PABLO DE LLANO Guadalajara (México)
El narrador y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), que ha adaptado el Quijote en una edición especial
de la Academia (editado por Santillana) para jóvenes de todo el mundo de habla
española, cree que la lectura del clásico de Cervantes es una bandera legítima
para luchar en medio del fuego que vive hoy esta parte de la humanidad. Y
considera que el mayor aliado de los falsos quijotes es la ignorancia de los
sanchos.
Pregunta. Al contrario de lo que dice
de España, de Europa, estos días ha afirmado que América Latina sí tiene visos
de futuro.
Respuesta. No digo que tenga visos de
futuro. Digo que es el futuro. Europa es un continente que envejece muy mal, en
manos de un grupo de representantes en Bruselas medio demagogos y medio
analfabetos que están desmantelando 30 siglos de cultura. Añádele a eso un
continente que no crece, que no tiene juventud, hecho de jubilados. En América
hay cantidad de jóvenes intentando abrirse camino con el vigor de la juventud y
de la esperanza. El eje se está desplazando a la América hispana, y estoy
convencido de que lo mejor que podamos esperar, vendrá de América.
P. ¿Cómo es su relación con
esta tierra?
R. Larga, empecé muy joven, en
las guerras de los años setenta, y he visto muchas causas perdidas y muchas
grandes palabras que luego han terminado en números de circo como la revolución
nicaragüense. Pero hay una cosa que me queda siempre de América, y es el
profundísimo respeto que todos, hasta los analfabetos, tienen por la cultura.
En América la gente aún cree que ser culto ayuda a cambiar para mejor. El padre
confía en que su hijo sea lo que él no ha podido ser. Se trata de esos jóvenes
que se levantan a las cuatro de la mañana en un suburbio de México, Distrito
Federal, para ir a estudiar una carrera que luego no podrán ejercer. Y también
está la lengua. Le dan importancia, para ellos es un factor de cultura. He
visto a muchos campesinos usando un vocabulario tan rico y tan decente que ya
quisieran muchos, no ya los jóvenes sino los políticos e incluso los académicos
españoles. Y ese respeto, esa veneración por la lengua como elemento clave,
unido a la incultura, les da una osadía lingüística, una creatividad
extraordinaria. El otro día, en el DF, en un sitio de manicura descubrí que a la
que hace las uñas de las manos y de los pies le llaman la todera. Tenemos que
olvidarnos del hispanocentrismo y comprender que los españoles somos solo una
parte de la lengua. El caudal vivo, el español de futuro, el que van a hablar
en todo el mundo, y desde luego los cabrones de los gringos, es el español.
Somos una patria sin fronteras ni ideologías. Somos 500 millones de
compatriotas con una bandera legítima, el Quijote. Nuestra patria es la lengua
española.
Europa es un continente que envejece muy mal
P. ¿Tiene sentido mantener en
el diccionario la categoría de americanismos?
R. Hace un año, en uno de los
plenos de la RAE, propuse eliminarlo. Es un error. Creo que hace una división
del español inapropiada e injusta. Yo tengo todo el derecho a decir chingar, o
todera, porque es mi lengua. El nuevo diccionario debería suprimir esa marca y
mantener la etimología. Todo es español. La Reina del Sur lo escribí en México, no ya en mexicano sino en culichi,
que es como hablan en Culiacán, Sinaloa. El caso es que debemos transitar sin
complejos por la lengua que compartimos. Ninguna lengua tiene una habitación
como la nuestra, con tantos compartimentos por los que entrar y salir. España y
América Latina son pueblos que han sido masacrados históricamente, pero tenemos
una cosa buena: una comunidad en común, la lengua. Como esos monjes medievales
que andaban por ahí y sabían que serían bien recibidos en cualquier convento donde
se hablase el latín.
P. ¿Puede dar un par de
ejemplos de lengua culichi?
R. Chaca es jefe. Morra es
chica. Una cosa que me interesó mucho de Sinaloa es el lenguaje de los
corridos. Es como oír un soneto de Quevedo, una jerga osada, con palabras del
béisbol mezcladas. Dicen, por ejemplo, saltarse la barda. Eso es el colmo para
ellos. Con esa morra me salté la barda. O dicen estuve guachando a mi carnal,
vigilando a mi amigo [del inglés to watch]. Y el escritor que está
fijando esa lengua con su escritura es mi hermano Élmer Mendoza, como un
Cervantes mexicano.
Somos 500
millones de compatriotas con una bandera legítima, el Quijote
P. ¿Ve relación entre el
populismo en América Latina y la idea de quijotismo?
R. Surgen quijotes y surgen
también falsos quijotes. A veces hay figuras que están entre la luz y la
sombra, y para iluminarlos del todo solo hay una forma que es la educación, la
cultura. Un joven educado con buenos maestros puede identificar si en ese
Quijote hay verdad o mentira. Por eso es tan importante la formación, para no
nos seduzcan los falsos quijotes. El mayor aliado de los falsos quijotes es la
ignorancia de los sanchos.
P. Pero si la educación es la
base, por qué al comparar con América a un país como España, con más nivel
educativo…
R. ¿Y quién te ha dicho que
España es un país más educado? Habla con un universitario mexicano y con un
español y compara ideas, formación y lucidez.
La Reina
del Sur lo escribí en México, no ya en mexicano sino enculichi, que
es como hablan en Culiacán, Sinaloa
P. ¿Concluye que en México son
más lúcidos, formados y con mejores ideas?
R. No tanto. Lo que creo es
que disponen de un material básico, y ese material es el profundo respeto que
tienen por la cultura y por la educación, un respeto que en España y en Europa
hemos perdido. Allá, la educación es como una obligación impuesta por el
sistema a la que se accede incluso con desgana. En América, y sobre todo en
lugares como México, es un anhelo que mueve a las personas a pelear por sí
mismas y por su futuro. Mi Mientras que en Europa y en España casi, digo casi,
se está perdiendo la capacidad de pelear –quizá porque el concepto de pelear
nos resulta políticamente incorrecto–, en México se pelea todos los días. Y,
ojo, lo que se va a pelear.
R. Sí. No sé lo bastante de
política mexicana, pero sé de seres humanos. Y hay una cosa clara: la impunidad
se está terminando. Las redes sociales han creado un estado de alerta
permanente que antes no existía. Ahora ya no es fácil escudarse tras la
demagogia, o tras la policía o tras unas instituciones apolilladas. Eso ya no
se lo tragan.
P. ¿Qué puede enseñar El
Quijote en este contexto?
R. Yo he visto muchos
incendios por la vida que llevé, y sé qué sin una base cultural que enmarque
esos incendios, el incendio se vuelve estéril. Libros como El Quijote,
en manos de buenos profesores, permiten educar a los que llevan las antorchas
en palabras como compasión, solidaridad, coraje, honradez, y eso cambia el
cariz de los incendios. Los incendios hechos por gente que sabe lo que incendia
y por qué, sean incendios reales o metafóricos, esos sí pueden iluminar
futuros. Por eso El Quijote es tan importante. Yo creo que no
hay combinación más eficaz para hacer mejor el mundo que un maestro de escuela
honrado e inteligente con un Quijote en las manos. En México sería
El Quijote contra el Kalashnikov, o El Quijote contra el
cuerno de chivo, como le llaman en Sinaloa.
P. ¿Qué puede aprender América
Latina de España y de Europa?
R. América no puede olvidar
que todo nació ahí, que lo mejor que tiene se llama Sócrates, Aristóteles,
Virgilio, Homero, Erasmo, Quevedo, Voltaire, Tolstoi, Dostoievski, y todo eso,
o casi todo, ha venido a través de España. América debe andar su propio camino,
pero sin renegar nunca de aquello que la hizo en lo mejor. Los agravios fueron
muchos, pero también fue mucho lo bueno que el mestizaje dejó. El mejor símbolo
es ese mural del Hospicio Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo de Guadalajara,
donde están abrazados el caballero-águila y el español todo forrado de hierro,
apuñalándose el uno al otro, pero abrazados.
Vía El País. España
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