Saturday, January 9, 2016

Limpiando la casa: Los iconoclastas

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Antonio Sánchez García

Conste que ambos términos se refieren a íconos, digamos: figuras religiosas, muchas de ellas de altísimo valor artístico, obras de arte que irrumpieron en el seno del cristianismo cuando éste se convirtió en religión de Estado y alcanzó un inmenso grado de expansión y desarrollo en sus diversos matices hasta el enfrentamiento entre quienes rechazaron y destruyeron tales imágenes, por vulnerar la imagen sagrada e intocable de Dios, o sus criaturas sagradas – los iconoclastas – y quienes insistían en adorarlos, en particular a Jesucristo, a la Virgen María, su Santa Madre o a los Santos Apóstoles bajo la forma de imágenes – los iconodulos.
La religión y la política, cuando adquiere el rango depreciado del fanatismo con el que los poderosos suelen ocultar sus verdaderos intereses – enriquecerse hasta hartarse – terminan, de una u otra forma en la iconoclasia o la iconodulia. Existe una riquísima iconografía bolivariana – referente a Bolívar, no a quienes usurpan su nombre, su figura y sus hazañas con fines tan espurios como traficar con droga, aliarse al narcoterrorismo o comulgar con la Yihad – suficientemente divulgada, impresa y exhibida.
Y no habría ninguna razón para que esa maravillosa iconografía, de inmenso valor artístico y testimonial, fuera retirada desde donde siempre estuvo y debiera seguir estando. Ahora, creer que esos mamarrachos paridos en mala hora por quienes han querido usurpar el legado de Bolívar, ultrajando sus restos y desfigurando sus trazos en una auténtica orgía del horror del asalto cavernario del chavismo, hasta caricaturizar al aristócrata y multimillonario caraqueño para que luciera como un troglodita de Cromagnon es sencillamente pervertido y escandaloso. Si el ministro de defensa cree que ofendiéndose por la sana y justa medida del presidente de la Asamblea por decisión mayoritaria de nuestra Nación de terminar con ese ultraje a la memoria de la República cumple con alguna obligación constitucional, está severamente equivocado. Esas imágenes no valen nada. Son basura estética, digna de la basura ideológica que pretenden contrabandear entre los pobres de espíritu. Incluso Chávez, no digamos Bolívar, tiene tan poco que ver con los esperpentos gigantográficos que pretenden reproducirlo, que si sus esbirros tuvieran un adarme de sentido común contribuirían a llevar toda esa basura a la Bonanza.
Peor y más grave el ultraje a la memoria de Bolívar convirtiéndolo en un mamarracho que porta en sus ancas a un militar felón, traidor a la Patria que entregó a la tiranía cubana, al extremo de preferir morirse en La Habana que en Caracas o Sabaneta, su pueblo natal. Si sacar ese mamarracho del Hemiciclo ofende la conciencia del ministro de defensa, confundida y muy equivocada conciencia la suya. Jamás nunca practicó nuestra democracia adoración alguna a sus mejores hombres. Menos a milicos felones. Una elemental discreción y un sobrio buen gusto impidió montar en sus muros las figuras de quienes, incluso, gobernaron en dos oportunidades. O de quienes en la más justa apreciación se les considera padres de nuestra Democracia. ¿Por qué alguien bajo cuyo mando se cometieron los mayores crímenes de lesa patria, se fomentó la corrupción a niveles siderales, acumuló una fortuna robada a los bienes de la Nación y pervirtió el sentido moral de millones y millones de ciudadanos habría de seguir ensuciando los espacios del Congreso? ¿O es que el ministro de defensa, aún no se entera de que dos familiares de la pareja presidencial, puestos en ese sagrado recinto que es Miraflores por delegación de Chávez moribundo, han sido encarcelados por pretender introducir más de 800 kilos de cocaína en los Estados Unidos? ¿Y que en el colmo del descaro, seguramente por mediación de su encumbrada parentela, la actual pareja presidencial, portaban pasaportes diplomáticos con el único fin de servirse de una fraudulenta cobertura?
Sepa el ministro y todas las fuerzas a su orden, que la inmensa mayoría de la población respalda la decisión asumida por el Presidente de la Asamblea Nacional. Y que la decisión de desalojar de la Patria todo vestigio de la infamante dictadura que hemos padecido así como de efectuar un lavado profiláctico a todas las instituciones rebajadas a servir a la insolencia abusiva de la presidencia de la República, encontrará asimismo el respaldo de la ciudadanía toda.
Finalmente no es inútil recordarle que la decisión de terminar con el oprobio de la satrapía – administración al servicio de un poder extranjero – es irrevocable. Un mandato de la Nación. Obedecerlo es el imperativo categórico de todas las instituciones del Estado. Principalmente, y en primer lugar, de sus fuerzas armadas.

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