede darse el caso que cualquier mediocre o insignificante grupo minoritario, ya sea intelectual, social, racial o de cualquier índole, hasta de la más baja ralea, puede conformar una oligarquía que, a su vez, dirija y controle el gobierno.
En la historia venezolana, el historiador José Gil Fortoul distinguió en el siglo XIX dos etapas políticas a las que denominó oligarquía conservadora y oligarquía liberal, desde 1830 hasta 1858.
La oligarquía conservadora sería aquella elite política, social y económica que gobernó al país en función de sus propios intereses grupales y que se movía bajo la batuta del general José Antonio Páez; y la oligarquía liberal estaría conformada por aquellos gobiernos que se sucedieron desde 1847 hasta 1858, aunque sus postulados poco se distinguían de los de la oligarquía conservadora porque se trataba más bien de un grupo de oposición a los gobernantes precedentes. En realidad, lo que hubo durante ese período fue la preeminencia de una clase dominante que defendía sus intereses como grandes propietarios y comerciantes pero se diferenciaban en cuanto que el sector conservador adoptaba políticas cerradas e intolerantes, mientras que el sector liberal utilizaba argumentos y políticas más flexibles.
Como se observa, fue un largo período donde históricamente se puede afirmar que tanto la oligarquía conservadora como la liberal, ejercieron el poder para defender sus intereses.
Desde entonces hasta nuestros días se han vistos gobiernos dictatoriales y democráticos que se han desenvueltos oligárquicamente porque han estado integrados por grupos no necesariamente capitalistas, sino de amigos y cofradías, aunque justo es admitir que, durante la República civil nacida en 1958, el juego democrático prevaleció sobre intentos oligárquicos que, obviamente, pretendían sobreponerse a las instituciones nacidas bajo la Constitución de 1961.
Instituciones
Pero la oligarquía no es un tema circunscrito al poder político ni al gobierno de un Estado porque se reproduce en otro tipo de instituciones. Por ejemplo, en los partidos políticos, fundamentales para el juego democrático e incluso para el partido único de los sistemas nazi-fascistas y comunistas, se crean en ellos oligarquías cuando grupos minoritarios se apoderan de las direcciones de esas organizaciones para imponer su voluntad por encima de la de sus afiliados, o para repartirse cuotas de poder que repercutan en el reparto de los cargos de los servidores públicos que, a su vez, son asignados a familiares y amigos del "compañero" de partido. En esos casos, se constituyen castas privilegiadas, separada de los demás ciudadanos y de los intereses generales.
También surgen grupos oligárquicos en las actividades comerciales, industriales y de cualquier índole cuando grupúsculos se hacen del poder y deciden por encima de sus agremiados. Hasta en las asociaciones profesionales, los clubes deportivos, las fundaciones sin fines de lucro y otras organizaciones se dan grupos oligárquicos.
Los llamados "cogollos" son expresión transparente de una oligarquía de poder y, por ello, la oligarquía tiene una historia antiquísima, casi desde el comienzo de las estructuras sociales de los primeros seres humanos y hoy en día se mantiene incólume, aun cuando primordialmente se utiliza en la política para calificar como tal a aquel gobierno en el cual sus integrantes pertenecen -o sirven- a la oligarquía financiera, a una intocable elite; pero lo cierto es que, cuando un grupo minoritario -sea la más alta alcurnia o el lumpenproletariat- una vez en el poder aplica políticas de Estado contrarias a las normas democráticas de un Estado de derecho.
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