Tras la liberación del contratista norteamericano preso en Cuba por cinco años, se abre la posibilidad del fin del embargo. Y la isla está preparada para el comercio internacional de grandes ligas con la reciente inauguración del mega puerto de Mariel donde pueden atracar barcos tan grandes que no pueden pasar por el Canal de Panamá.
Por Elizabeth Fuentes
“Todo listo para la toma económica de Cuba”, se
llamaba un seminario que se realizó en Miami en la década de los noventa
y donde las grandes corporaciones tenían todo listo, estudiado y
aprobado a la hora de invertir en la isla una vez que el embargo de
Estados Unidos llegara a su fin. Decenas de empresas de la talla de Coca
Cola, Mitsubishi, o Mac Donald`s, por mencionar algunas, se frotaban
las manos esperando ese momento.Dentro de las ventajas competitivas que señalaban estaba el hecho de que en la isla no había cultura de sindicatos ni de gremios, lo que significaba una posibilidad gigantesca a la hora de llevar sus dólares a Cuba y contratar personal local sin esperar ningún tipo de problemas, sumisos como son los trabajadores cubanos luego de décadas de laborar en condiciones casi de esclavitud, lo que es usual en la Cuba socialista.
Lo cierto es que hoy, con la liberación del estadounidense Alan Gross -preso desde hace 5 años por el presunto delito de espionaje-, la posibilidad del levantamiento del bloqueo pareciera más cerca. De hecho, el ex presidente Bill Clinton aseveró dos días atrás, en una entrevista con CNE en español, que la liberación sería el primer paso para ello.
Entonces cabe imaginar que la gama de empresas que hace más de veinte años sacaban sus cuentas para “la toma de Cuba”, se debe haber multiplicado luego de la nueva Ley de Inversión Extranjera, aprobada en marzo de este año, y donde Cuba establece incentivos fiscales para atraer capital no solo extranjero sino incluso de los cubanos “gusanos” que residen en Estados Unidos o España. Esta legislación reduce a la mitad el impuesto sobre las ganancias y permite repatriar sus beneficios en la isla, así como vender sus participaciones en las empresas mixtas con Cuba.
Basta como ejemplo con señalar el paso que dio el gigante brasileño Odebrecht, quien llevó a cabo la obra de ampliación del puerto de Mariel, re inaugurado en abril de este año, donde invirtió un capital que superó los siete mil millones de euros, según cifras oficiales. Fue un riesgo económico calculado porque los brasileños tienen la mira puesta en la posibilidad real -y ahora más cercana con la liberación de Alan Grossman-de que el embargo llegue pronto a su fin y los grandes buques estadounidenses puedan atracar allí.
Según reseñas de prensa publicadas cuando se inauguro el nuevo Puerto de Mariel, la ampliación del puerto cubano, situado a unos 50 kilómetros de La Habana, en la entrada del golfo de México y frente a las costas norteamericanas, “es uno de los proyectos de desarrollo económico más ambicioso de América Latina…” publicaba el diario El País n enero de este año.
En un largo reportaje, también el diario Granma informaba que cerca de 70 empresas de 15 países, entre ellos Brasil, Rusia, China, España, Francia e Italia han pedido documentación sobre esta nueva zona franca americana, “capaz de recibir buques de mayor calado, que pueden cargar hasta 9.000 contenedores, pero no pueden pasar por el actual canal de Panamá”.
Los brasileños no solo han construido ya 700 metros de muelle, sino que han acondicionado una red ferroviaria para el acceso al puerto. Se asegura que podrá movilizar 800 mil contenedores al año
El economista Emilio Morales, autor del libro “Cuba: ¿tránsito silencioso al capitalismo?” aseguró a El País, que el complejo portuario de Mariel está pensado, estructurado y puesto en la perspectiva futura de desbrozar el camino para la entrada de capital de las grandes compañías norteamericanas. “Esa es la idea que inspira también al dinero brasileño invertido en esta apuesta y constituye la carnada para los potenciales inversores”.
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