Friday, December 5, 2014

Entrevista a Asdrubal Baptista: La sombra del Estado

En: http://prodavinci.com/blogs/entrevista-a-asdrubal-baptista-la-sombra-del-estado-por-jose-useche-y-ricardo-zambrano-entrevistasbicentenarias/

Por José Useche y Ricardo Zambrano/Entrevistas Bicentenarias 

Hablar con Asdrúbal Baptista es asistir a una clase magistral. Ha sido catedrático en la Universidad de Cambridge, regente en la Universidad de Oxford, y es Individuo de Número de la Academia Nacional de las Ciencias Económicas.

En su pequeña oficina llena de libros, que atestiguan años de estudios y reflexión, comenzó a hablar sobre nuestra inquietud: la independencia venezolana y su influencia en la composición de la sociedad.

La independencia y la economía. Un país rural, cuya base económica era la agricultura, inicia, en los albores del siglo XIX, una gesta de emancipación que le llevará a independizarse políticamente del reino de España, que desde el siglo XVI ostenta el poder. Esa independencia busca conformar, siguiendo los ideales de la Ilustración, una república cónsona con los inicios de la modernidad.

La guerra desatada fue larga y cruenta, dejando a su paso cadáveres y miseria; al final, el ejército patriota conseguirá la victoria, constituyendo de esta manera la República de Venezuela, que en sus inicios, formó parte del proyecto llamado la Gran Colombia. Sin embargo, tras distintas situaciones, es en 1830 cuando la república independiente se constituyó (forma que ha mantenido hasta nuestros días).

Esa es la historia romántica, dice Baptista. “Fue una ruptura, por lo menos eso dicen los libros de historia, pero no sé si en la vida cotidiana hubo ruptura. Cuando las cosas empiezan a sedimentarse y ya la gente adquiere en su lenguaje, con las festividades, la bandera, el himno, con gente que habla de la gesta independentista, con toda la fábula que se montó sobre lo héroes, etc., se va adquiriendo la lenta conciencia de que efectivamente hubo un episodio que separa en dos tiempos (…). Pero, para lo más inmediato, salvo por la guerra y la barbarie, no se puede hablar de una ruptura real”.

Esto lo concluye, analizando no el discurso entablado por la historia nacional, sino la repercusión que supuso la Independencia en la dinámica social, principalmente en el área económica.

Interpreta la independencia del reino de España de forma positiva; sin embargo, no considera que existió un cambio en las formas de vivir establecidas en nuestra sociedad. Con todo el valor e importancia que se merece este periodo, fue insuficiente para crear una fuerza capaz de cambiar la dinámica social.

“Ahí no hubo, en lo más inmediato, ruptura; provoca pensar desde la economía que esta ruptura fue una ruptura superficial (…). Las cosas continuaron más o menos igual, [con] otros gobernantes, otros símbolos, otra nomenclatura. Las exportaciones, la producción, siguen aportando prácticamente lo mismo después de la Independencia; es posible que existan otros destinos aparte de España, pero ¿cambia eso respecto a un modo de vivir previo? ¡Caramba! si digo que no, me puedo estar parando sobre un despeñadero, pero me provoca decir que no. En los números no está esa ruptura”, reflexiona.

Venezuela petrolera. Venezuela, explica, antes de la aparición del petróleo, era uno de los Estados más pobres de América Latina. El ingreso medio era algo menos de la mitad en comparación con el resto de países de la región. El petróleo transformó esa situación, aunque no de forma inmediata, ni en aspectos del Estado, ni mucho menos en la vida de las personas.

“No hay duda, con el petróleo algo ocurre, pero ocurre muy de fondo, de manera muy lenta (…) Hay que tener presente que la irrupción del petróleo toma lugar, simplemente, por la presencia de grandes capitales extranjeros concentrados en áreas geográficamente bien localizadas; entonces, ¿cuánto afectó a los venezolanos en general aquello? Muy poco”.

De este modo, es aún complicado hablar de ruptura económica de la vida del venezolano solo con la aparición de la industria petrolera, ya que, como actividad productiva, era practicada por empresas extranjeras. Por tanto, era fuente de ingreso principalmente de los propietarios de esas empresas, y las concesiones estatales no establecían grandes beneficios económicos para el Estado.

Explica Baptista que la primera consecuencia real, producto de la aparición del petróleo, ocurre en 1934, gracias a una revaluación que sufrió el bolívar durante el gobierno de Juan Vicente Gómez. “Esto sí es un episodio nacional –afirma–, porque el bolívar lo utilizábamos todos como medio de pago. Entonces, allí hubo un episodio que muy pronto tiene que haberse comunicado en toda la geografía, pero estamos hablando un par de décadas después de andar el petróleo por ahí circulando”.

Esta primera transformación que impactó a todo el país, directamente relacionada con la entrada en escena del oro negro, no desembocó en riquezas y poder adquisitivo al ciudadano común. Los indicadores económicos ubicaban a Venezuela aún entre los más pobres de América Latina, principalmente por su condición de país rural. No obstante, comenzó un proceso de transformación de la sociedad venezolana que, contrariamente a las vías y el tiempo de duración de los cambios en la historia de otros países, ocurrió de un modo extraordinariamente acelerado en nuestro entorno.

Resalta que, sumado a la riqueza petrolera de una nación que de a poco iba tomando control de la industria, hay un factor que se relaciona con la riqueza petrolera y provocó los principales cambios en la estructuración de la sociedad venezolana: la migración del campo a la ciudad.

Este fenómeno transformó en aproximadamente treinta años al país, de ser primordialmente rural a uno con altos niveles de urbanidad. Además, en medio de ese proceso de movimientos internos, ocurrieron simultáneamente las inmigraciones europeas, producto principalmente de las guerras y los factores económicos de la Europa de aquel momento.

“Ahí se va a crear un proceso que se debe estudiar críticamente: la urbanización violenta que tuvo la nación. Un sinnúmero de venezolanos se vienen a los centros urbanos, ante la expectativa de posibles fuentes de empleo. Entonces, esas fuentes de trabajo, la velocidad de urbanización, combinadas con la inmigración y con la riqueza del país, se traduce en una extraordinaria transformación de la sociedad”.

Todos estos factores van a converger en la época de la ruptura real en el vivir del venezolano común: los años setenta. Con la gran bonanza petrolera es cuando éste aparece efectivamente en la escena nacional. La gente lo descubre por fuerza de lo que ocurre en el mercado, dada la gran capacidad adquisitiva alcanzada en un país que en ese entonces, estaba ya urbanizado en un alto porcentaje.

El Estado petrolero. Cuando examina la consecuencia económica de la propiedad estatal del petróleo, nos habla que este, en cierta medida, atrofió el desarrollo de una sociedad civil en términos de ejercicio del poder, ya que, al investigar la cantidad de capital privado que poseen medios de producción en el país, se encuentra con muy pocos grupos o personas que ejercen un poder económico en nuestra sociedad.

“Sin querer ser monocausal ni ultradeterminista, el petróleo, siendo propiedad de Estado (…), causó muchos beneficios, y al mismo tiempo pudo haber malogrado el crecimiento endógeno de la sociedad”.

Expandiendo su mirada a la economía global, Baptista resalta que el mundo actual descansa sobre el equilibrio existente entre el poder político y el poder económico, el primero de ellos ejercido por los estados, y el segundo por la sociedad civil, creando un sistema en el cual el poder lo ejercen los estados nacionales junto con estas sociedades.

Sin embargo, en los últimos treinta o cuarenta años, las sociedades han pasado de ser nacionales a ser mundiales, y los estados siguen siendo nacionales. Como consecuencia se visualiza la fractura de este equilibrio.

No obstante, en Venezuela “esa escisión estado-sociedad civil se ha roto. Tuvimos un equilibrio entre el Estado y las concesionarias extranjeras que representaban la sociedad civil internacional, pero cuando se produce la nacionalización, se quedó el Estado solo, jugando ajedrez consigo mismo, y nuestra sociedad civil exigiendo al Estado: usted tiene que hacer esto y esto y esto, porque es deber del Estado esto, esto y esto”.

En este sentido, remarca que en el país nunca ha existido el liberalismo económico, ya que el petróleo, como principal área productiva, pertenece al Estado. “El Estado liberal, en el sentido de una clara demarcación entre intereses públicos y privados, entre Estado y sociedad civil, con un pensamiento además antiestatista, conservador, nunca existió. (…) En Venezuela no hay pensamiento liberal”.

La razón elemental de esta situación es que la fuerza de Venezuela en términos materiales es el petróleo, y el petróleo es del Estado. “El Estado es quien hace crecer, el Estado es quien educa, quien promueve la salud, y la iniciativa privada, a la sombra del Estado”.

La condición humana. Baptista confiesa que antes que ocuparse de los hechos de la Guerra de Independencia, de los héroes militares que coronan pedestales altísimos en la historia nacional, antes que recordar esa historia romántica para consumo nacional, diseñada en Venezuela a través de los años, no hay nada más admirable que la condición humana.

Para él, la Independencia significó (además del desastre humano conocido y la conquista política), la pérdida del hombre más importante de esa época: Andrés Bello. “Junto a él, se van en ese momento, la filosofía, la universidad, las letras”.

“Yo les confieso, no vivo de las gestas, (…) mi romanticismo va por otro lado. No hay nada que yo admire más que la condición humana. Prefiero fijarme en otras cosas, como la Gramática de Bello o el Código Civil de Luis Sanojo; me parecen unas obras extraordinarias”.

Esa mirada nostálgica hacia la época de la Venezuela rural, no nubla la visión de un hombre que, más allá de tener una postura ideológica hacia la historia del país, se enfrenta al tema venezolano con los mismos ojos que observa todos los aspectos de la vida.

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