Antonio Sánchez García
13 Agosto, 2014
A Leopoldo López, amigo y compañero.Todos los discursos fueron emocionantes, todos cumplieron su misión – desde luego el de María Corina, alma del Congreso Ciudadano para la Reconstrucción Nacional, el de Leopoldo López en la voz de Lilian Tintori y el vibrante discurso de Antonio Ledezma – colmaron las exigencias de un evento que marcará un hito en la historia de la República, con tareas y desafíos de alta política a cumplir respecto de asuntos de vigencia inmediata, como la exigencia de liberación de todos nuestros presos políticos, el rechazo frontal al aumento de la gasolina mientras no se suspenda el regalo mil millonario de nuestros recursos a tiranos y vivianes y la clarinada a un nuevo despertar de la conciencia ciudadana, como en los inicios de la República, hace 214 años. Pero uno de los de mayor trascendencia fue, sin duda, el luminoso discurso de Gabriel Puerta Aponte, que supo reconocer la impronta trascendental del momento histórico que se vivía. Me hizo rememorar lo que conocemos de oídas, de afiebradas lecturas y de narraciones admirables quienes aún no habíamos nacido o el destino todavía no había decidido traernos a estas costas caribeñas: los encuentros aurorales de Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera en el Nuevo Circo cuando enrumbaban la República hacia el amanecer de la democracia ante una enfebrecida masa de ciudadanos conscientes de su misión histórica.
Dije en su momento que el 12 de Febrero daba inicio a la revolución Democrática. Que como toda auténtica revolución tendría sus altas y sus bajas, sus avances y retrocesos, pare recomenzar cada vez con mayores bríos. Hoy, exactamente seis meses después, renace de la mano de la sociedad civil, madre nutricia de la Libertad y la Democracia. Escríbanlo: hoy la democracia está más viva que nunca. El Congreso Ciudadano por la Reconstrucción de la Patria ha abierto sus puertas.
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