Tuesday, August 16, 2016

La mofa al poder (I)

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Rubén Monasterios

Donde quiera que exista un atisbo de respeto por la libertad de expresión se hace sentir el conflicto entre el poder político y la protesta humorística; en Venezuela cumplió la encomiable función una singular forma de cuestionamiento: el evento satírico, semejante al happening y laperformance, por ser acontecimientos inesperados, que juegan con la improvisación a partir de las circunstancias del entorno social y pueden ocurrir “en cualquier parte”.
En nuestra Historia moderna, digamos entre el ocaso del s. XIX y la actualidad, recordamos cuatro de esos eventos de mofa al poder; sin forzar demasiado la barra, por cuanto tuvieron intención semejante y tanta resonancia social como los otros, podríamos añadir otros dos, más propiamente teatrales.
La más remota de esta forma de expresar la disconformidad ocurre en el marco de la hegemonía de Guzmán Blanco (1871-1888). Jamás ningún otro gobernante venezolano había sido objeto de tanta alabanza extravagante; tal fue el punto de inspiración de la idea de burlarse del mandatario de un grupo de intelectuales caraqueños; entre ellos la crónica recuerda a Lucio Villegas Pacheco, Manuel Vicente Romerogarcía y Francisco L. Caballero.
Por esos días era popular en la capital un personaje llamado Francisco Antonio Delpino y Lamas, sombrerero de oficio, poeta de vocación, llamado “El Chirulí del Guaire” y “El Cantor de Caroata”; escribía versos sin sentido absolutamente en serio; según el autor, constituían una forma poética nueva llamada Metamorfosis, cuya invención se atribuía. Los publicaba donde le daban espacio, para hilaridad de los lectores. Todavía los pocos caraqueños viejos que vamos quedando recordamos algunas de sus estrofas: Pájaro que vas volando / parado en la rama verde / pasó el cazador matóte / ¡más te valiera estar duerme!
El 14 de marzo de 1885 ocurrió en el Teatro Municipal de Caracas el inicio de La Delpiniada, celebración apoteósica del poeta en cuestión, que precedió la aparición de un periódico humorístico vocero del movimiento delpinista y otros actos. Fue una parodia de los eventos con los que frecuentemente sus lambeculos exaltaban a Guzmán Blanco.
Aunque sin la menor alusión al Presidente ni a su entorno, la burla resultó clarísima; la reacción de las autoridades no se hizo esperar; los organizadores del evento fueron a dar a la cárcel y su periódico clausurado.
Con la entronización de Cipriano Castro la libertad de expresión se cierra y así, en forma más férrea y con mayor brutalidad en la represión, continúa durante el mandato de Gómez. Es un dilatado período que abarca entre 1901 y 1935; entonces la crítica al gobierno, fuese seria o humorística, podía significar al responsable exilio, años de cárcel cargado de grillos y muerte.
No obstante, cuando todavía no se había endurecido la censura, la mofa al poder se dejó sentir con La Sacrada.
Cipriano Castro (hegemonía 1901-08), enano alcohólico, bailarín patológico, petulante y putañero, es otro de los mandatarios exaltados hasta el delirio por los adulantes de su entorno. Contemporáneo suyo fue un buhonero libanés andariego por Caracas, un tanto tostado de la cabeza, llamado Alfonso Sacre. Era un pacífico megalómano que se presentaba a sí mismo como “General Sacre” y de vez en cuando se paseaba por ahí vistiendo un pomposo uniforme militar.
Unos estudiantes de la Universidad de Caracas (otro nombre de la UCV) tuvieron la idea de burlarse del Presidente valiéndose de ese personaje, semejante a él en varios aspectos. A tal efecto crearon una “Sociedad Glorias del General Alfonso Sacre” y aprovechándose del ambiente carnavalesco, el 7 de marzo de 1901, llevan a cabo una parada de honor con todos los hierros: sesenta carrozas, caballeros de escolta, banderas, música, muchachas lanzando flores desde los balcones, pueblo aclamando… Toda Caracas, literalmente, estuvo involucrada en la mofa.
Cuentan las crónicas el encuentro en una esquina de la caravana triunfal y la comitiva de Castro. El Cabito monta en cólera al reconocerse ridiculizado en la figura de Sacre saludando a la multitud a su estilo, agitando un pañuelo blanco. El periódico humorístico La Linterna Mágica, promotora del evento, es clausurado; los estudiantes organizadores van a dar a la cárcel y se ordena su expulsión de la Universidad; el Rector Santos A. Dominici rehúsa someterse a esa medida ¡y la Universidad también es clausurada! El malestar generalizado debido a la desorbitada represión hace reflexionar al Ejecutivo. Dos meses después se derogan las sanciones y termina el incidente.
Nada, ¡ni por asomo!, semejante ocurre durante la dictadura de Gómez; tendríamos que esperar su muerte en 1935 y la consecuente elevación al poder de López Contreras para el renacimiento de la sátira; esta vez en forma teatral, el sainete La Sagrada Familia, firmado con el pseudónimo Juan del Llano (atribuido a José Mora y Antonio Saavedra). He aquí una síntesis de su argumento: un villano y su familia tienen secuestrada a una muchacha llamada “Venezuela”; aparece un galán, un joven militar que la rescata; los de “la familia” (que no son otros que los afectos a Gómez) lo llenan de improperios. C’ est tout. El éxito de público de algo tan simple y grueso revela el sentimiento contrario a la dictadura gomecista bullente en la colectividad. Pese a ser evidentemente favorable a López Contreras (representado por el “muchacho” redentor), y no obstante el reclamo del público, como efecto de presiones apenas estuvo una semana en cartelera.
Ocurre distensión de la represión durante el mandato del general civilista Isaías Medina Angarita (41-45), y se mantiene bajo el breve gobierno de Rómulo Gallegos (48-49). Vuelve a desaparecer del ambiente nacional todo aire libertario durante la dictadura de Pérez Jiménez (53-58).
Durante su mandato la mofa al poder es inconcebible; entonces sólo se escuchan loas al Presidente, al estilo de aquella canción ballenata: General Marcos Pérez Jiménez / Presidente Constitucional / elegido por el pueblo / con orgullo nacional… Con todo, el culto a la personalidad de Pérez Jiménez no alcanzó los niveles rendidos a los dictadores que lo precedieron… ni el de dimensiones cósmicas del que vendría después.
Continuará en el próximo episodio…

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