Leandro Area Pereira
Aquí en Venezuela como en cualquier rincón del
mundo, hemos visto como la mentira, la hipocresía y la manipulación son monedas
de curso “legal” en la política, aunque ésta no es sólo eso, tiene también una
cara virtuosa.
En este campo, ciertamente, el “todo se vale”
se ha vuelto el emblema. Izquierdas, derechas y centros, a menudo, actúan
igual, nadie se salva de conductas malsanas y desviaciones morales. Somos seres
humanos, por tanto, imperfectos; para los gestos más sublimes o las peores
bajezas estamos hechos.
Ególatras o humildes, vanidosos o modestos,
soberbios o generosos, ambiciosos o sacrificados, megalómanos o sencillos, mitómanos
o racionales, sensatos o descabellados, consistentes o contradictorios,
carismáticos o sosos, directos o guabinosos, intelectuales o
incultos, competentes o ineptos, estudiosos o perezosos, especialistas o toderos,
eficaces o inútiles, sabihondos o ignorantes, picos de plata o
parcos, eruditos o iletrados, improvisados o experimentados, delincuentes u
honestos, arribistas o moderados, cuerdos o sociópatas, veraces o embusteros,
cínicos o decentes, inteligentes o brutos, torpes o finos, de todo hay en
la viña política del señor.
Allí, sin duda, están presentes la zancadilla, la
artimaña, la trampa, el engaño, la envidia, la confabulación y la intriga,
aunque no es solo eso.
Ese oficio o vocación tiene también su lado noble y
positivo. Es entrega al bien colectivo, es lucha por la libertad, la
democracia, la justicia y la paz. Es perseguir junto a otros la prosperidad
para el mayor número de conciudadanos. Es, igualmente, la búsqueda de la
eficacia en la solución de los asuntos que conciernen a la polis, incluso más
allá de las llamadas fronteras patrias. Allí, hay solidaridad, compañerismo,
humanidad, sensatez, generosidad, honor, brillo intelectual, utopías,
imaginación, entrega, coraje, bondad y grandeza.
Entre ambos extremos de la política, y a pesar de
los pesares, el ser humano en su vida en sociedad ha ido avanzando,
retrocediendo y volviendo a avanzar.
Es por ello que los contrapesos han sido cruciales
en toda dinámica política. Ésa es precisamente la función de la separación de
los poderes públicos de la que nos habló Montesquieu, de las instituciones que
se controlan mutuamente, de la existencia de los partidos políticos
competidores, del toma y daca de gobierno y oposición, de las opiniones
contradictorias y divergentes en todo debate democrático, de los variopintos
medios que canalizan los distintos pareceres en libertad.
Esa es la política, con sus luces, tinieblas y
claroscuros. Y en ella la escogencia, como diría el maestro Aron, no es
entre lo bueno y lo malo, sino entre lo
preferible y lo detestable.
Es en ese entorno que tiene sus posibilidades de
desarrollo y profundización la imperfecta democracia, con su congénita
fragilidad y su siempre insatisfactoria performance.
Sabemos que nunca se estará conforme con ella, con
sus métodos para alcanzar los consensos y los acuerdos, con las negociaciones
engorrosas y tediosas que deben hacerse entre las fuerzas en pugna y los
intereses envueltos. Siempre habrá quien la critique, cuestione o combata,
principalmente, los impacientes, maniqueos, intolerantes y binarios; los que no
se sienten cómodos con los debates a veces interminables, fastidiosos e
inciertos, pero siempre necesarios. Son los que buscan imponer su opinión sin
mayores deliberaciones y contrastes de razonamientos, los que no admiten más
que la unanimidad en torno a ellos, en fin, los autoritarios, los que prefieren
la rapidez con que los tiranos toman las decisiones, y menosprecian la lentitud
de las discusiones democráticas. Los que exaltan al cuatriboleado y
su arrojo, y desprecian al sosegado, reflexivo y racional.
El universo de la política y de los partidos es así
de complejo, dudoso, fortuito, impreciso. Pocos la entienden o están
conscientes de que es así. Por eso la repudian hasta con asco, aunque muchos de
los que reaccionan de esa manera frente a la política, en sus vidas personales
o en sus oficios, actúan de igual o peor manera que los políticos que
critican.
Hay políticos y políticos, de lo cual no tiene
culpa la Política, escrita, así, con mayúscula.
La libertad y la democracia en Venezuela están en
niveles muy bajos. Aun hay espacios -cada día más estrechos- en donde podemos
manifestarnos libremente y hacer política. Pero seguimos agobiados por un
gobierno cuya enseña es la mentira, la más burda. No tiene honor ni vergüenza.
Su cinismo es ilimitado. Ése es su estilo de hacer “política”.
En el día a día vemos su talante despótico,
arbitrario y un irrespeto por las formas civilizadas. Su conducta natural es la
persecución feroz contra políticos de oposición, a quienes fragua delitos y
encarcela, utilizando una administración de justicia que da vergüenza y
repugna.
Ésta es la clase de política antidemocrática que
saben hacer los desalmados que mandan en nuestro país.
A los demócratas no queda otra salida que combatir
esa barbarie y devolver al país sus espacios de libertad y democracia, en donde
la política que se practique sea civilizada, dialogante y respetuosa de los
derechos fundamentales.
Vía
Que Pasa Margarita
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