Solo fue
un tweet, pero en esta época alcanza con ello. “UNASURestará en las próximas elecciones
en Venezuela y espera q organismos
internacionales como la OEA y UE cumplan su tárea”. Así se lee en@ernestosamperp con fecha 8 de junio. Es la
cuenta de Ernesto Samper, Secretario General de Unasur y expresidente de
Colombia. La cita es textual hasta en el error de ortografía. “Tarea” no es una
palabra esdrújula, es grave. Al finalizar en vocal no lleva tilde.
El
comentario es sugestivo en tanto Unasur ha sido siempre funcional a los
objetivos del gobierno de Venezuela. Nadie olvida su función durante el
“diálogo” de abril de 2014, con comillas. Estaban allí para mediar entre las
partes, aunque en realidad para ser instrumento del gobierno. Arribaron con
gran fanfarria, pero partieron en silencio. Nadie notó su ausencia porque el
diálogo había terminado antes de comenzar. Solo tuvo el propósito de vaciar las
calles. Unasur colaboró en la tarea, palabra grave, en más de un sentido, sin
tilde.
No
obstante, el tweet es revelador por venir de alguien demasiado dependiente de
los recursos del chavismo; alguien que, cartel de Cali y
DEA mediante, flota gracias al salvavidas bolivariano. Hay al menos dos
opciones. La primera es que sea una trampa, como en otras oportunidades, y que
al final del día haya fraude, también como en otras oportunidades. El fraude
electoral de estos tiempos es sutil, no ocurre al momento del escrutinio sino
que mucho antes. Ya no se trata de observar la elección, si el fraude ocurre en
la conformación de la autoridad electoral, parcial, de los padrones,
selectivos, y en el acceso a los medios durante la campaña, asimétrico. No
sería ilógico, desde el punto de vista del gobierno, invitar a los observadores
internacionales para legitimar una elección bastante decidida de antemano.
Sin
embargo, la propuesta de Samper ya recibió el apoyo de la
OEA y la Unión Europea, y debe tenerse en cuenta que el costo del engaño crece
proporcionalmente con el número y la importancia de quienes son engañados. Es
que la segunda opción bien podría ser que Samper esté adelantándose a los
cambios, posicionándose para capitalizar un nuevo equilibrio de fuerzas, es
decir, diversificando el riesgo de su propio portfolio. Samper bien podría
tener pasta de buen timonel, esos que suben la vela adecuada al primer signo
que el viento está por cambiar. Hay que navegar con su idea.
Es que el
viento está cambiando. Primero fueron Andrés Pastrana y Tuto Quiroga, con su
viaje a Caracas y sus múltiples columnas de opinión en la prensa internacional.
Luego fueron las propias esposas de los alcaldes López y
Ceballos, Lilian Tintori y Patricia Ceballos, en una sentida carta abierta
pidiendo por sus maridos en huelga de hambre. En el camino Maduro dejó plantado
al Papa, una mala decisión, y al mismo tiempo Aécio Neves anunció su viaje a
Caracas, una mala noticia para el gobierno. Se trata de Brasil y de quien
podría ser su próximo presidente.
Más tarde
fue el viaje de Felipe González, menos exitoso de lo esperable,
en tanto simplemente acató la prohibición de visitar Ramo Verde, habiendo
podido presentarse en la puerta con la prensa tal como lo habían hecho antes
Pastrana y Quiroga. No obstante, sus conversaciones con toda la oposición han
servido para limar las asperezas creadas en ocasión de la manifestación del 30
de mayo, cuando la MUD rechazo el llamado de Leopoldo López por inconsulto.
Para
rematar las malas noticias para Maduro, también se pronunció el mismísimo
Desmond Tutu en una columna: “Liberen a los presos de conciencia de Venezuela”.
Que el gesto de Leopoldo López al entregarse voluntariamente había tenido
rasgos mandelianos, ya lo sabíamos. Que el propio Desmond Tutu
trace el paralelo, lo hace oficial.
Invocar
al Apartheid
sudafricano no podría ser más pertinente. Es que, quizás
como aquella, Venezuela es una sociedad atormentada, insomne. La muerte
sobrevuela las cabezas de aquellos en su propia huelga de hambre, como si la
autoflagelación fuera el precio justo a pagar. Uno queda sin saber muy bien
cuál es la deuda. Tal vez el no haberse dado cuenta que el Punto Fijo era mejor
que esto, y eso que era terrible. Tal vez el haber cometido el pecado de la
impaciencia, crédulos de aquel Coronel de palabra fácil y sonrisa envolvente.
Este desastre no habría ocurrido con “él”, dicen muchos. Algunos lo dicen solo
por estrategia. Para otros es un pensamiento honesto pero mágico, tal vez la
ceguera que causa el tormento.
Las grietas
que comienzan a abrirse pueden ser una oportunidad para salir de la parálisis.
Nada está resuelto ni mucho menos. Las transiciones son duras, a veces largas,
inevitablemente zigzagueantes. Habrá que creerle a Samper, incluso a sabiendas que puede
ser un engaño para que otro fraude electoral vuelva a perpetuarlos, valga la
redundancia. Es un riesgo que hay que tomar. En el camino quizás haya una fecha
y tal vez haya elecciones. Incluso con el engaño, un nuevo equilibrio político
podrá amanecer.
No habrá
certeza alguna, la política es siempre indeterminada. Un nuevo equilibrio anula
el anterior, las incertidumbres lo son para todos por igual. Una grieta es una
oportunidad: se puede profundizar, ensanchar, multiplicar. En el proceso, se
irá resquebrajando el edificio entero; son las termitas de la democracia. Por
lenta e incierta que sea, la transición estará en camino.
Vía El País. España
Que pasa Margarita
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