Finalizando
la tercera década del Siglo XX, un grupo de jóvenes estudiantes se sintieron
llamados a enfrentar el régimen de la que parecía eterna República liberal autocrática,
heredera infiel de la República de Colombia, moderna y liberal. Entrada en su
fase degenerativa, la República heredera se había trocado, desde los albores
del siglo XX, en la Dictadura liberal regionalista. Despojándose de todo
miramiento constitucional, centraba su razón vital en la preservación
monopólica y desenfrenada del Poder público. Situación que era padecido por los
jóvenes mencionados como negación de Libertad. Por consiguiente, la
ecuación del Poder público se sintetizaba como Dictadura vs. Libertad.
Les tomó
tiempo, a esos jóvenes estudiantes, captar la esencia de esa situación.
Anduvieron de por medio corrientes ideológicas; particularmente las vinculadas,
o derivadas aviesamente, del Humanismo marxista. Tomó tiempo para que la experiencia
de la cárcel y del exilio empujase a un puñado de tales jóvenes, rebeldes, a la
comprensión de que el fondo de la cuestión tenía que ver, sobre todo, con la
naturaleza del Poder público. Lo que les condujo, a su vez, a emprender la
revisión de los procedimientos tradicionales de acceso al Poder público.
Progresivamente, los procedimientos tradicionales fueron superados, supeditados
a otros procedimientos, abandonados y hasta condenados.
La marcha
así emprendida culminó con la comprensión de que la raíz del conflicto radicaba
en los procedimientos de formación, de ejercicio y de finalidad del Poder
público. Con ello la antinomia dejó de expresarse como Dictadura vs Libertad,
volviéndose Democracia vs Dictadura = Libertad; pasando a ser la Democracia clave
para el goce de la Libertad.
Debo
prescindir de los desarrollos concomitantes de esta evolución, para dejarle
espacio a lo que expresamente nos ocupa hoy. Me limitaré a decir que,
valiéndose del más rancio de los procedimientos de acceso al Poder público –es
decir, la genéricamente aborrecida violencia–; pero esta vez hibridado con un
sostenido trabajo de preparación ideológica democrática, y con la participación
de fuerzas civiles organizadas en consonancia, se desplazó del Poder a los
representantes dictatoriales de la República liberal regionalista. Se procedió
a instaurar un régimen cívico-militar que se dio a iniciar la edificación de la
que denomino La República liberal democrática –enfrentada hoy a su segunda
crisis de desarrollo–; el balance de cuya instauración primera y primaria, en
curso, intentaré resumir.
Mas no lo
haré sin caracterizar el cuadro sociopolítico del cual partió esta creadora
experiencia histórica. Para ello me limitaré a transcribir un fragmento de una
conferencia –la sexta–, que dicté en un ciclo semanal iniciado el 14 de febrero
de 1974; compilada en mi obra titulada Una nación llamada
Venezuela:
“A fines
de la década del 50 la sociedad venezolana aparece conformada como lo que
podría llamar, aunque esto suene a contradicción, una pequeña sociedad de
masas. Parece un juego de palabras, pero en rigor no lo es, aunque quizá sea
más adecuado decir una sociedad con problemas masivos. Ya no se trata de
aquella que he denominado universo de peones con un pequeño club de terratenientes
manipulando las aspiraciones socioindividuales, sino de una nueva sociedad
donde el proceso de movilización de grandes masas, el de urbanización, el
proceso de desarrollo capitalista en el campo, el inicio de la
industrialización, etc., han generado toda una nueva problemática de carácter
social y económico. La Venezuela de la década del 60 se encuentra a sí misma
como una sociedad cargada de tremendos problemas socioeconómicos que afectan a
la mayoría de la población en una forma específica, pero es también la
Venezuela que marcha tras el espejismo liberal, para la cual no existe, por
definición, contraste entre libertad y hambre. Están planteados de esta manera
los términos en que se habrán de debatir todas las cuestiones: realización del
orden liberal como objetivo sociopolítico y satisfacción de ingentes
necesidades sociales como objetivo socioeconómico”. (“Tardía
institucionalización del Estado liberal democrático en el marco del desarrollo
dependiente de la implantación (1958-1974)”. Una nación llamada
Venezuela. (Proceso sociohistórico de Venezuela, 1810-1974).
Caracas, Ediciones de la Dirección de Cultura de la Universidad Central
de Venezuela, 1980. 2ª edición, Monte Ávila Editores, 1988. 3ª
edición, Monte Ávila Editores, 1988. 4ª edición,
Monte Ávila Editores, 1991. 5ª edición, Monte Ávila, 1997. 1ª reimpresión,
Monte Ávila Editores, 2006).
Pero
antes de proseguir en este intento, permítanme recordar algo. Entrando el año
2000 advertí a mis compatriotas sobre el advenimiento de un régimen militar que
denominé bolivariano-militarista, convertido en esperanza salvacionista por la
que luego caractericé como una severa indigestión de la Democracia.
(Véase: El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo.
Caracas, Editorial Ala de cuervo, 2005. 2ª edición, Alfa Editorial, 2011.
Editado originalmente, como base de un seminario de graduados, con el título
de Alternativas ideológicas en América Latina Contemporánea (El caso de
Venezuela: el bolivarianismo-militarismo). University of Florida, Center
for Latin American Studies. Bacardi Family Chair for Eminent Scholars,
Gainesville, Florida, Estados Unidos de América, 2001).
Fundado
en estos criterios, extraídos de lo histórico, propongo el siguiente balance de
la República liberal democrática, en lo concerniente tanto a la formación del
Poder público, como al ejercicio y a la finalidad del mismo:
1.-
Contribuyó de manera determinante a substituir la antinomia DICTADURA vs.
LIBERTAD por el complejo conceptual DEMOCRACIA vs DICTADURA = LIBERTAD.
2.- Ha
sido clave en la inauguración y el establecimiento del Poder civil:
interrumpiendo el predominio del Poder militar en 1945-1948; orientando su
plena instauración, actualizada, a partir de 1959; y motivando hoy la lucha por
el restablecimiento del Poder civil.
3.- Se
inauguró la instauración, en Venezuela, del régimen sociopolítico democrático
moderno, al rescatar y poner en vigencia plena el principio de Soberanía
popular. Primero inaugurándolo, en 1945-1948; y luego al orientar su
institucionalización, actualizada, a partir de 1958-1959 (Pacto de Punto
Fijo, Programa mínimo de Gobierno y Gobierno de coalición.
4.- Se
impulsó y patrocino la más significativa operación de inclusión social:
reconoció sus derechos políticos a la mujer; promovió el rescate de la
población rural –ampliamente mayoritaria–, mediante la Reforma agraria
integral; hizo ciudadanos plenos a los analfabetos; fomentó la educación,
moderna y democrática, en todos sus niveles; combatió el paludismo –hasta
erradicarlo–, y otras endemias; desarrolló el sistema asistencial, y también la
que Rómulo Betancourt denominó el hambre ancestral de los venezolanos, etc.
5.- Se
puso por obra el inicio del desarrollo de una economía orientada a coadyuvar en
la consolidación y el perfeccionamiento de la Independencia Nacional, y a
sentar las bases sociopolíticas de la Democracia (CVF y OPEP). Y el de la
denominada Doctrina Betancourt, en lo concerniente a la consolidación y
preservación del régimen sociopolítico democrático en el continente, enfrentando
a las dictaduras militares y previniendo acerca del riesgo que para ese régimen
llegaría representar la entonces denominada revolución cubana.
6.-
Mediante la reformulación, modernizadora y democratizadora de los procesos de
formación, ejercicio y finalidad del Poder público, acercó la sociedad
venezolana, modernizándola, a ser la genuina República popular representativa,
que constituimos en la Villa del Rosario de Cúcuta, en 1821.
7.- Se
ilustró la teoría, y se le puso en práctica, de la Revolución Democrática
Evolutiva, formulada por Rómulo Betancourt. Hoy vigente, encaminada a que los
venezolanos nos rescatemos plenamente del secular atraso sociopolítico vestigio
de nuestra monarquía originaria. Atraso inventariado, si bien entonces con propósitos
continuistas de la postrer etapa de la República liberal autocrática, en el
denominado Programa de Febrero.
8.- Se
promovió la estructuración de una sociedad de ciudadanos, practicando la
concepción pedagógica de la política; y promoviendo la formación de partidos
políticos modernos y el desarrollo del movimiento sindical organizado.
9.- Se
estructuró el primer partido político moderno en Venezuela contemporánea;
concebido y diseñado desechando la predicada fórmula clasista, como un partido
del pueblo para el pueblo, de alcance nacional; y se propició el control
pluripartidista, como garantía del libre ejercicio de la rescatada
Soberanía popular.
10.- Se
demostró, por primera vez, que en Venezuela si se puede gobernar sin robar ni
pretender perpetuarse en el Poder; predicando y practicando la responsabilidad
civil y administrativa y acatando el principio de la alternabilidad
republicana.
11.- Se
echaron las bases para la maduración y consolidación de la Nación, mediante el
inicio de la superación, cual factor determinante, de la distancia como
expresión sintética de la muy escasa capacidad de la sociedad, así parcelada
regionalmente, sobre el medio físico. Situación propiciatoria de los localismos
y regionalismo; e impedimenta del nacimiento del mercado nacional. A este fin
tendió el Plan Nacional de vialidad, formulado y adelantado a partir de
1948.
12.- En
lo concerniente a su desenvolvimiento en el escenario internacional, además de
la formulación y promoción de un nuevo mercado internacional del petróleo, y de
mejores términos de intercambio con las economías desarrolladas, la República
liberal Democrática de Venezuela sobresalió en las tareas de la descolonización
y en la promoción de la cooperación en el seno de la OEA y de la ONU.
13.- Se
formuló y practicó la responsabilidad ética inherente al ejercicio del Poder
público; entendida como guarda del destino de la conformación democrática de la
sociedad, asumida a plenitud. Postura ilustrada, de manera sobresaliente, por
la conducta de Rómulo Betancourt objeto de atentado y hostigado por la campaña
del RR. Al igual que lo fue por la entereza demostrada por Carlos Andrés Pérez
ante La confabulación de los notables, luego del atentado intentado en el 4 de
febrero de 1992, y durante el seudo judicial asesinato político de que
fue víctima.
Conclusión:
La virtud
de la República liberal democrática se advierte en la vigencia de sus
adelantados aportes de carácter sociopolítico y socioeconómicos; vigencia
resultante de su correspondencia con los requerimientos del desarrollo
democratizador de nuestra sociedad. Los regímenes adversos a esos aportes, dada
su vocación retrógrada o por ser ajenos a esa realidad, los han adulterado,
desvirtuado, corrompido…; pero aun se hallan tramando la manera eficaz de
abolirlos, o al menos de desprestigiarlos en la conciencia social. Como sí lo
han hecho con las inigualadas realizaciones materiales, (Sistema
hidroenergético del Guri, Pequiven, Pdvsa, red infraestructural y de
comunicaciones, INCE, etc.). Debe ser esta imposibilidad la que ha movido y
mueve los intentos de secuestrar de nuevo la Soberanía popular, ahora mediante
la supresión de la República misma; propósito ya hoy evidente incluso para
muchos de los escépticos de hace todavía pocos días. (Al respecto puede verse
mi obra titulada En defensa de la República. Caracas, Libros de El
Nacional. Prólogo de Simón Alberto Consalvi. 2013).
El más significativo y fecundo
aporte de la República liberal democrática es, sin embargo de todo lo
antedicho, la decidida y estimulante incorporación de la mujer al ejercicio
sociopolítico de la Democracia, hoy mismo representada de manera ejemplar por
la lúcida determinación de la que está dando pruebas María Corina Machado.
Vía El Nacional
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