Saturday, January 28, 2012

Lo más viejo de la vieja política

En: http://www.eluniversal.com/opinion/120128/lo-mas-viejo-de-la-vieja-politica

PEDRO GARCÍA OTERO |  EL UNIVERSAL
sábado 28 de enero de 2012  12:00 AM
Buena periodista donde las haya, Milagros Socorro suele comparar a Hugo Chávez con uno de estos parientes que se ponen pesados en las reuniones familiares. Para esta cronista, una cadena presidencial siempre es una ocasión en la que se pregunta ¿qué irá a decir ahora?, o como en una fiesta, "míralo. Ya se va a poner a beber. Ya se va a poner a decir pesadeces". Temor general, pues.

Cada vez más adusto, el Presidente se parece a uno de esos tíos regañones que todos tenemos. Salen Leopoldo y Capriles a unirse y aparece el tío hablando del Imperialismo y de que no volverán; los estudiantes ganan en la UCV hasta en el preescolar, y ahí está el tío, diciendo que un buen estudiante es revolucionario (con lo que les da la razón); sube la oposición en las encuestas y el gruñón sale a decir que solo él garantiza la estabilidad -el argumento más conservador y, en el fondo, más contrarrevolucionario que existe y que antes que él esgrimió, entre otros, Francisco Franco-.

En estos días, que se habla tanto de la vieja y la nueva política, es bueno recordar qué era aquello que se definía como "vieja política": Era, si uno no recuerda mal, tratar de sacarle rédito político a todo, ver cómo se obtienen ventajas de cualquier situación, obrar con ventajismo y nocturnidad.

Siendo así, nadie encarna tanto la vieja política como el presidente y el equipo que lo acompaña. No solo porque se han perdido 13 años en medio de una montaña de paja, sino porque, al menos desde el PRI mexicano, no se había visto en Latinoamérica un movimiento con tanta capacidad para fagocitar el Estado, pervertirlo, y para aplicar la marrullería como forma casi exclusiva de hacer política.

Chávez lo sabe y actúa. A mediados del año pasado anunciaba la llegada del "nuevo Chávez". Viendo imposible reinventarse luego de tanto gobierno y más aún con su enfermedad, que le tiene el gesto triste y sin ganas de reír, apuesta a presentarse como la única garantía de inamovilidad.

Según la Sociología Política, toda elección es un dilema entre continuidad y cambio. Chávez minimiza comunicacionalmente este desastre y se enfoca en las misiones y en el tradicional reparto de dinero. Capriles se enfoca en el cambio, pero no radical. Lo justo para conciliar el acento social con la economía de libre mercado y el retorno de la institucionalidad. Así desarma el otro argumento del presidente: los nexos con el pasado.

Quienes tenemos memoria recordamos aquella frase presidencial: "Humildemente, yo soy imprescindible". Lo retrata por el contrasentido, pero más por el ego. Hay que ver si el electorado piensa lo mismo; no parece factible. Resuena la frase de Bolívar: "prefiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila".

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