Gustavo Coronel
Visiblemente
descompuesto Nicolás Maduro acaba de cometer un error gravísimo. Al
hablar sobre las sanciones que el Congreso estadounidense aprobó en
contra de miembros de la pandilla chavista ha dicho: “Tienen
un asesino que está preso por la justicia venezolana, y los Estados
Unidos cree que sancionando a Venezuela vamos a soltar al asesino, aquí
no hay forma imperialista de los Estados Unidos, aquí no hay forma que
ustedes puedan presionarnos para nada, porque Venezuela es un país
libre, gracias a Dios y gracias a nuestro comandante Chávez”.
Se
ha referido a “un asesino” que “ellos”, los Estados Unidos, tendrían
preso en Venezuela. Se trata de nuestro compatriota Leopoldo López,
preso injustamente, sometido a torturas por los pandilleros del régimen,
entre quienes están algunos de los mencionados como sancionados por el
Congreso estadounidense. Al llamarlo “asesino” públicamente, el forajido
Maduro está interfiriendo con lo que ellos mismos llaman “justicia”
venezolana, en relación con un juicio que ellos mismos están llevando a
cabo (cuando y como les da la gana) contra Leopoldo López. Este
calificativo en boca de quien funge actualmente como presidente de la
república vicia aún más el juicio en contra de nuestro compatriota. El
mundo entero se está pronunciando en contra de la prisión absurda de
Leopoldo López. Y el forajido Maduro se limita a insultarlo, dándole una
patada por el fundillo a su mismo sistema judicial.
Maduro
debe saber que las sanciones no pueden calificarse de anti-Venezolanas.
Se trata de sanciones en contra de bandidos que tienen la nacionalidad
venezolana, violadores de derechos humanos unos, narcotraficante otros,
corruptos todos en uno u otro sentido. Estas sanciones son un motivo de
alegría para los venezolanos decentes, no nos sentimos aludidos en lo
más mínimo. Toda esa retórica patriotera de Maduro sobre ser “hijos de
Bolívar y de Chávez” es cursi y está fuera de lugar.
El
régimen de Maduro está derrumbándose. Execrado por las democracias
occidentales, aliado de Corea del Norte, Cuba y otros regímenes
forajidos, el más corrupto de América Latina, al borde de la quiebra
financiera, el régimen chavista de Maduro es la vergüenza de América,
apenas apoyado, ya con cierto desgano, por sus compinches del ALBA.
Alrededor
de Maduro se ha construido un gran cordón sanitario, el mundo
civilizado está en su contra. Está oculto, balbuceando amenazas vacías,
en la misma cueva oscura y maloliente de los terroristas y
narcotraficantes del mundo.
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