José Luis Farías
Maduro se despide de su viaje para China sin dictar medidas porque
como escribió el jodedor @Osro48 “no hay cinta métrica que mida este
desastre”. Un drama que él evade olímpicamente porque le falta el coraje
para asumir el costo político de las medidas anti-populares que más
temprano que tarde deberá tomar por la inminencia del colapso económico.
No hay forma de escapar del desastre heredado de su difunto padre. Los
pronósticos lo ubican a finales del primer trimestre. Amanecerá y
veremos.
La reactivación de los 71 peajes no es más que “traición al
legado”, renfufuñó uno de los asistentes al show. Mientras otro dijo que
era una forma de “admitir el fracaso”. La creación de un Fondo con la
bicoca de 400 mil millones de bolívares es a todas luces un nuevo ardí
con los dineros públicos para financiar la campaña parlamentaria del
PSUV el 2015. Y el despliegue del concepto del conuco por toda la
economía nacional para convertirnos en país potencia no es más que una
patética prueba de justamente eso: su mentalidad conuquera del siglo
XXI.
Pero la peor atrocidad de su despedida fue el anuncio de que la
única forma en que podría dar la libertad a Leopoldo López es montarlo
en un avión y cambiarlo “pelo a pelo” a los Estados Unidos por un agente
del G-2 cubano. En claro reconocimiento de que el líder opositor es un
preso suyo, una especie de rehén, una suerte de piltrafa humana con la
que él puede hacer lo que le venga en gana.
¿Quién se cree Maduro? ¿Dueño del país y de la vida de todos cuanto
aquí habitamos? Sólo un tipo con esas ínfulas se permite expresarse de
ese modo. O en su defecto, alguien fuera de sus cabales. ¿Qué poder
faculta a Maduro para calificar de “mounstruo” a Leopoldo López? ¿Por
qué lo irrespeta de semejante manera?
Con el caso de López, ha llegado a extremos inimaginables para un
jefe de Estado de los que tarde o temprano se encargará la justicia
nacional e internacional. Su grosería, su barbarie, su miseria, solo es
pensable en los tiranuelos y déspotas tipo Papá Doc o Idi Amin.
Maduro se marcha a la China por 12 días con el sombrero “boca pa’
arriba”, como cualquier “tírame algo”, a ver si consigue el dinero que
sus enviados no encontraron. A su vuelta, tendrá un país que continuará
exigiéndole soluciones a sus problemas económico-sociales, cese a la
persecución, regreso de sus exilados y libertad para sus presos
políticos que como Leopoldo López no merecen estar donde esa combinación
de miedo con arrogancia de Maduro los ha colocado.
PD: Alejandro Fleming fue echado del gobierno, dicen que por
ajustes de cuentas de Maduro contra Arreaza (o sea, contra los Chávez).
Otrosí: ¿No pensará el gobierno hacerle aunque sea un “cacheo” a Fleming? Limpio no se fue.
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