Los dictadores no dialogan, imponen y excluyen. Por lo contrario, la
democracia es diálogo permanente basado en derechos y deberes básicos, comunes
entre diferentes, para juntos producir espacio público de vida y dignidad. En
Venezuela la voluntad dictatorial anda desatada; para muestra, el medio
centenar de leyes decretadas (aunque no elaboradas ni conocidas) en la
recta final de la habilitación presidencial, desplazando al Poder Legislativo.
Ahora presenciaremos, nuevamente, el cuento del magnicidio.
¿Reencuentro y reconciliación en medio de
brutales descalificaciones y persecución? Se trata de una poderosa
invitación al esfuerzo común de construir entre todos una sociedad digna.
Encuentro que está consagrado en la Constitución, aunque haya sido
sistemáticamente violada por la discriminación y la exclusión por quienes
buscan imponer una sociedad de partido-gobierno-Estado único y uniforme. Solo
los “revolucionarios” tienen carta de ciudadanía y los demás son explotadores,
conspiradores del imperio sin derechos ciudadanos y “si no les gusta, que se
vayan”.
En esta situación de exclusión nacional, el diálogo, el reencuentro y la
reconciliación constituyen una carta de identidad de todo demócrata frente a la
dictadura presente o futura.
¿Qué reencuentro y reconciliación?
El que pone en acción todos los recursos y voluntades indispensables
para producir y disfrutar un sistema público de salud desde la prevención y
atención primaria, hasta eficientes hospitales públicos. Solo alcanzable si
toda la sociedad y su gobierno se dan la mano para hacer realidad lo proclamado
en la Constitución. Lo público no es sinónimo de estatal, fracasa si no está
arraigado en las conciencias personales y en las iniciativas sociales
emprendidas, combinando la responsabilidad ciudadana personal y las múltiples
iniciativas sociales con la acción estatal.
La sociedad y su Estado, solo en sinergia, pueden producir una educación
de verdadera calidad con acento especial en los sectores hoy educativamente más
discriminados, es decir, los más pobres y atrapados en las lacras de la
educación oficial partidizada.
Reencuentro de los venezolanos con el coraje
necesario para liberar a los presos políticos y propiciar el regreso de los
exiliados con todos sus derechos constitucionales; con separación y contrapeso
de los poderes públicos (Legislativo, Judicial, Electoral, Ejecutivo…) sin
sometimiento sumiso de todos ellos al poder presidencial arbitrario.
Movilizados en la radical defensa de la vida y de la seguridad ciudadana, cuya
constante violación es respaldada hoy con un lenguaje de exclusión,
descalificación y criminalización contra todo el que “no es de mi partido o
disiente dentro de él”.
Unidos contra la corrupción de quienes se apropian de los recursos
públicos del Estado a favor de su bolsillo o de su partido-gobierno, con lo
cual se roban el poder adquisitivo salarial de los más pobres y de sus
oportunidades y capacidades productivas. Convencidos de que no habrá
economía sin el reconocimiento de la libre iniciativa productiva, en el marco
de la Constitución, con garantías jurídicas y la sensatez política necesarias
para generar una oleada de nuevas inversiones nacionales e internacionales,
único modo (junto con más eficiencia y achicamiento del déficit fiscal y de la
fábrica de dinero inorgánico) de reducir la inflación, producir abastecimiento
y ofrecer trabajo. No hay espacio para completar la lista. Esta reconciliación
anhelada por 90% de los venezolanos reclama liderazgos decididos y sin
ambigüedades.
¿Reconciliación con quién? Con todos los que quieran
encontrarse en esa tarea constructiva, no importa qué hayan creído y defendido
ayer. Naturalmente, esa construcción exige la transparencia sobre los delitos y
los delincuentes de estos años y el correspondiente castigo por la vía
judicial, pero no de la venganza.
Una
dictadura que excluye no debe ser suplantada por otra que discrimina. Hay que
despertar y convocar a todas las fuerzas creativas, sin la ilusión perversa de
que este reto sobrehumano pueda ganarse con media Venezuela contra la otra
mitad, sino por millones de venezolanos movilizados hacia la reconciliación
superando las exclusiones del presente y del pasado. Cada uno verá en su
conciencia hasta dónde se siente movido a incluir a quienes consideró enemigos.
Venezolanos somos todos y no solo yo y los míos.
Vía El Nacional
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